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| 10/30/2011 12:00:00 AM

¿Cómo piensa Gustavo Petro?

Un análisis basado en el programa de Gobierno y los mensajes que ha dado el candidato de Progresistas.

Gustavo Petro formuló un plan de Gobierno escueto, que no precisó con detalle sus propuestas. Por esta razón, para los analistas se trató de un programa basado en un mensaje claro pero sin la explicación del “cómo”. En los debates fue recurrente el llamado de los demás candidatos a explicar con base en cuáles sustentos técnicos estaba formulando sus promesas.

No obstante, el mensaje que envió durante la campaña es coherente con lo que han sido su vida y su trayectoria política: una lucha contra las mafias y la desigualdad social. Esta última ha sido su bandera desde cuando empezó a hacer política en Zipaquirá y su razón de haber ingresado al M-19, y eso se refleja de manera central en su programa, que él resume como una “Bogotá más humana” para todos sus habitantes, que no puede ser una apuesta a largo plazo y a futuro, sino “ya”, como lo implora en su eslogan de campaña.

Su concepción de igualdad y cómo lograrla es muy distinta, sin embargo, a las de sus contendores. Para Petro es el Estado el que debe garantizar unas mejores condiciones de vida, que no se dan únicamente construyendo obras, sino invirtiendo en la gente, y cuando habla de gente tiene una concepción de los bogotanos diversa e incluyente, pero en la que los pobres de una ciudad tan desigual tienen prioridad. Petro pretende continuar con un modelo asistencialista, que es el que ha utilizado el Polo en los barrios más pobres y que, según cifras oficiales de la actual alcaldesa, Clara López, ha sido muy importante para acabar con la desnutrición infantil. No obstante, se necesita aún más para garantizarles la nutrición a los niños de 0 a 5 años, la etapa clave del desarrollo físico y mental de los niños, y que para Petro será la garantía de que cuando crezcan puedan competir de igual a igual con los niños más ricos de la ciudad.

En el esquema de Petro es el Estado el responsable de que esto suceda y el que debe construir, proveer servicios y otorgar subsidios y beneficios gratuitos para los más pobres. Para algunos economistas sus propuestas, como la de reducir las tarifas de los servicios públicos o subsidiar el transporte público, resultan controversiales, incluso inviables, pero él ha presentado, cuadro en mano, las cifras para decir que su propuesta tiene sustento y se defiende afirmando que en últimas todo depende de la forma como se elija distribuir los recursos que tiene Bogotá. Su visión estatista genera desconfianza entre quienes asumen que más Estado significa más ineficiencia y más clientela para alimentar, y peor aún, más corrupción, uno de los estigmas con los que carga el Polo en Bogotá después del escándalo del carrusel de la contratación que acabó con la alcaldía de Samuel Moreno.

Pero Petro fue uno de los que alertaron sobre la corrupción en la ciudad, y a lo largo de su vida como parlamentario ha denunciado las trampas, la corrupción y las mafias. En las batallas que ha dado, Petro se crece y no se amilana cuando le sale un contrincante más grande o peligroso. Los debates que dio en el pasado generan expectativa ante la posibilidad de que se atreva a tocar intereses de algunos poderosos de la ciudad. Sin embargo, el temor de algunos de sus críticos es que en vez de gobernar se dedique a sacarle los trapos al sol a su antecesor para seguir marcando distancia con el Polo. O que empiece a casar peleas con el presidente Juan Manuel Santos.

Por otro lado, las personas que lo han rodeado desde cuando empezó en las lides políticas saben que Petro es estratega y muy ambicioso, y que tratará de hacerlo bien. Es la única opción que le queda si quiere que su proyecto político tenga algún futuro. El nombre que ha escogido para su movimiento no esconde de dónde vienen sus ideas, que él califica como “progresistas”. Es un término estratégico, pues le sirve para suavizar una propuesta que para algunos sectores suena demasiado “revolucionaria” o “comunista”, con lo que simplifican su contenido. Pero aun dentro de la guerrilla del M-19, Gustavo Petro no era conocido como un radical, sino, al contrario, como un progresista.

Petro tiene una ventaja y es que es estudioso y aprende rápido. A medida que ha ido avanzando la campaña, ha ido afinando sus conocimientos sobre Bogotá y ha buscado rodearse de técnicos y lo que él llama la élite académica, gente que conoce bien la ciudad y puede aportarle. La duda que deberá resolver es si esa élite intelectual está bien preparada para administrar. Está por verse si Petro logrará ser un buen jefe, no sólo de la gente que escoja para gobernar, sino de una ciudad como Bogotá. A pesar de que Petro es economista y administrador de empresas, no tiene mucha experiencia y él ha tendido a ser una persona solitaria que confía en muy pocas personas a la hora de tomar decisiones importantes. Por lo general las personas de su entera confianza son sus compañeros de lucha de la izquierda.

Por esta razón, una de las preguntas que se abrieron durante los debates fue si gobernaría con las personas del Polo que acompañaron a Samuel Moreno. Petro ha dicho que no, pues él los denunció. Falta ver si el pragmatismo político se impone sobre su coherencia.



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