02 junio 2002

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¿Cómo son los bogotanos?

El Observatorio de Cultura Urbana del Instituto Distrital de Cultura y Turismo puso en marcha el diseño y aplicación de un sistema de medición de la cultura ciudadana en Bogotá. Lea el análisis de los resultados y consulte la encuesta.

Entre septiembre de 2001 y abril de 2002, el Observatorio de Cultura Urbana del Instituto Distrital de Cultura y Turismo puso en marcha el diseño y aplicación de un sistema de medición de la cultura ciudadana en Bogotá. El propósito era conocer el estado real de la situación en los distintos aspecto
s de la cultura, entendida en sentido amplio, con el fin de contar con una base cuantitativa para definir las metas en materia de cultura ciudadana. Es la primera vez que se lleva a cabo en la capital un tipo de análisis de este género concebido expresamente para orientar una política de la administración.

El sistema de medición gira en torno a tres temas fundamentales: el acatamiento de las normas básicas de convivencia, la cultura tributaria y la cultura democrática. En términos metodológicos, el sistema consta de cuatro instrumentos básicos: una encuesta aplicada a adultos de los seis estratos socioeconómicos, una encuesta aplicada a estudiantes de los grados 9, 10 y 11, conteos realizados sobre el terreno, para establecer el acatamiento de las principales normas de tránsito, y datos secundarios provenientes de las diversas entidades de la administración distrital. Las dos encuestas mencionadas son ampliamente representativas, si se tiene en cuenta que la primera se aplicó a una muestra de más de 3.000 ciudadanos y la segunda a más de 4.000 estudiantes.

En una aproximación general, la encuesta muestra que se han logrado avances importantes en materia de cultura ciudadana. Puede afirmarse que los bogotanos son mejores de lo que ellos mismos creen. Desde luego, hay varios aspectos en los cuales es posible mejorar.

Las normas que más recuerdan los ciudadanos son las relativas a tránsito vehicular y peatonal, en particular el uso de las cebras y los puentes peatonales, así como el respeto a los semáforos. Por contraste, otras normas básicas, como la de usar el cinturón de seguridad en los vehículos, no conducir embriagado, respetar las zonas públicas en las urbanizaciones, tramitar licencias para construcción y para efectuar cambios de uso del suelo, tienen escasa recordación.

La gran mayoría de los conductores (95,5 por ciento) respetan el semáforo en rojo, al menos durante el día. Por otra parte, aunque la mayoría de los peatones usan los puentes para cruzar la calle, esta norma aún no se ha convertido en hábito de todos ellos. Cerca de un establecimiento educativo la proporción de infractores contabilizada fue del 65,57 por ciento.

Pese a lo que suele creerse, entre la ciudadanía predominan las actitudes de respeto a la ley. Las únicas circunstancias en las cuales una alta proporción de la ciudadanía justificaría desobedecer la ley son: "Cuando es la única manera de salvar la propia vida" (80,6 por ciento) y "Cuando es la única manera de luchar públicamente contra una ley injusta" (60,8 por ciento).

Paradójicamente, aunque la mayoría se consideran buenos ciudadanos, predomina una percepción negativa o escéptica acerca del comportamiento y las actitudes de los demás, percepción que sin duda afecta la confianza entre los ciudadanos.

No obstante la reducción del número de muertes violentas y de algunos delitos, la ciudad sigue siendo percibida por la gran mayoría de los ciudadanos (73 por ciento) como insegura o muy insegura. Entre las razones mencionadas como causa de la inseguridad sobresale por amplio margen la delincuencia común, seguida por el desempleo. Al parecer, esta percepción negativa obedece en gran parte a la propia experiencia de los ciudadanos, ya sea por haber sido víctima de algún hecho violento o por haberlo presenciado.

Entre los comportamientos más importantes para la convivencia, la ciudadanía enfatiza sobre todo el respeto y la solidaridad con los vecinos. Sin embargo, al indagar el grado de aceptación frente a diversos tipos de vecinos, se observan actitudes fuertes de intolerancia, especialmente frente a drogadictos, paramilitares, guerrilleros, alcohólicos, narcotraficantes, corruptos, prostitutas, indigentes, homosexuales y personas con antecedentes penales. En cambio, es muy baja la proporción de ciudadanos que no quisiera tener como vecinos a personas de región, raza, nacionalidad o religión distinta a la propia.

Cultura tributaria

Contrario a lo que suele creerse, la mayoría de los contribuyentes pagan oportunamente sus impuestos. Sorprende, sin embargo, que la mayor proporción de pagos por fuera del calendario tributario sea en el impuesto de industria y comercio. Según parece, el predominio del pago oportuno obedece no sólo al conocimiento que la ciudadanía tiene de los impuestos distritales sino a que el pago de los mismos es considerado como un deber ciudadano.

Pero en el pago de impuestos también inciden motivaciones de carácter tanto individual como social. En efecto, la encuesta revela que la mayoría de los ciudadanos están dispuestos a pagar los impuestos que le corresponden por dos razones: "Sentirse con el derecho a exigir y reclamar" y "para que todos los bogotanos tengan acceso a los servicios públicos".

En materia de cultura tributaria, sorprenden ciertas percepciones de la ciudadanía que contradicen creencias comunes: la mayoría considera que la administración invierte el dinero de la ciudad en obras y servicios y tan sólo el 20,3 por ciento de los ciudadanos consideran que se lo roban.

Cultura democrática

En términos generales, la ciudadanía concibe la democracia como el gobierno de la mayoría en beneficio de la mayoría. Sin embargo, los datos arrojados por la encuesta revelan que nuestra cultura democrática es aún bastante frágil. En efecto, creencias tales como "la única manera de acceder a un cargo público es la palanca" y la "única posibilidad de influir en las políticas distritales es siendo amigo de un concejal", son compartidas por una proporción considerable de ciudadanos, quienes a su vez expresan bastante desconfianza en los procedimientos democráticos. Esta desconfianza también se pone de manifiesto en la percepción según la cual "la gente no participa en los asuntos públicos porque no obtiene nada". De estos prejuicios se salvan en parte las juntas de acción comunal y los encuentros ciudadanos, pues además de ser las instancias de participación más conocidas, son consideradas por la mayoría como los principales canales para influir en las políticas de la ciudad.

En materia de organización social y política, las debilidades son aún más notorias. En efecto, el único tipo de organización a la que dice pertenecer más de la mitad de los ciudadanos son de carácter religioso. A juzgar por los datos de la encuesta, las organizaciones seculares con mayor proporción de afiliados o miembros son, en su orden, los clubes deportivos o sociales, las asociaciones educativas, las juntas de acción comunal y los comités de seguridad o vigilancia. No obstante, la proporción de ciudadanos que dice pertenecer a alguna de estas organizaciones no supera el 13,3 por ciento. Pero es aún más preocupante que la pertenencia a organizaciones propias de la sociedad moderna como son los sindicatos, los partidos y las asociaciones profesionales, sea inferior al 7 por ciento de la población mayor de edad. Así pues, en materia de capital social y cultura política todo indica que Bogotá está aún lejos de tener una sociedad civil organizada y una democracia sólida y moderna.

Pese a los avances constitucionales y legales en lo que respecta a la participación ciudadana y a que la tercera parte de las personas mayores de edad conocen al menos uno de los mecanismos de participación existentes en la ciudad, su utilización efectiva es relativamente baja. Curiosamente y quizá por haber sido una experiencia bastante reciente, son los "Encuentros ciudadanos" el mecanismo de participación más conocido y el segundo más utilizado por los bogotanos, después de los gobiernos escolares.

No obstante los avances formales y reales en materia de igualdad de derechos, aún persiste en una proporción no desdeñable de ciudadanos una visión asimétrica de los derechos propios y ajenos. Por ejemplo, un 33,7 por ciento de ciudadanos piensa que hay personas que nacieron para mandar y otras para obedecer y que esto no puede cambiarse. Aunque en menor proporción, pero con implicaciones más graves, un 16,4 por ciento expresa estar en desacuerdo con la expresión "uno no debe atentar contra la vida de su peor enemigo".

La Cultura ciudadana en Bogotá. Resultados de la primera encuesta de la medición (Observatorio de Cultura Urbana)
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