Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2003/11/17 00:00

Como de película

Con tecnología de punta los organismos de investigación judicial están resolviendo crímenes que en otra época hubieran quedado en la impunidad.

Tras una cinta amarilla, protegidos con trajes desechables, gafas y guantes de cirugía un grupo de criminalistas husmea buscando pruebas de los autores de un crimen. Uno de ellos coordina por celular el trabajo con un médico forense que al mismo tiempo está haciendo una autopsia. Este les da indicaciones de fibras, líquidos, cabellos de otra persona que entre otras cosas encuentra en el cadáver y que pueden ayudar a identificar el autor de un asesinato.

Los criminalistas sacan un líquido en spray y lo aplican en un corredor donde no se ve nada, pero creen que puede haberlo. Encienden una lámpara especial conocida como luces forenses y empieza a aparecer un rastro donde hubo gotas de sangre que fueron limpiadas. Este sofisticado trabajo no corresponde a una escena de las populares series de investigación forense gringas tipo CSI. Ocurre hoy en Colombia, cada vez con más frecuencia y mayor tecnología. Y ya están ayudando a resolver crímenes que de otra forma sería muy difícil resolver.

En Bogotá, que es la ciudad del país que tiene más tecnología de este tipo, hay cuatro unidades móviles que entre otros, tienen equipos que identifican si en la escena del homicidio hay rastros de explosivos o estupefacientes. También hay tres laboratorios de ADN con los que se puede saber a partir de un poco de saliva el responsable de un crimen y equipos llamados Ibis con los que se pueden identificar a partir de una bala o un casquillo cuál fue el arma que la disparó. Por ejemplo con este último se pudo identificar un arma con la que se asesinó a 21 personas en diferentes partes del país.

Otros equipos llamados Afis Criminal a partir de un fragmento de una huella digital identifican a una persona en cuestión de segundos. Hay programas de animación con los que se reconstruye cómo fue exactamente un delito y con los que a partir de un cráneo pueden decir cómo era el rostro de una persona. Además de videocomparadores espectrales que es una especie de poderosa lupa que utilizan los grafólogos y que permite saber las diferencias en las tintas y en los tiempos en que fue escrito un documento.

Gran parte de esta tecnología se ha utilizado para resolver crímenes como el de la niña Karen Vanessa Vargas, de 5 años, que desapareció a comienzos de año del parque de un conjunto residencial al suroccidente de Bogotá. Luego de 11 días su cuerpo apareció en una caneca. Una milimétrica perforación en la bolsa en que la abandonaron dejó un rastro que llevó a los peritos a un edificio en el que se hicieron pruebas en cuatro apartamentos en los que se presumía pudo ocurrir el crimen. Dos cabellos que habían quedado enredados en una escoba permitieron, luego de una prueba de ADN, identificar al asesino. En 90 días se resolvió el delito.

La mayor parte de estos equipos está en la Fiscalía, pero también los tienen la Policía, el DAS y Medicina Legal. Y a partir del 6 de noviembre, gracias a una donación del gobierno de Estados Unidos, están interconectados en red, lo que va a agilizar el trabajo. También más de 10.000 investigadores están capacitándose en estas tecnologías pues a partir de 2005, cuando se pone en marcha un nuevo sistema penal acusatorio en el país, van a tener mayor uso. Tecnología de punta con la que la justicia colombiana espera resolver miles de crímenes que hasta ahora quedaban en la impunidad.

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