Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/09/30 00:00

Con esos amigos...

Consternación en la alta sociedad bogotana por acusaciones de intento de homicidio entre dos de sus miembros. ¿Quién tendrá la verdad en este enredo?

“Un día de junio de 2004 se apareció un hombre desconocido en mi oficina para decirme que Akl le había puesto precio a mi cabeza”

-¿Usted es Alberto Ruiz?

-Sí, ¿quién es usted?

-La persona que contactaron

para matarlo...

El empresario Alberto Ruiz Llano dice que fue de esa manera como comprendió que los desacuerdos con su viejo amigo y socio Camilo Akl habían adquirido una dimensión peligrosa.

La historia, que podría ser una más de las que a diario se oyen en el país, tiene en vilo a la alta sociedad colombiana por la relevancia de sus protagonistas. Camilo Akl es un hombre de negocios que dedicó 30 años de su vida a ser el presidente de la Patrulla Aérea Colombiana. Aunque es abogado y tiene varias especializaciones en el país y en el exterior, se ha dedicado a la cría y comercialización de ganado cebú y de cachama. En alguna época incursionó en los medios de comunicación como importador y distribuidor de películas para cine y televisión, fue dueño de varias salas de cine como el Radio City, Ópera, Libertador, y fundador de las emisoras Bienvenida en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Pero en el mundo de los negocios se le reconoce más por su larga trayectoria en el medio de la construcción.

Alberto Ruiz también es un hombre de negocios. Su familia ha estado vinculada siempre al sector agroindustrial con cultivos de arroz y de flores. Además ha hecho grandes inversiones en el ramo de la construcción y ha participado en el desarrollo de varios condominios, como Aposentos y el club El Nogal, del que su hermano Fernando es presidente. Otro de sus hermanos, Jaime, es un hombre de larga trayectoria en el mundo político, en el que ha sido director de Planeación Nacional, ministro y consejero presidencial. Durante cuatro años, Alberto Ruiz estuvo a la cabeza de la Patrulla Aérea Colombiana y es uno de los socios de Aeroclub de Colombia donde compartía con Akl su pasión por los aviones.

La amistad entre los dos era tan entrañable, que cuando Akl convirtió a Ruiz en socio de sus fincas en el Casanare no hubo firma de escrituras. Se trató de un acuerdo de palabra que, muy pronto, se convertiría en el origen de una disputa judicial. Desde 2003, lo único que tienen en común los dos viejos amigos son las demandas que se han puesto de lado y lado por delitos que van desde hurto y estafa hasta tentativa de homicidio y concierto para delinquir.

El caso es uno de los más enredados que se conozcan. Las acusaciones a diestra y siniestra tienen a los amigos de ambos confundidos, y las versiones de cada uno sobre lo ocurrido -radicalmente distintas- han impedido que la Fiscalía profiera un fallo que esclarezca la verdad:

Para Camilo Akl todo comenzó cuando su amigo Alberto Ruiz le dijo que quería vincularse al Casanare. Según Akl, él le propuso a Ruiz que fuera socio de su fincas 'El Caimán' y 'Las Canarias'y acordaron que le pagaría por partes. No se hicieron papeles porque eran tan cercanos que hasta pena le daba hacerle firmar algo a su amigo. Akl, que poco podía viajar hasta el Casanare por esos días, empezó a oír rumores que decían que Ruiz se estaba apoderando de las fincas. Un día cualquiera fue a la zona y encontró que faltaban cerca de 600 cabezas de ganado que, según él, Ruiz había vendido sin avisarle y que nunca incluyó en las cuentas. Decidió que no podía permitir este tipo de actuaciones y lo demandó por hurto. A todas estas, Ruiz le había pedido que le firmara las escrituras de la transacción pactada verbalmente. Akl, quien le había escriturado 'Las Canarias', la de menor extensión, se negó a hacer lo mismo con la más grande porque Ruiz no había terminado de pagarle.

La versión de Ruiz es totalmente diferente. En 2001, Camilo Akl pasaba por un momento muy difícil: tenía problemas de liquidez y había quedado viudo. La confianza entre los dos -dice Ruiz- le permitió a Akl sugerirle que le comprara las fincas del Casanare, pero Ruiz le dijo que le compraba la mitad para que él pudiera seguir como socio. Como la amistad que los unía parecía indestructible hicieron un negocio de confianza y la firma de escrituras se fue aplazando indefinidamente. Ruiz Llano dice que dos años después de haber pagado todo, de invertir -además- grandes sumas en las fincas y de fungir como administrador de ellas, le pidió a Akl que le escriturara su parte, pero éste se negó. Ruiz sintió que iba a perder toda su plata y, por sugerencia de sus abogados, vendió 430 cabezas de ganado para que quedara acreditada su condición de codueño.

Esos hechos desataron la batalla jurídica que aún no termina: Akl denunció a Ruiz por hurto y Ruiz demandó a Akl por estafa. Mientras se debatían en los tribunales, la historia tomó un giro inusitado cuando Ruiz se acercó a los jueces asegurando que su ex socio lo quería matar.

Según el testimonio de Ruiz Llano, un día de junio de 2004 se presentó en su oficina un señor llamado Alberto Silgado, miembro retirado del Ejército, para avisarle que su cabeza tenía precio. Le contó que Carlos Vela, un amigo de Akl, le había ofrecido una plata por matarlo. Después, según él, se enteraría de que no era el primer plan para asesinarlo sino que meses atrás habían contratado a una gente de Medellín que se voló con 11 millones de pesos de anticipo, sin hacer 'la vuelta'. Silgado, aterrado con la propuesta que le habían hecho, decidió buscar a la víctima para contarle todo.

De inmediato, Alberto Ruiz demandó a su ex socio por tentativa de homicidio, y el mismo Silgado declaró ante la Fiscalía y se prestó para una labor de inteligencia. El día que estaba prevista la cita con Akl, le camuflaron a Silgado equipos de comunicación en el cuerpo para que grabara toda la conversación que tendría con él. Llegó hasta su oficina del Paseo Libertador en el barrio de Chapinero en Bogotá buscando que Akl le confirmara lo que Vela le había propuesto.

En las transcripciones que la Dijin hizo de la conversación grabada en esa celada, Akl, quien no sabía que lo estaban grabando, aclaró que no estaba interesado en asesinar a Ruiz: "Yo le dije a Vela que no me interesaba desde un principio eso" ... "eso es peligrosísimo, güevón, porque... en realidad el único que tiene problemas con él ahorita soy yo". Pero sí hablan de darle una golpiza a Ruiz y de camuflarle un par de kilos de cocaína en su avioneta, avisar a las autoridades y armarle un escándalo en los medios de comunicación.

"Si era darle la paliza -le dice Silgado a quien se supone que es Akl-, bueno para cuadrar lo de la paliza, pues ya estamos ahorita organizando lo otro que usted me dice que es pues pa' meterle lo de esos dos kilitos".

"... Tiene que haber un escándalo o si no, no me sirve", contesta Akl.

También hablan del administrador de la finca en el Casanare que, al parecer, estaba de lado de Ruiz:

"Él (Ruiz) tiene comprado a todo el mundo, pues mientras tanto... por eso necesito salir de ese administrador de allá", dice la persona que se supone que es Akl.

"O sea que llevarle gatillo pues al hombre...", contesta Silgado.

-"No sé si gatillo o desaparecerlo".

Aunque estas conversaciones forman parte del expediente que revisan los jueces, Camilo Akl tiene una versión muy distinta de los hechos. Asegura que un día estaba solo en su oficina cuando aparecieron tres tipos armados que nunca en su vida había visto. Llegaron hablándole duro y preguntándole quién les iba a pagar el trabajo. Akl, desconcertado, les dijo que no tenía idea de qué le hablaban. Los hombres tenían una actitud intimidante que le produjo miedo, y como lo podían matar allí sin que nadie se diera cuenta, les siguió la corriente para tranquilizarlos y averiguar qué pasaba, de qué trabajo hablaban. "Después entendí que me habían hecho un montaje", dice Akl.

Esclarecer la verdad ha sido una tarea cada vez más complicada. En este momento, el casete que según Ruiz contenía la conversación de ese encuentro entre Silgado y Akl no aparece por ninguna parte. Alberto Ruiz sabe que va perdiendo el pleito comercial. Pero lo que más le preocupa es que la Fiscalía, según él, ha sido bastante indiferente frente al contenido del casete: "Hemos presentado todas las pruebas y resulta que ahora dicen que el casete con las grabaciones no aparece. Solicitamos que se expidiera orden de captura preventiva, pero no lo han hecho. Aquí hay un clarísimo tráfico de influencias que ha evitado que se profiera justicia desde hace más de tres años", dice Ruiz.

El defensor de Camilo Akl, Jaime Granados -quien ha sido abogado de distintas personalidades, entre ellas el anterior fiscal general de la Nación, Luis Camilo Osorio- ha esgrimido como principal argumento de la defensa la inexistencia del casete y sostiene que si no aparece es porque no debe existir, "porque todas las acusaciones que recaen sobre mi cliente hacen parte de un montaje infame".

Su contraparte, el reconocido penalista Jaime Lombana, dice que las transcripciones constituyen en sí mismas una prueba porque fueron hechas por la Dijín y porque hay constancia escrita de que le entregó la cinta a la Fiscalía. "Acabamos de poner una denuncia penal porque si no aparece el casete, alguien se lo tuvo que robar. La cinta tendrá que aparecer o la Fiscalía quedará muy mal parada".

Hasta el momento, a ninguno de los dos se les ha encontrado culpables de nada. La Fiscalía los exoneró de los casos que mutuamente se imputaron: precluyó el caso por hurto a favor de Ruiz y precluyeron a favor de Akl los procesos que tenía por estafa y fraude a resolución judicial. Sin embargo, queda pendiente el capítulo más sórdido de esta historia. Es a la Fiscalía a la que le corresponde establecer la verdad y desenredar esta historia que tiene desconcertada a la alta sociedad colombiana.

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