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| 12/11/2010 12:00:00 AM

Cómo Colombia puede reinventarse a partir de la crisis

Detrás de la tragedia invernal, que ha dejado millones de damnificados y va a costar más de cinco billones de pesos, se abre una gran posibilidad para reconstruir el país.

Colombia está viviendo una de las peores tragedias naturales de su historia. La ola invernal ha dejado cerca de dos millones de damnificados, 230 muertos, 103 desaparecidos y 374.000 hogares afectados. Ya van 276.000 viviendas entre averiadas y destruidas, más de 220.000 hectáreas de cultivos están bajo el agua y 40.000 reses han muerto, mientras que dos millones han tenido que ser desplazadas a partes altas. Tres importantes distritos de riego están seriamente afectados y 186 vías nacionales impactadas, de las cuales 45 están cerradas totalmente. De los 32 departamentos, 28 tienen alguna afectación en un total de 265 municipios.

Las cifras son realmente dramáticas y muestran en toda su magnitud la tragedia que conmueve al país y al mundo entero. Pero más allá de este dramático episodio, lo que pocos saben es que la emergencia está abriendo una oportunidad única para reconstruir el país. El plan de emergencia que ha diseñado el gobierno del presidente Juan Manuel Santos puede convertirse en el punto de partida para que Colombia dé un gran salto hacia el progreso.

Este tipo de episodios lamentables han sido, a lo largo de la historia reciente, el punto de partida de grandes proyectos. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, que destruyó a Europa, el Plan Marshall impulsado por Estados Unidos permitió reconstruir los países afectados. En las dos décadas siguientes, la economía de todos, con excepción de la República Federal de Alemania, superó los niveles anteriores a la guerra, y Europa Occidental alcanzó un crecimiento y una prosperidad sin precedentes.

Igualmente ocurrió tras la crisis de la Bolsa de Nueva York en 1929, que dio inicio a una larga y profunda depresión que dejó cerca de 30 millones de desempleados. El presidente Franklin Delano Roosevelt puso en marcha el llamado New Deal, para reactivar la economía. Como resultado de todas las medidas que se tomaron, la actividad económica se recuperó.

Un ejemplo más cercano lo tiene Colombia con el terremoto del Eje Cafetero en 1999, que dejó 1.185 muertos, más de 550.000 damnificados y 100.000 inmuebles afectados. El gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana puso en marcha un modelo de reconstrucción que en un tiempo récord de tres años generó las bases para reemprender el desarrollo en la región.

Pues bien, Colombia ahora tiene nuevamente la oportunidad de hacer de esta crisis una ventana de oportunidad para dar un cambio y corregir muchos errores del pasado. El presidente Juan Manuel Santos sabe que tiene ese enorme reto entre sus manos, y por ello el plan que se ha diseñado para atender la emergencia busca ir más allá de mitigar el impacto del invierno y aliviar a los damnificados.

Todo el equipo del gobierno está trabajando en función de la emergencia. Según el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, la orden del presidente Santos es darles prioridad a los damnificados de la tragedia y planear la rehabilitación y reconstrucción del país. Esto significa que todos los funcionarios en todas las dependencias del Estado estarán concentrados de tiempo completo en recuperar el país.

El plan es una combinación de distintas acciones y está dividido en tres fases: la tarea humanitaria, las acciones de rehabilitación y, finalmente, la reconstrucción. Las dos primeras etapas están enfocadas en darles alimentación, atención de salud y techo a los cerca de dos millones de damnificados repartidos a lo largo y ancho del país y en poner en funcionamiento la infraestructura, como carreteras y puentes que se averiaron, que están impidiendo la movilización y en algunas zonas están ahondando la tragedia.

En la fase humanitaria se calcula que se requerirán 200.000 millones de pesos mensuales para mercados, reubicación y traslado de personas, alquiler de viviendas, compras de plásticos y techos de propileno y brigadas de salud, entre otros.

En cuanto a las acciones de rehabilitación, son ciertamente complejas por la magnitud de los daños, especialmente en el sector de la infraestructura. En esta fase, la prioridad es despejar vías que están afectadas por deslizamiento de tierras y dar paso, así sea parcial, para movilizar maquinarias y permitir el tránsito de camiones que van hacia los puertos. En este momento se trabaja en reparar algunos puentes, como el de Cuatro Bocas, en el Cesar, que fue destruido por la fuerza del agua. El paso por esta vía que conduce al centro del país lleva más de 20 días interrumpido.

Otra gran prioridad es taponar el boquete de 220 metros que dejó el rompimiento del Canal del Dique, en el sur del Atlántico. Por este hueco están pasando 1.400 metros cúbicos de agua, un caudal que supera el del río Cauca y que está empeorando las ya gravísimas condiciones de la región por las inundaciones provocadas por las aguas del río Magdalena. En este momento, el Ministerio de Transporte está coordinando labores para cerrar la brecha. El gobierno pedirá ayuda al gobierno de Estados Unidos para que facilite equipos que permitan acelerar las labores.

El ministro de Transporte, Germán Cardona, calcula que en esta etapa de atención de la red primaria nacional, para ponerla en orden y en funcionamiento, se requerirán 200.000 millones de pesos.

En materia de casas también hay prioridades. La ministra de Vivienda, Beatriz Uribe, estima que se necesitan con urgencia, para reubicar hogares, 55.000 soluciones urbanas. Esto demandará inversiones por 1,5 billones de pesos, recursos que saldrán, en parte, de lo que esta cartera tenía presupuestado para el próximo año. También se están atendiendo daños en acueductos y alcantarillados.

Si en algún sector la ola invernal ha dejado desastres y hay urgencias que atender es en el agropecuario. Se calcula que se han dejado de producir más de 400.000 toneladas de alimentos. Gran parte de la infraestructura agropecuaria se ha afectado, entre ella tres importantes distritos de riego localizados en Norte de Santander, Valle del Cauca y el sur del Atlántico. Varias carreteras veredales que van a las fincas productoras se encuentran bloqueadas, lo que impide sacar la producción.

Los ganaderos no la pasan mejor. Un millón de hectáreas donde pastaban animales se perdieron del todo y hay otros tres millones con algún grado de inundación. El presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, estima que por lo menos un semestre tardarán los pastos en recuperarse y esto, calcula, costará un billón de pesos.

Así, entre lo que han dejado de recibir los agricultores por daños totales de cultivos, muerte de ganado, baja en la producción de leche (se han perdido unos cuatro millones de litros) y carne y por averías de la infraestructura agropecuaria, las pérdidas se acercan a los dos billones de pesos en este sector.

Para el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, la mayor urgencia en este momento es la atención fitosanitaria. La aparición de plagas es una consecuencia fatal que dejan la humedad y las lluvias. En el caso del café hay una gran angustia por la propagación de la roya, pero también se extienden plagas en el cacao, las flores y otros cultivos.

Aunque el gobierno todavía no ha cuantificado las pérdidas totales dejadas por esta ola invernal, cifras preliminares indican que se necesitarán unos cuatro billones de pesos para atender las dos primeras fases.

Por ahora, el gobierno cuenta con un billón de pesos de recursos que salen del Presupuesto Nacional y de un crédito por 150 millones de dólares del Banco Mundial. Según el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echaverry, están haciendo un barrido por las diversas carteras para pasar a la Tesorería recursos que no alcanzarán a ejecutar, para usarlos. En la medida en que se contabilicen estas sumas se sabrá con mayor certeza con cuánto más dispone el gobierno para atender la emergencia. Lo cierto es que se trata de una suma nada despreciable: es casi un punto del PIB.

Aunque los colombianos han hecho donaciones muy importantes a través de Colombia Humanitaria (ver recuadro), la plata no alcanzará.

Por eso el gobierno, amparado en las facultades que le da el Estado de excepción, estudia tres fuentes de recursos. Crédito externo, básicamente con la banca multilateral: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un préstamo por 350 millones de dólares. Se evalúa vender algunos activos, como el 10 por ciento de Ecopetrol o la parte que tiene el Estado en Isagén, pero nada de esto se ha definido. Y finalmente se contemplan nuevos impuestos: el equipo económico está estudiando con detenimiento cuál vía podría ser la más conveniente en las actuales circunstancias.

Parte de los recursos se necesitan en el corto plazo, pero la verdadera inversión vendrá hacia el mediano y largo plazo, cuando se emprenda la tercera fase, de reconstrucción del país.

De la tragedia a la prosperidad

Sin duda, atender oportunamente a los dos millones de damnificados les impone un gran desafío a la capacidad y la eficiencia del gobierno. Pero donde realmente se la jugará Santos es en la reconstrucción y en la forma como sacará provecho de esta crisis, para el futuro del país.

El propósito del gobierno es que la etapa de reconstrucción se convierta en el punto de partida para hacer cambios profundos y que las acciones que se emprendan sean definitivas para que esto no vuelva a ocurrir.

Por ejemplo, según el Ministro de Transporte, en infraestructura el país no se puede volver a dar el lujo de tener carreteras que se interrumpen año tras año cuando llega la temporada de invierno. "No puede ser que la vía Manizales-Mariquita, o Bucaramanga-Cúcuta, o que la llamada carretera de la Prosperidad, en Magdalena, o la vía Las Palmas, en Medellín, se cierren cada vez que hay un aguacero". Esta es la hora de pensar en grande, dice, de hacer túneles, viaductos y una infraestructura que permita que las mercancías lleguen a los puertos, y no más vías que se abren y se cierran como si fueran un ascensor. Ahora bien, eso cuesta. Según Cardona, en los próximos cuatro años, para emprender algunas de las obras que necesita el país se requerirán unos seis billones de pesos.

Aprovechando esta tragedia, en el marco de la declaratoria de desastre, el gobierno planea tomar una serie de medidas que le permitan acelerar procesos que en el pasado han frenado el desarrollo, como la habilitación de suelos. La ministra de Vivienda y Medio Ambiente, Beatriz Uribe, cree que es necesario facultar al gobierno para adoptar macroproyectos de interés social en los municipios donde se requiera la participación de la Nación para desarrollar grandes obras de vivienda. Para esto hay que agilizar trámites de toda clase, como la propia expropiación de predios.

Uno de los temas claves que por primera vez Colombia atenderá con seriedad es el del medio ambiente. En esta época de invierno ha quedado al descubierto el maltrato a la naturaleza. En la zona bananera del Magdalena, la deforestación pasó factura de cobro. La erosión y la sedimentación de los ríos que recorren la zona interrumpieron el curso natural de los caudales que van hacia el mar, y con las estrepitosas lluvias que han caído, se inundó todo.

En materia ambiental, en donde hay una gran preocupación, todos los ministros coinciden en que habrá que dar un gran debate sobre el papel de las Corporaciones Autónomas Regionales, que se crearon hace 20 años pero que con esta ola invernal han mostrado que no han sido eficientes en su labor y muchos incluso las culpan del desastre que está viviendo el país.

Igualmente, Colombia está en mora de hacer cumplir las normas que prohíben los asentamientos humanos y la construcción de viviendas en zonas de alto riesgo, pues tragedias como la ocurrida en el municipio de Bello, que dejó más de 100 muertos, no deberían repetirse.

Vista la dimensión del drama y los recursos que se necesitarán para recuperar lo perdido, surge la gran preocupación por el impacto que tendrá sobre la economía y las expectativas de crecimiento que tenía el país.

Sin embargo, parece irónico, pero el efecto podría ser contrario. Dada la cantidad de obras que hay que emprender, esta recuperación podría convertirse en otra locomotora que mueva la economía el próximo año. El gasto público y privado que habrá que realizar impulsará muchas actividades económicas, incluida la generación de empleo.

Para muchos expertos no hay duda de que esta tragedia golpeará al sector agropecuario, pero eso no cambiará los pronósticos de crecimiento para el año entrante. Ese sector ha venido creciendo muy poco en los últimos siete y ocho años y pesa cada vez menos en el PIB total. Los analistas piensan que golpeará transitoriamente los precios de los alimentos durante unos meses, pero la inflación terminará 2011 en niveles alrededor del 3 por ciento.

Lo que sí es definitivo es que el gobierno no se puede equivocar, pero tampoco se podrá tomar demasiado tiempo para poner en marcha las obras. El país le ha dado un voto de confianza al presidente Santos, quien alcanza una popularidad del 90 por ciento, pero con cerca de dos millones de personas esperando techo, comida y en muchos casos ser reubicados, la confianza se puede perder fácilmente si no llega pronto la atención del Estado, y de manera eficiente. No hay que olvidar que, aunque en algunas zonas del país ha disminuido la intensidad de las lluvias, el fenómeno de La Niña irá hasta mayo de 2011. Esto significa que en el centro del país coincidirá con la temporada de lluvias, y, como dice Ricardo Lozano, director del Ideam, no se pueden descartar eventos de inundaciones en abril, como los que se presentaron en noviembre y en los primeros días de diciembre.

Así las cosas, si el gobierno se la juega bien y enfrenta esta emergencia pensando estratégicamente en el futuro, el camino hacia la prosperidad que prometió el presidente Santos no se vería tan lejano.
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