26 febrero 2011

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Con esos amigos…

DIPLOMACIASe acabaron las preferencias comerciales, el TLC sigue enredado y la ayuda del Plan Colombia bajará en 2012. ¿Por qué trata tan mal Estados Unidos a su mejor aliado?

Con esos amigos…. Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, en la era Santos-Obama, no pueden ser iguales a las de la  época de Uribe y Bush. Ahora prima el pragmatismo sobre la ideología o la química personal.

Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, en la era Santos-Obama, no pueden ser iguales a las de la época de Uribe y Bush. Ahora prima el pragmatismo sobre la ideología o la química personal.

Hace mucho tiempo no llegaban al Palacio de Nariño tantas malas noticias desde Washington. El régimen de preferencias arancelarias, que rige desde hace veinte años, se venció la semana pasada y su renovación -que sería la séptima desde que se inició el programa- se congeló hasta nueva orden. El TLC
sigue enredado en el Congreso y el representante comercial Ron Kirk ha insinuado que su gobierno quiere renegociar el texto firmado hace cinco años y ya aprobado por el Legislativo colombiano, alternativa que el gobierno Santos descarta totalmente. Y en el presupuesto que acaba de presentar la Casa Blanca al Capitolio para 2011, se prevé un recorte de 15 por ciento de los fondos del Plan Colombia.

Semejante panorama no refleja el hecho de que Colombia ha sido el principal aliado de Estados Unidos en América Latina. Durante los gobiernos de Álvaro Uribe el país apoyó iniciativas diplomáticas y militares estadounidenses muy polémicas, como la guerra de Irak, y en medio de una América del Sur gobernada por presidentes que buscaban abrir distancias con Estados Unidos para ganar márgenes de autonomía -bajo el liderazgo de Brasil-,o de un Hugo Chávez acompañado por los países del Alba que combatían abiertamente el "imperialismo", Colombia mantuvo su lealtad con Washington. Incluso pagó un precio en términos de un aislamiento en la región.

Pero se suponía que era un buen negocio. La construcción de una "relación especial" con Estados Unidos aseguraba un aliado militar, político y comercial. Por eso ahora varios analistas consideran que el Tío Sam está dejando colgado de la brocha a su mejor amigo en la región. ¿Qué clase de socio es este? Hay empresarios partidarios de responder con un alejamiento de Estados Unidos y diversificar mercados. Según la revista The Economist, las versiones de que el gobierno Santos buscará la construcción de un canal interoceánico seco con inversión china es un mensaje para Washington en el sentido de que está dispuesto a mirar hacia otros rumbos.

En realidad, el cambio en las relaciones colombo-estadounidenses se debe a razones diferentes a la voluntad política del presidente Barack Obama. La disminución en el Plan Colombia estaba prevista desde sus comienzos, en 2000, y de hecho se ha demorado más de lo que se había anunciado en esa fecha. La aprobación del TLC cuenta con el respaldo de la Casa Blanca, y su bloqueo tiene que ver con la fuerte polarización que existe en Washington entre el gobierno y la oposición, que afecta a una larga lista de temas que nada tienen que ver con Colombia. Y la prórroga de las preferencias arancelarias (Atpdea) se tropezó con una polémica iniciativa, que se le agregó a la ley y que divide al Congreso, para proteger a los desempleados. En los tres casos hay razones puntuales y de política interna, y no existe una decisión global para tratar mal a Colombia o para redefinir las relaciones.

Lo que es un hecho es que el concepto de "relación especial", basado en afinidades ideológicas o en la química personal entre los gobernantes, desconoce la realidad de que la diplomacia en general -y la de Estados Unidos en particular- se mueve por intereses y no por amistades. No es la primera vez que un país que le apuesta a ese esquema con Estados Unidos sale frustrado. Y no se puede perder de vista que las realidades políticas de los tiempos de Uribe-Bush hace rato quedaron atrás.

Si en algo coinciden Juan Manuel Santos y Barack Obama es en su pragmatismo. Unas relaciones más diversas, que le permitan a Santos acercarse a América Latina y al Asia, por una parte, mientras Estados Unidos también amplía su presencia a otros países del continente, les convienen a ambos. Y no son incompatibles con la conservación de lazos bilaterales fuertes. En una subregión con presidentes rabiosamente antiestadounidenses, como Hugo Chávez y Evo Morales, Colombia seguirá siendo la preferida de Washington. Aunque no parezca.
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