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| 4/28/1986 12:00:00 AM

COMO PEDRO POR SU CASA

Todo indica que el fugitivo Matta Ballesteros salió de la Modelo caminando y despidiendose de mano de los vigilantes

El martes 18 hacia las 10 de la noche, el partido terminó empatado a cero goles. El campeón colombiano América y el subcampeón chileno Cobresal habían protagonizado un encuentro muy intenso, en el cual el conjunto austral se había salido con la suya, obteniendo un valioso punto en este grupo de la Copa Libertadores. Al culminar la transmisión, el exmagnate bancario Félix Correa Maya se levantó de su silla y apagó el televisor. Su compañero de la celda contigua en el área especial de Sanidad, el hondureño Juan Ramón Matta Ballesteros, acusado de participar en el asesinato de un agente de la DEA en México y pedido en extradición por los Estados Unidos, se despidió y dijo que se iba a acostar. Antes del partido, había comentado a Correa que veía su futuro muy negro, pues algunos documentos que había recibido indicaban que lo de la extradición a Estados Unidos estaba marchando.
Según declaraciones de Correa "nada parecía evidenciar que deseara escaparse".
Pero lo hizo. Dos horas después y contando con la complicidad de cerca de 15 guardianes y funcionarios de la cárcel Modelo, se disfrazó de vigilante, salió de su celda-apartamento en la sección de Sanidad, atravesó tres puertas hasta llegar a un corredor, pasó luego dos rejas y un portón frente a la oficina jurídica, y finalmente ganó la calle por la carrera 56, al salir por el portón principal. (Ver gráfico).
Según algunos testimonios obtenidos por SEMANA, Matta, quien había sido detenido en Cartagena en mayo pasado y trasladado de la cárcel de La Picota a la Modelo hace cinco meses, usaba barba desde su llegada a este último centro de reclusión. Sin embargo, la noche de la fuga se afeito para despistar a los pocos guardianes que no había comprado en la costosa operación en la que, al parecer, alcanzó a invertir cerca de 150 millones de pesos, buena parte de ellos sobornando a vigilantes y funcionarios de La Picota, antes de ser descubierto y trasladado para "mayor seguridad" a la Modelo, donde repitió con éxito su intento.
Su fuga desató un infructuoso operativo de persecución y un también infructuoso escándalo, en el cual lo único claro al cierre de esta edición era la renuncia del director nacional de Prisiones, Bernardo Echeverri Ossa, un funcionario de gran reputación, conocido como un hombre serio, tan serio que, en un país donde nadie renuncia por una falla de su jurisdicción, optó por abandonar su cargo, no sin antes declarar que lo sucedido era "una verguenza para la justicia y el sistema penitenciario colombiano "
Y el escándalo es infructuoso porque, aparte de algunas sanciones a los pocos a quienes se les logre comprobar complicidad en la fuga, nada parece indicar que ciertas necesarias reformas a las cárceles colombianas vayan a producirse. Reformas que deben empezar, claro está, con una mejora en los salarios de los vigilantes, quienes ganan poco más del salario mínimo. Y que deben culminar por otra parte, con la modernización de los sistemas de vigilancia de las cárceles de las que, al parecer, es más fácil salir que entrar.
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