Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/08/15 00:00

Como para no creer

La decisión de la administración de Samuel Moreno de que la educación del grado sexto al 11 sea gratis en Bogotá a partir de 2010 deja en claro que el Polo sigue apostándole a lo social. El gran interrogante ahora es la calidad., 106298

Como para no creer

A quienes no entienden por qué el Polo Democrático pierde en las encuestas, pero gana en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá, la administración de Samuel Moreno acaba de darles un gran argumento para comprenderlo.

En medio del torrente de noticias sobre si el referendo se cae o no y sobre la crisis de Colombia con sus vecinos, pasó sin pena ni gloria la noticia de que a partir del próximo año la educación del grado sexto al 11 en los colegios distritales será completamente gratis. Es decir, que los padres de 350.000 estudiantes que hasta ahora tenían que pagar entre 30.000 y 143.000 pesos cada año para matricular a sus hijos, ya no tendrán que hacerlo.

Y si a eso se le suma que el alcalde Lucho Garzón había tomado una medida idéntica con 650.000 estudiantes hasta el grado sexto, el resultado es que un millón de bogotanos no tendrán que pagar los derechos académicos ni los servicios complementarios.

Este programa, que le costará a la administración cerca de 57.000 millones de pesos cada año, es el último paso del avance que ha logrado la educación en Bogotá, que en los últimos 20 años dobló su cobertura y ha invertido millonarios recursos. Si bien este proceso comenzó con la alcaldía de Enrique Peñalosa, desde cuando el Polo Democrático llegó al poder, decidió ponerle el acelerador a una educación pública para todos. De hecho, este año la ciudad destinará dos billones de pesos sólo a la educación.

Es de recordar que en un programa casi sin precedentes en Latinoamérica, Garzón se dio a la tarea de levantar 38 nuevos megacolegios, reconstruir más de 40 y remodelar unas 160 instituciones más, que le permitieron llegar a la ciudad por primera vez a la cobertura total de la demanda.

"La gratuidad en la educación, unida a los 670.000 refrigerios que a diario se dan en los planteles educativos, la atención en salud, los subsidios de transporte y los programas para evitar la deserción, hacen que por primera vez en la historia la ciudad les pueda decir a los padres de familia que no tienen disculpa para no enviar a sus hijos al colegio o para sacarlos y enviarlos a trabajar", reclama el secretario de Educación, Abel Rodríguez.

De hecho, el 10 de julio, el alcalde Moreno expidió un decreto que obliga a la administración a buscar a los niños que no están matriculados e impone sanciones a los padres, que van desde la amonestación verbal hasta la pérdida de la patria potestad a quienes no envíen a sus hijos al colegio.

Para el contralor distrital, Miguel Ángel Morales Russi, la medida, que iba a ser instrumentada en 2011 según el Plan de Desarrollo del alcalde Moreno, fue adelantada un año más por razones mediáticas y de impacto en la opinión que por razones técnicas. "Aún hoy no se sabe cuánto le va a costar eso a la ciudad". Y muestra especial preocupación porque no se notan los avances en materia de calidad y en la puesta en práctica del bilingüismo. "Hicimos un recorrido y no hay más de 130 maestros calificados para dar las clases en inglés".

El secretario de Educación les sale al paso a estas críticas: "La calidad en la educación no se cambia de la noche a la mañana y estamos trabajando intensamente en ella. Por ejemplo, instrumentamos la jornada de los sábados para los jóvenes de noveno a 11 grado, en la que se les refuerza inglés, matemáticas y ciencias. La meta es regresar la jornada educativa para todos los alumnos ese día. Es la única forma de compensar las diferencias de horas que hay entre un colegio público y uno privado", plantea Rodríguez.

El educador y experto en la materia Francisco Cajiao advirtió que todo el enorme esfuerzo fiscal y administrativo que ha hecho Bogotá, a través de nuevos colegios, bibliotecas, laboratorios y demás, sólo tienen sentido en la medida que en un tiempo de cuatro a cinco años haya mejoramiento en todos los indicadores de calidad. De lo contrario, se habrá perdido la tarea.

Más allá de esta polémica, la administración Moreno le está apostando también a un nuevo programa para afrontar el grave problema de acceso a la educación técnica y la superior. Para esto, el Distrito piensa adquirir a bajo precio cientos de cupos en las universidades públicas y en las privadas con el fin de asignárselos a los estudiantes distritales que no tienen cómo pagar una carrera tecnológica o superior.

Si a este programa se les suman otros que han tenido más impacto en la gente que en los medios, como el de la salud gratuita para los más pobres, es decir, que no tengan que desembolsar la llamada cuota de copago, se podría decir que el Polo está haciendo la tarea para consolidarse en el corazón de un grupo social que es mayoría en la ciudad. Este programa de salud, con una inversión de 77.000 millones de pesos, beneficia a más de 350.000 personas. Así como el presidente Álvaro Uribe tiene Familias en Acción en todo el territorio nacional, el Polo ha encontrado en lo social su razón de ser y su soporte político en Bogotá.

Con el anticipo de decisiones como esta y con la de hace un par de semanas, en la que firmó el decreto que crea el sistema integrado de transporte, que tuvo gran resonancia en los medios de comunicación, el alcalde Moreno también trata de frenar su caída en las encuestas. Si lo logra, está muy bien. Pero lo importante para la ciudad es que al cabo del tiempo se demuestre que es una buena decisión en procura de mejorar la formación de su gente.

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