Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/05/02 00:00

"Con Arteta se busca un acercamiento a las Farc"

El gobierno empieza a tenderle puentes a la guerrilla. Pero no renuncia al garrote.

El Alto Comisionado para la Paz Frank Pearl ve lejano un escenario de paz, pero quiere estar preparado para cuando sea la hora de sentarse a hablar con la guerrilla

A Frank Pearl le han tocado dos retos importantes. Asumió la Alta Consejería para la Reintegración en medio de una crisis de credibilidad del proceso de reinserción de los miembros de las autodefensas. Hace pocas semanas asumió también las funciones de Alto Comisionado de Paz, en un momento en el que se han reactivado las liberaciones por parte de las Farc, y que se empieza a dar una fuerte presión de muchos sectores de la sociedad civil para que se abra un espacio de negociación con las guerrillas. Literalmente, Pearl tiene un pie en el conflicto y otro en el posconflicto. SEMANA habló con él sobre ambos temas.

SEMANA: Están resurgiendo iniciativas civiles para presionar por una negociación dentro y fuera del país ¿Cómo las ve usted?

FRANK PEARL: Todas las iniciativas de ciudadanos son bienvenidas y necesarias. Pero las iniciativas están dispersas y a veces no tenemos los resultados.

SEMANA: Pero, en particular, cuando Colombianos por la Paz habla de una negociación política con las Farc, al gobierno no le ha gustado...

F.P.: El gobierno ha sido claro en que tiene que haber una manifestación clara de parte de la guerrilla, y eso todavía no se ha dado.

SEMANA: ¿Cree que en este momento hay un clima propicio para empezar a hablar de paz?

F.P.: Siento que dentro y fuera del país hay iniciativas que pretenden crear ese clima. Pero todavía no es una realidad.

SEMANA: Entonces ¿para qué un Comisionado de Paz?

F.P.: El gobierno mantiene una puerta abierta. Las circunstancias en cualquier momento pueden cambiar.

SEMANA: ¿Hay contactos directos con las Farc?

F.P.: Los estamos buscando.

SEMANA: ¿Usted está dispuesto a reunirse con el Secretariado?

F.P.: Ese es un escenario demasiado lejano.

SEMANA: ¿Esperan que el ex guerrillero Yesid Arteta, a quien acaban de nombrar gestor de Paz, les haga el puente con las Farc?

F.P.: Él nunca desertó de las Farc, no es considerado un traidor ni ha renunciado a ser de izquierda, y está dedicado a actividades académicas a favor de la paz. Eso le da credibilidad con ellos.

SEMANA: Pero ¿a quién se le ocurrió la idea?

F:P.: Hace unas semanas me llamó el Canciller y me habló del caso de Arteta. Él pagó una condena en la cárcel y luego salió del país por sus propios medios. Está en España trabajando en una universidad y escribiendo sobre paz. Pero hace poco fue condenado por un homicidio. El gobierno consideró que él puede cumplir una función más, delante de cara a un eventual acuerdo humanitario, y por eso se le brindó la posibilidad del cumplimiento de la pena por fuera.

SEMANA: ¿Exactamente a qué se compromete él?

F.P.: Se compromete a contribuir a acercamientos para lograr acuerdos humanitarios, pero ha dejado claro que es una persona de izquierda y que no comparte los planteamientos del gobierno. Es un papel muy distinto a los de 'Karina' y 'Olivo Saldaña'.

SEMANA: ¿Él sigue en contacto con las Farc?

F.P.: Él es una persona independiente. Pero nos interesa tener contactos directos para buscar acercamientos.

SEMANA: ¿Por qué quiere el gobierno sacar a Piedad Córdoba de las próximas liberaciones?

F.P.: Lo que el gobierno quiere es que las liberaciones sean discretas. Las Farc han secuestrado a miles con sigilo y cobardemente. Pero quieren que la liberación sea con bombos y platillos, como si les estuvieran haciendo un favor a los colombianos. No podemos ceder a la manipulación y el chantaje.

SEMANA: Pero aun sin Piedad, la prensa de todos modos estará allí...

F.P.: Claro, porque a la gente le interesa el tema. No se trata de vetar a ninguna persona. Sólo queremos que se cumplan unos parámetros de seguridad y discreción, y estoy seguro de que vamos a avanzar con esos criterios.

SEMANA: Entonces ¿esto no es una dilación innecesaria?

F.P.: Para nada. La parte operativa y logística de la liberación puede tomar cuatro o seis semanas. Mientras tanto se puede lograr un acuerdo para la discreción y la seguridad.

SEMANA: ¿El gobierno nota un cambio de tono en las Farc?

F.P.: Los hechos valen más que las palabras. Sí hay un cambio de tono en los comunicados, pero ellos no han acogido la propuesta de un cese de actividades criminales por cuatro meses. El gobierno ha sido muy claro. Si eso se da, el Presidente ha dicho que está dispuesto a tener una negociación abierta. Algo generoso y definitivo. Pero sin duda hay mensajes encontrados de parte de ellos.

SEMANA: Muchos observadores critican al gobierno porque no tiene una política de paz ¿Usted va a construir una?

F.P.: Hay una estrategia de largo plazo donde se concibe la seguridad no como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar la paz. Eso se materializa en la acción integral. Es fundamental la actuación de las fuerzas militares y de Policía, pero esta se está complementando con inversión del gobierno en zonas marginadas y violentas. Eso se viene haciendo a través de Acción Social, que coordina 17 entidades del Estado.

SEMANA: ¿O sea que la política de paz es la misma de consolidación del Ministerio de Defensa?

F.P.: No. La consolidación está orientada por Acción Social.

SEMANA: Pero ¿hay una política de negociación con los grupos armados?

F.P.: Cuando las Farc estén listas para una negociación, el gobierno ya lo estará. En eso estamos trabajando.

SEMANA: Esta semana usted es el anfitrión de un congreso internacional sobre desarme en Cartagena. ¿Realmente cree que ya estamos en el posconflicto?

F.P.: Los avances en seguridad son indiscutibles. En la inmensa mayoría del país hay una situación de posconflicto y por eso hay una estrategia de consolidación en marcha. Estamos trabajando en tres sentidos: primero, lograr orden y justicia. Segundo, promoviendo la inversión privada en estas zonas, no sólo para desmovilizados, sino también para víctimas. Y en tercer lugar, y lo más importante, tratando de construir una cultura de paz. Pero eso se está haciendo en medio de las amenazas que representan las Farc y el narcotráfico. Es como nadar y empujar la maleta al tiempo.

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