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| 8/23/2008 12:00:00 AM

Como en los países ricos

El Tren Metropolitano es la primera apuesta que Bogotá y Cundinamarca están haciendo para consolidar su acuerdo para crear la Región Capital. ¿Podrán hacerlo?

A las ambiciosas promesas del alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, de dejar en construcción la primera línea del metro para la capital, ahora se sumó con mucha fuerza el proyecto de hacer un tren de cercanías que, de ser realizado, dejaría a la capital con un completo y moderno sistema de transporte público.

Pero desde cuando Moreno y el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, comenzaron a hablar del proyecto, que ya tiene la bendición del presidente Álvaro Uribe, los bogotanos quedaron confundidos, pues no saben si el gobierno les va a cambiar el metro por un tren ni qué diferencias hay entre los dos. Y Aunque parezca increíble, el tren metropolitano ya tiene diseños avanzados, financiación casi asegurada y podría estar rodando entre 2010 y 2011. Esto, porque desde hace dos años el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, comenzó a trabajar en la idea de hacer un tren de cercanías en Bogotá, gracias a los recursos que recibirá el gobierno al ser renegociada la concesión férrea del Atlántico.

Después de las elecciones, Moreno y González, quienes son muy amigos desde cuando fueron senadores, decidieron crear una agenda común para materializar la idea de crear la primera ciudad región del país. Fue así como definieron una agenda de 24 puntos, en su gran mayoría de grandes obras y proyectos, que busca consolidar el futuro de la conocida como Región Capital, que hoy es la más poblada y la más exportadora del país. De hecho, tiene un PIB superior al de Paraguay o el de Uruguay.

Entre esos temas, el gobernador incluyó el tren de cercanías, un proyecto que había acordado hace nueve años con el entonces alcalde, Enrique Peñalosa, pero que se quedó en el papel. Ahora, la propuesta conjunta de hacer el Tren Metropolitano, que usará el corredor férreo que entra y sale de capital (ver mapa), ha tomado tanta fuerza, que podría estar listo en tres años.

Según los diseños preliminares que ya tiene listo el Ministerio de Transporte y que se han ido ajustando de acuerdo con las realidades y las necesidades de la ciudad y del departamento, el sistema tendría en su primera fase 57 kilómetros, que con trenes eléctricos movería 380.000 pasajeros al día. A finales de este año, una vez estén los diseños definitivos, se licitará su construcción.

En esta primera fase, el tren tendrá dos líneas. Una desde la calle 170, recorrerá la Avenida 9 y la avenida Quito o NQS, donde usará las estaciones ya existentes de TransMilenio. Tras desviarse hacia el occidente, en la calle 63, pasará por la parte occidental de Paulo VI y por un costado del centro comercial Gran Estación, hasta llegar al antiguo parque de talleres de los Ferrocarriles. En ese punto se encuentra con la segunda línea, que nace en la estación de la Sabana y va hacia el occidente de la ciudad, con rumbo al aeropuerto El Dorado y a Fontibón, Mosquera, Madrid y Facatativá.

En una segunda fase será habilitada la línea existente desde la calle 170 al norte hacia La Caro, Cajicá y Zipaquirá.

Los diseños contemplan que se usarán las antiguas estaciones del tren y otras serán construidas, ya sea de un piso, de dos o incluso subterráneas. Los primeros cálculos indican que cada kilómetro podría costar entre 10 millones y 13 millones de dólares, gracias a que ya se tiene uno de los elementos más costosos: la tierra. Por su parte, los trenes eléctricos, que viajarían a 40 kilómetros por hora en la ciudad y a 60 en las afueras, podrían costar unos 250 millones de dólares adicionales, suma que se podría financiar con la operación. La idea es repetir el mismo esquema de TransMilenio, en el que el Estado, Bogotá y ahora Cundinamarca construyen la infraestructura, pero una empresa privada opera el servicio.

"Esta obra, junto a los dos anillos viales que vamos a construir, es fundamental para la conectividad de Bogotá y la región. Pero no sólo le estamos pidiendo al gobierno que nos ayude, sino que queremos que a través de una ley que cursa en el Congreso, nos dé a las gobernaciones la posibilidad de crear o modificar algunos tributos, con lo que podemos ayudar a financiar esa y otras obras", dijo González.

Precisamente la parte para financiar con recursos de la Nación es lo que más preocupa, pues ésta deberá comprometerse no sólo con el tren de cercanías, sino con el metro, obras que podrían costar sumadas más de 2.500 millones de dólares. Lo que está claro, por ahora, es que la Nación podría financiar una obra a la vez, por lo que el tren se haría primero, y una vez esté listo, en 2010 ó 2011, se podría comenzar a construir la primera línea del metro. En últimas, Bogotá podría tener dos líneas de metro y tren en pocos años.

González, pero en especial Moreno, se está jugando una importante carta. Sin duda el tren sería una muy rápida solución a los problemas de movilidad e incluiría la construcción de varios cruces viales que no están los planes de la ciudad. Pero podría amenazar el comienzo de la construcción de la primera línea del metro, la promesa más importante de la campaña electoral del alcalde.

No es poca cosa, porque de la estrategia de Moreno y González para liderar el tren y buscar la financiación y la viabilidad del proyecto depende la suerte de millones de personas y la de su futuro político.
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