Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/07/05 00:00

Con La Marsellesa

Íngrid Betancourt llegó a Francia en medio de honores jamás dispensados a un ciudadano privado. Su dimensión ha llegado a la de superestrella mundial.

Cuando Íngrid apareció en la puerta del avión, los francese s ovacionaron a una heroína que habían idealizado durante tantos años de secuestro

La llegada a Francia de Íngrid Betancourt, a bordo de un Airbus de la Presidencia de ese país, tuvo las características de una apoteosis. Pocas veces, por no decir nunca, un Presidente recibe a una persona que no posea un alto cargo oficial al lado de la escalerilla. Pero eso fue precisamente lo que hizo Nicolas Sarkozy en la base aérea de Villacoublay, cerca de París, junto con la primera dama, Carla Bruni, y una gran delegación de personalidades de su gobierno.

Íngrid, que tiene nacionalidad francesa además de la colombiana, cautivó desde el primer momento a ese país, que había seguido minuto a minuto su secuestro y que la había convertido en una nueva versión de su heroína nacional, Juana de Arco.

Acto seguido la esperaba una lujosa recepción de bienvenida en el Palacio del Elíseo. Decenas de meseros desfilaban con bandejas llenas de pasabocas, copas de champaña y otras bebidas. Los asistentes, impresionados, sostenían que en Francia nunca se había hecho un recibimiento así, y la cantidad de periodistas de todas partes del mundo lo comprobaba.

Los más emocionados eran los integrantes de los diferentes comités de apoyo que durante los seis años de cautiverio hicieron un gran trabajo para concientizar a Francia sobre su secuestro. Sus campañas tuvieron tal éxito, que en la actualidad Íngrid es ciudadana de honor de más de 1.700 municipios del país, empezando por París, a cuyo alcalde, Bertrand Delanoe, quien estaba en la recepción, Íngrid no paró de hacerle guiños de agradecimiento. Terminada la recepción, Delanoe la condujo hasta el Hotel de Ville, sede de la Alcaldía, para descolgar la pancarta que pendía de la fachada y que contabilizaba los días que llevaba secuestrada. "Usted significa la libertad", le dijo en esa curiosa ceremonia.

La gran mayoría de los miembros de los comités, identificados con camisetas amarillas, nunca la habían visto en su vida y en cuanto la vieron subir a la tarima, no pararon de aplaudir, gritar y tomarle fotos. "No la conocía, pero es tal cual como yo me la imaginaba", contó a SEMANA muy excitado Armand Burguet, un belga de unos 55 años que creó la Federación Internacional de los Comités y a quien Íngrid dio un abrazo inmenso en el aeropuerto.

Pero para la mayoría de los franceses Íngrid tiene la categoría de un mito que desconocen en el fondo, a pesar de que no han parado de oír acerca de ella en los últimos seis años. Sólo ahora parecen estar descubriendo la realidad detrás de la leyenda, una mujer más valiente de lo que se imaginaban, con una capacidad de expresión que los tiene muy impresionados, pero también a una mujer creyente y piadosa.

Este, al fin y al cabo, es un país muy laico y para los franceses es difícil entender cómo ella no ha parado de hablar de Dios y de rezar desde cuando fue liberada. El político chileno-francés Sergio Coronado, quien hace poco escribió un libro sobre la vida de Íngrid, asistió en la mañana del viernes a un programa en la televisión francesa donde se debatía si Íngrid era una 'santa'. "Esto es un malentendido más que hace tergiversar la opinión que se tiene de Íngrid en Francia", dice Coronado.

Y es que en Francia, además de 'santa' quieren verla como la nueva Juana de Arco. "Los medios son los que buscan esos apelativos, pero su verdadera imagen es la de una mujer política con una visión más elevada. Una especie de Nelson Mandela", explicó Muriel Derouet, el fundador del comité de París.

El futuro de Íngrid también estaba sobre el tapete en París. "Es muy temprano para pensar qué hará con su vida, pero lo cierto es que podría hacer política en Colombia o en Francia, donde quiera", dijo Derouet. Sin embargo, muchos franceses decían que debería ocupar un cargo en la Unión Europea, pues desde allí podría ayudar a divulgar la situación de Colombia y buscar soluciones hacia la paz. Otros, menos enterados de la fuerza de sus convicciones, se preguntaban qué necesidad tiene de volver a poner su vida en peligro haciendo política en Colombia. Y la mayoría se preguntaba si podría llegar a ser presidenta de Colombia.

Sarkozy parece pensar que sí. La trató como una igual, como si de otra estadista se tratara. Lo comprueba la manera como se dirigió a ella, como la escuchó y como le contestó de inmediato cuando Íngrid le pidió el favor de que trajera a Francia a los secuestrados que habían sido liberados con ella, y a los que quedaban en cautiverio, para terminar sus estudios. Ella lo entendió de inmediato y supo manejar un discurso conmovedor y efectista que logró traer al Presidente francés a su terreno para comprometerlo a que siga luchando para la liberar a los demás secuestrados. "Usted tiene que ir a hablar con Uribe", le dijo

"Más que agradecerle, lo que buscó fue comprometerlo con su causa", dijo un allegado que la conoce bien y prefirió no dar su nombre. Y a Sarkozy no le quedó otra opción que estar de su lado y apoyarla en todo lo que le pidió. Al fin y al cabo, la liberación de Íngrid le ha hecho ganar algunas indulgencias del pueblo francés, luego de haber perdido buena parte de su apoyo en los último meses.

Y es que si bien es cierto que en Francia se le ha criticado porque no tuvo nada que ver con la operación de rescate, también se le reconoce que hizo todo lo que estuvo a su alcance para liberarla. "Para los franceses lo más importante es la liberación de un rehén, así haya que pagar", lo había dicho a SEMANA hace unas semanas la periodista Florence Aubemas, quien estuvo secuestrada en Irak y el viernes estaba en el Eliseo para saludar a Íngrid. Y es por eso que los rumores que corren de que se habría pagado una alta suma de dinero sobre su liberación, y sobre la que todo el mundo comentaba en el Elíseo, no se han convertido en un escándalo.

A los colombianos invitados les llamó la atención que hubo muy pocas referencias, por no decir mínimas, al gobierno colombiano, al Ejército y al presidente Álvaro Uribe, en contraste con la actitud de los analistas y los periodistas franceses, que no han dejado de alabar la operación de rescate y la audacia del Presidente colombiano para llevarla a cabo. "Hay que entenderla, todavía está en la Luna", dijo alguien que la conoce. Y es entendible. En 48 horas Íngrid pasó de estar prisionera en la selva a ser recibida con todos los honores en uno de los palacios presidenciales más importantes del mundo. Y la lista de honores no termina, pues parece seguro que acompañará a Sarkozy en el desfile del 14 de julio, el día nacional de Francia.

Lo que está por fuera de toda duda es que el Presidente francés seguirá utilizando la imagen de Íngrid hasta donde pueda. Al fin y al cabo la necesita tanto que hasta parece habérsele olvidado que Francia ejerce la presidencia de la Unión Europea desde el lunes pasado y que esa es la razón, y no la presencia de Íngrid, de que París esté llena en este momento de banderas de Francia y de la Unión Europea. Y por su parte, el pueblo francés seguirá descubriendo a esta mujer que los había cautivado aun antes de conocerla.

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