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| 3/5/2011 12:00:00 AM

¿Con los días contados?

La estrategia del senador Iván Moreno de recusar al procurador solo le da unos días más de oxígeno en un juicio que se debe resolver a más tardar en un mes. ¿Qué le espera a su hermano, el alcalde Samuel Moreno?

El jueves en la Procuraduría ya sabían que la audiencia del viernes al hermano del alcalde de Bogotá, el senador Iván Moreno Rojas, no iba a ser fácil. Estaban enterados de que la defensa recusaría al procurador Alejandro Ordóñez para dilatar el juicio. Al fin y al cabo, en la medida en que la Procuraduría va poniendo fuera de juego otras fichas del carrusel de la contratación de Bogotá y se va acercando al núcleo del poder, las defensas se hacen más férreas.

Y en efecto, así sucedió. La sala de audiencia del cuarto piso se llenó faltando dos horas para iniciar la diligencia. Los puestos se colmaron como si se tratara de un partido de fútbol. Eran tantos los asistentes que tuvieron que habilitar otra sala cuatro veces más grande y transmitir en tiempo real, por la página de la entidad, toda la sesión.

En una hora y veinte minutos, el procurador Ordóñez se ocupó del recurso interpuesto por Moreno y lo rechazó de plano. La defensa alega que Ordóñez prejuzgó, pues una semana antes, al destituir al contralor distrital, Miguel Ángel Moralesrussi, y al excongresista Germán Olano, emitió juicios de valor contra Iván Moreno y que además compulsó copias de su caso a la Fiscalía. El procurador pasó el recurso a la viceprocuradora Martha Inés Castañeda, quien tendrá un término de tres días para dar una respuesta.

Existen altas probabilidades de que la viceprocuradora diga que el procurador no está impedido, y de inmediato se reanudaría la audiencia. De lo contrario, ella sería la encargada de terminar el proceso.

¿De qué se acusa a Iván Moreno? Ordóñez le formuló pliego de cargos por dos razones. En primer lugar, que se habría valido de su condición de hermano del alcalde de Bogotá para supuestamente pedirles a contratistas del Distrito, los primos Nule, que le permitieran a su esposa el uso exclusivo de otro de sus negocios, la concesión vial Bogotá-Girardot, para montar allí bombas de gasolina. En segundo lugar, el procurador le pide que explique si a través de interpuestas personas solicitó coimas a Miguel, Manuel y Guido Nule, a cambio de interceder en la adjudicación de dos contratos de mantenimiento de la malla vial de Bogotá por 187.000 millones de pesos.

En los dos cargos han salido a relucir todo tipo de pruebas. En el de las gasolineras hay tres testimonios, el de Miguel Nule, revelado hace más de un mes por SEMANA, en el que se cuentan las reuniones que sostuvieron en la casa de la 'Capitana' María Eugenia Rojas con Iván Moreno; el de Francisco Gnecco, gerente de la concesión, que concuerda con el de Miguel,y el de Ómar Mogollón, un asesor de los Nule, que si bien acepta el interés de la esposa de Moreno por instalar las gasolineras, insiste en que solo era un asunto comercial. A eso se suma una copia de la minuta del contrato que nunca se firmó, pero que le fue entregado por el abogado Álvaro Dávila a Miguel Nule.

En cuanto al segundo cargo, el de la supuesta 'mordida' por los contratos de malla vial, es ampliamente conocida la grabación en la que el entonces congresista Germán Olano habla de un 6 por ciento para Iván Moreno. Lo que equivaldría en este contrato a poco más de 10.000 millones de pesos. Esa prueba ya fue avalada por el procurador en el proceso en el que destituyó al contralor Moralesrussi.

El senador Iván Moreno está en serios problemas. Todo indica que su situación jurídica se seguirá empeorando. Sería muy raro que el procurador Alejandro Ordóñez lo cite a imputarle cargos en audiencia pública y después lo exonere. Lo más probable es que haya una sanción, y como se trata de un proceso disciplinario, los castigos suelen incluir el retiro del cargo, temporal o definitivo. Y el lío no termina allí. Después vendrán ramificaciones penales y sobre todo políticas.

Iván Moreno no es un senador más ni su proceso es un caso cualquiera. Se trata del hermano del alcalde de Bogotá y se sabe que la familia opera como un verdadero clan. En muchos de los testimonios que tienen enredado a Iván también está mencionado Samuel, y más allá de si la responsabilidad es la misma, es inevitable la pregunta de si el senador arrastrará con su suerte a su hermano, el alcalde. En lo disciplinario, de hecho, hace rato circula en los medios de comunicación la versión no confirmada de que en el despacho del procurador reposa un proyecto de fallo para suspenderlo del cargo. Una eventualidad muy controvertida, desde el punto de vista jurídico, pero no imposible si se examinan otras decisiones de Ordóñez, basadas en testimonios, que han concluido con drásticas sanciones contra funcionarios elegidos por voto popular.

La situación política del alcalde de Bogotá, además, es muy precaria. En la más reciente encuesta Invamer-Gallup alcanza un récord nunca visto de imagen negativa: un 85 por ciento de los bogotanos desaprueba su gestión y solo un 11 la aprueba. La ciudad está golpeada por una verdadera crisis de movilidad y la percepción sobre la inseguridad se ha deteriorado. A eso se suma el escándalo sobre la contratación. En un panorama tan vulnerable, una sanción a Iván puede hacerle mucho daño.

La otra gran pregunta es cuál sería el efecto político para el Polo Democrático, el partido de los hermanos Moreno, de una eventual sanción contra Iván. La bancada amarilla se redujo en las elecciones del año pasado: pasó de diez a ocho en el Senado y de ocho a cinco en la Cámara de Representantes. Es una fuerza mermada y sin el brillo que tuvieron en el pasado voceros como Carlos Gaviria o Gustavo Petro. No es claro si una eventual ausencia de Iván Moreno dejará la silla vacía -hay una controversia jurídica, y todo depende de las conductas por las cuales lo castiguen-, pero no hay que olvidar que él fue el senador elegido con la segunda votación más alta de su partido -77.993 votos- después de Jorge Enrique Robledo. Iván no es un recién llegado, sino un cacique que ya ocupó cargos como el Viceministerio de Salud, el Ministerio de Trabajo y la Alcaldía de Bucaramanga.

El Polo está ante un complejo dilema. Varias voces han pedido la suspensión del senador Moreno, incluso dentro de la propia colectividad. El último en hacerlo, esta semana, fue el representante por Bogotá Iván Cepeda. Estas opiniones consideran que la permanencia en sus cargos de miembros que están bajo procesos de investigación judicial o disciplinaria le hacen daño al partido. Pero la dirigencia polista se ha aferrado al argumento de que existe una presunción de inocencia y que, en consecuencia, solicitarle un retiro a alguien que no ha sido condenado equivale a prejuzgarlo injustamente. Este razonamiento perderá vigencia en el momento en que haya un fallo en contra.

Los líos de los hermanos Moreno han resultado una verdadera pesadilla para el Polo. Después de haber alcanzado votaciones crecientes en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá en 2003 y 2007, y en las presidenciales de 2006 con Carlos Gaviria como candidato, la colectividad amarilla llegó a proyectarse como una fuerza en ascenso y como una oportunidad histórica para unir la izquierda y construir un proyecto progresista. Pero el ingreso de la Anapo a esa federación, y sobre todo su llegada a la Alcaldía de Bogotá en cabeza de Samuel Moreno, desencadenó un proceso de división interna y de desprestigio público en la medida en que empezaron a revelarse métodos clientelistas de gobierno y escándalos de corrupción. Esa fue la causa del retiro de figuras de la importancia de Luis Eduardo Garzón y Gustavo Petro. Hoy las apuestas corren en contra del candidato del Polo para la Alcaldía de Bogotá, cuyo nombre ni siquiera está definido, y casi nadie cree que el partido logrará mantener el cargo que ha tenido en sus manos durante ocho años.

El Polo pasa por su peor momento y la inminente sanción contra el senador Iván Moreno puede golpearlo aún más.
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