Domingo, 22 de enero de 2017

| 2006/07/29 00:00

Cómo historiador de la vida de Escobar, ¿cree en la versión de Virginia Vallejo?

El periodista y actual secretario de Gobierno de Medellín, Alonso Salazar, le responde a María Isabel Rueda

Como gran criminal, Escobar tenía su lado a una diva, un capellán y un séquito de políticos y funcionarios

M.I.R.: Considero que su libro ‘La parábola de Pablo’, sobre el auge y la caída del capo, es uno de los documentos históricos más serios que se han escrito sobre este episodio de la vida del país. Como historiador, ¿qué opinión le merece la versión de Virginia Vallejo?

A.S.: La declaración de ella es muy cercana a la realidad de los hechos. Su relación con Pablo Escobar fue entrañable por lo menos durante cinco años. Como gran criminal, él tenía a su lado una gran diva, tenía un capellán apoyado por el arzobispo de aquella época que era monseñor Alfonso López Trujillo, y tenía un séquito de políticos y funcionarios de la época que le hacían todos los honores.

M.I.R.: ¿Quién es un padre Lopera que Virginia Vallejo menciona como persona muy cercana a Escobar?

A.S.: Ese es el capellán. Un sacerdote que aún ejerce en la ciudad y que estuvo presente en todas las grandes manifestaciones de Escobar, y a quien curiosamente la Arquidiócesis nunca sancionó.

M.I.R.: Y monseñor López Trujillo, ¿qué tenía que ver con Escobar?

A.S.: Hay documentos publicados sobre sus relaciones con Escobar, como arzobispo de la ciudad. Se hablaba mucho de los regalos que recibía. En los años 80 en Medellín la catequesis parece que no la hubieran hecho los obispos sino los narcotraficantes. Se generalizó esta religiosidad popular fetichista alrededor de la Virgen y las alcancías de varias iglesias se crecieron porque fueron muy generosas las limosnas. Había una actitud totalmente complaciente de la Iglesia y existen casos muy conocidos de sacerdotes que salían a bendecir las motos de los sicarios.

M.I.R.: Virginia Vallejo reabre en su testimonio la vieja tesis sobre la relación de Pablo Escobar con el M-19 en la toma del Palacio de Justicia…

A.S.: El M-19, después de que prácticamente fue liquidado aquí en Antioquia por el MAS (Muerte a Secuestradores) que es el origen del paramilitarismo en Colombia, llegó a unos acuerdos con Escobar, con quien tuvieron una larga connivencia algunos de sus líderes, como Iván Marino Ospina y Rosemberg Pabón. Escobar le brindó apoyo logístico al M-19 para la toma del Palacio de Justicia. Las armas utilizadas fueron traídas de Centroamérica a la Hacienda Nápoles.

M.I.R.: ¿Y el móvil era quemar los archivos de la extradición?

A.S.: No creo mucho en ese móvil. Escobar era un personaje muy extraño, y entre sus características estaba su discurso antioligárquico, antiimperialista, y esa simpatía por la guerrilla. Eso lo diferenciaba de Rodríguez Gacha y de los hermanos Castaño. Él nunca fue enemigo de la guerrilla. En el ánimo de generar desorden nacional le pudo haber parecido importante que el M-19 se tomara el Palacio de Justicia.

M.I.R.: En su libro, que desde luego se publicó mucho antes de este testimonio de Virginia Vallejo, ¿qué dimensión le da a la influencia de Santofimio en el crimen de Galán?
A.S.: Santofimio y Galán empezaron como dos políticos de mucha fuerza a comienzos de los años 80, muy talentosos, de gran capacidad oratoria. Al final de una década se cataliza una confrontación en la que Santofimio no acepta el resultado de la democracia y opta por seguir influye en Escobar para que ejecute a Galán, después de la convención liberal en la que se aprueba la consulta popular. Sectores del país calificaron a Galán como fundamentalista. Era un país laxo en el terreno moral que no alcanzó a percibir lo que Galán estaba profetizando: que por la influencia del narcotráfico se estaban deteriorando las instituciones y corroyendo nuestra cultura.

M.I.R.: Hay quienes ponen en duda esa cercanía de Virginia Vallejo con Escobar… 

A.S.: Ella participaba en los foros contra la extradición. Por su papel público le ayudó a Escobar a difundir sus proyectos sociales. Es un hecho constatado en distintas fuentes que fue su amante. Vivió todas las circunstancias para narrar lo que yo creo que es una versión bastante cercana a lo sucedido.

M.I.R.: ¿Por qué se demoró tanto en publicar su testimonio?

A.S.: Ella argumenta algo muy válido, que es el temor. En esto se enfrentan poderes significativos, pero el silencio no es sólo de parte de ella. Otra mucha gente ha guardado silencio y ojalá lo rompa porque al país le ayudaría a saber qué sucedió en esa década tan truculenta.

M.I.R.: ¿Como qué tipo de gente?

A.S.: Se da, por ejemplo, el caso de periodistas como Juan José Hoyos, que publicó apenas hace un par de años sus crónicas sobre Pablo Escobar. Él fue llamado por la Fiscalía en el caso Santofimio porque fue testigo un fin de semana en la Hacienda Nápoles de la convivencia estrecha y amistosa de Santofimio con Escobar y otros políticos. La hipótesis que el Fiscal le presenta al juez es que Santofimio no tenía una relación episódica con Escobar sino que hacía parte del brazo político de una organización criminal, y constatar toda esa convivencia de una época con bases documentales es uno de los fundamentos de la acusación. Hoyos incluso fue el que tomó esa foto muy famosa en la que están montados Santofimio y Lucena Quevedo y otros políticos en uno de esos juguetes acuáticos que le encantaban a Escobar.

M.I.R.: ¿Usted cree, como dice Virginia Vallejo, que el 60 por ciento de la Asamblea Constituyente estaba con Escobar?

A.S.: Tengo certeza de que un número importante de constituyentes recibió apoyo del narcotráfico en general, y específicamente de Escobar, para sus campañas. Gente de izquierda y de derecha. Es que el debate que se estaba dando en ese momento era sobre la extradición y efectivamente el resultado fue aplastante con su abolición. En eso hubo una danza de millones de dólares.

M.I.R.: ¿Alguien podía influir sicológicamente sobre Pablo Escobar hasta el punto de inducirlo a cometer un magnicidio?

A.S.: Hay una anécdota que incluso es narrada por Antonio Caballero. Santofimio llevó a Escobar a la posesión de Felipe González como presidente del gobierno español. Caballero dice que ahí vio a un señor (Escobar) que le servía a Santofimio, que siempre estaba atento a sus deseos. Es que Escobar, al lado de esa prepotencia que se manifestó en sus acciones violentas, era un hombre muy susceptible, y parte de su tragedia es que su gente más cercana, especialmente sus sicarios, lo empujaron sistemáticamente a la guerra porque su negocio era matar y dinamitar, y no el narcotráfico. Esas influencias hacen pensar que no era tan inteligente y racional en sus decisiones.

M.I.R.: Pero la idea que tenemos es toda la contraria, que era supremamente inteligente y muy frío…

A.S.: Un hombre que tiene como cuerpo asesor a un grupo de matones funciona muy distinto a las mafias italianas, que tenían a su consiglieri. Gente que fue cercana a él le señala esta gran debilidad: no tenía buenos consejeros, sino gente que desataba sus pasiones.

M.I.R.: ¿Que Virginia Vallejo haya salido a estas alturas a decir que fue testigo de las varias veces que Santofimio le dijo a Escobar que matara a Galán, cuadra en el marco de sus investigaciones?

A.S.: Me parece totalmente coherente. He hablado con abogados que fueron muy cercanos a Escobar y ellos en su debido momento también me narraron esa función azuzadora de Santofimio y lo describían desde ese punto de vista como un criminal, así apareciera en la escena política y fuera senador de la República.

M.I.R.: ¿Para usted hay alguna diferencia entre ser azuzador y determinante del crimen de Galán?

A.S.: Cuando una persona es inherente a una estructura, que es la hipótesis muy razonable del Fiscal, ese azuzar corresponde a una premeditación. Y no sólo Santofimio sino otros sectores de la clase política estuvieron implicados en ese complot. Pero no hay duda de que Santofimio tuvo un rol esencial en el crimen de Galán y que el punto de partida de ese camino inevitable hacia su muerte fue la convención en la que se aprueba la consulta popular. Galán tenía una grandísima posibilidad de triunfo y por eso la argumentación de Santofimio ante Escobar, que recogí de diversas fuentes, era la de que había que matar a Galán porque lo iba a extraditar.

M.I.R.: Usted, como historiador de esa convulsionada época del país, ¿qué pensaría si le tocara presenciar la absolución de Santofimio?

A.S.: Tendría un desencanto, pero no podría decir que se debería a una mala actuación del juez. Existiendo un convencimiento de la responsabilidad de Santofimio en esos episodios, esperamos que la Fiscalía haya sido lo suficientemente juiciosa en la recolección de pruebas, en la organización testimonial, para que el juez pueda obrar cabalmente en el juicio.

M.I.R.: ¿Se equivocan entonces quienes desprecian el testimonio de Virginia Vallejo porque era una diva, la amante de un capo y porque es tardío?

A.S.: Es un testimonio, desde el punto de vista periodístico, muy valioso. No hubiera dudado en publicarlo. Yo intenté buscarla en una época, pero ella estaba totalmente resguardada y nunca logré hablar con ella. El ser diva es un hecho circunstancial. Al testimonio hay que verle su verosimilitud con los hechos y las circunstancias y desde ese punto de vista, yo lo valido. Virginia Vallejo es una imagen trágica de mucha gente en este país que aun teniéndolo todo, se deja seducir por el oro y el poder y va al precipicio. Es una imagen muy nacional, que marca un poco nuestra desgracia.

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