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| 10/22/2011 12:00:00 AM

Con el enemigo adentro

SEMANA revela hoy un nuevo paquete de los archivos confidenciales del DAS. La agencia, que será eliminada por el gobierno esta semana, tiene aún secretos aterradores.

Esta semana se le pondrá punto final a uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de Colombia: la corrupción en el DAS. El gobierno ya ratificó que expedirá el decreto para eliminar la agencia de inteligencia creada hace más de medio siglo.

Curiosamente, la palabra que utiliza el gobierno no es liquidar, como se acostumbra, sino "eliminar". Como si el país quisiera borrar por completo y con una sola firma esa especie de engendro que fue creciendo dentro del Estado.

SEMANA presenta en esta edición la segunda entrega de los llamados wikiDAS: la revelación de los archivos secretos de esta central de inteligencia. En la primera entrega se recogieron documentos confidenciales que mostraban la participación de agentes rasos y directores de la agencia en episodios como los dos atentados contra el hoy ministro Germán Vargas Lleras o los ataques al 'zar' de las esmeraldas, Víctor Carranza.

En esta edición se presentan cinco capítulos con nuevas revelaciones de la faceta criminal del que, en teoría, debía ser el órgano de inteligencia fundamental del Estado.

La lectura de los miles de registros de polígrafos, investigaciones de contrainteligencia, resultados de seguimientos e interceptaciones a los que tuvo acceso SEMANA deja una primera impresión: que eran tantos los agentes del DAS metidos en asuntos criminales, tantas las 'manzanas podridas', que por momentos no parece una agencia al servicio del país, sino un brazo del Estado al servicio del crimen.

En los registros hay por lo menos ocho directores seccionales del DAS, que son los jefes de la agencia en cada uno de los departamentos del país, implicados en terribles irregularidades. Casos, por ejemplo, como el de un director seccional que fue puesto por el capo del narcotraficante -que luego se volvió jefe paramilitar- Miguel Arroyave. O el de otro director seccional que se fue hasta Santafé de Ralito para darles una suerte de salvoconducto judicial a cerca de cuatrocientos hombres que integraban los ejércitos de escoltas de los treinta comandantes de las autodefensas.

Llama la atención que ese no parece ser el único cobro que se les hacía a los paramilitares. La zona de despeje se convirtió en un lugar de dádivas de los otrora delincuentes a los agentes del Estado: un escolta de los jefes paramilitares cuenta que les daban regularmente 100.000 pesos de 'liga'; otro, que Mancuso les dio tres millones por una capacitación que el DAS le dio a su gente, y así.

O también está el caso de los técnicos que deciden alquilarles equipos de seguridad estratégica del Estado a narcotraficantes por la módica suma de 1,5 millones de pesos. Eso quiere decir, en otras palabras, que con dinero de los contribuyentes o de la cooperación de gobiernos extranjeros se les está ayudando a los delincuentes a consolidar su imperio criminal.

En un organismo que tiene más de seis mil funcionarios, sin duda es posible que la mayoría tratara de hacer bien su trabajo. No obstante, las cien o doscientas o quinientas 'manzanas podridas', con el poder que les da su investidura estatal, pueden llegar a hacer tanto o más daño al país que las mismas bandas criminales.

Cabe anotar que el hecho de que existieran esos registros de detectores de mentiras y contrainteligencia también demuestra un genuino interés del Estado por ponerles coto a los desmanes y al delito. De hecho, muchos de los documentos datan precisamente de los años 2006 a 2008, cuando fue director Andrés Peñate, quien llegó con toda la intención de ponerle orden a la entidad.

Sin embargo, no fue suficiente. E incluso muchos de los que cometieron algunas de las más serias irregularidades cayeron, como se dice coloquialmente, parados. Algunos dentro de la misma institución y otros, si bien fueron retirados, no tuvieron que enfrentar ningún proceso judicial y hoy gozan de sus grandes o pequeñas fortunas.

Son muchos los registros. Hay participación de agentes del DAS en secuestros exprés por los que cobran dos millones, o también en el secuestro de una australiana. Se pueden leer decenas de casos de chantaje, en los que detectives piden plata hasta a congresistas para cerrar una investigación o para devolver droga incautada. También hay casos de algunos que son miembros de las autodefensas o de la guerrilla. Otros deciden vender los hallazgos de las investigaciones al mejor postor: ya sea a los implicados o también ha ocurrido que estaciones locales de televisión se interesan en grabaciones hechas por el DAS a un alcalde en malos pasos.

En menos de dos semanas se vence el plazo que el Congreso le dio al presidente Juan Manuel Santos para reformar el Estado, y por eso ya no se puede postergar más la decisión, tomada desde hace ya dos años, de acabar con el DAS.

Empezará entonces a operar una nueva Agencia de Inteligencia que solo se encargará de estrategias de seguridad estatales. Mientras que las tareas de protección a personajes públicos y migración pasarán a manos del Ministerio del Interior y de la Cancillería. Casi la mitad de los funcionarios que hoy existen en el DAS -2.300- se van a incorporar al CTI de la Fiscalía General de la Nación.

Un final, sin duda, con más pena que gloria.
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