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| 9/9/1985 12:00:00 AM

CON NADADITO DE PERRO

En la recta presidencial, el interrogante "si no es Barco, ¿quién?" vuelve a adquirir vigencia.

Con nadadito de perro, Virgilio Barco Vargas logró finalmente obtener lo que había venido persiguiendo durante los últimos 15 años: la candidatura oficial del Partido Liberal. Y la obtuvo en condiciones muy diferentes a las que se podían vislumbrar para una candidatura suya hasta hace poco tiempo. Siempre se esperó que, para ser candidato, Barco surgiera como resultado de una decisión del Olimpo del Partido Liberal, encabezado por la gran prensa y los Lleras, que le sería impuesta al aparato oficialista. Se daba por descontado que sin este apoyo, Barco jamás alcanzaría la nominación. Paradojicamente, cuando lo tuvo hace 4 años, se hundió. Y cuando todo el mundo creyó que su carrera política había terminado, como el ave fénix resurgió de las cenizas.
Juiciosamente, durante muchos años el ex alcalde esperó su turno siguiendo una a una todas las etapas del ritual, que terminaban invariablemente en la Embajada en Washington. Barco tiene una de las hojas de vida más brillantes que aspirante alguno a la Presidencia pudiera presentar. Contrario a la convicción popular combina lo político con lo administrativo. No ha hecho sino hacer política desde que tenía 22 años. Paradójicamente, nunca ha trabajado en el sector privado, aún cuando su imagen es la de un hombre de empresa paracaídista en política. Sus gestiones al frente de innumerables cargos públicos han sido invariablemente consideradas exitosas, especialmente el Ministerio de Agricultura y la Alcaldía de Bogotá, que fue la que le dio el sello de "bulldozer administrativo" y la calificación definitiva para convertirse en presidenciable. Sin embargo, después de la Alcaldía su carrera perdió impulso y, lo que es peor aún, cuando llegó el turno de su candidatura, habían cambiado las reglas del juego, y la clase política, que ya no creía en las imposiciones, había dejado de creer también en los turnos. La fila india se había terminado con Julio César Turbay.
En 1981, el surgimiento de las candidaturas de López Michelsen y Luis Carlos Galán, dejó a Barco en una posición muy precaria. El oficialismo le reclamó falta de lealtad por no asistir a la Convencion de Medellín. Y sus seguidores, principalmente los lleristas, le criticaron su falta de pantalones y se volcaron, en forma entusiasta, hacia la candidatura de Galán. Barco pareció haberse quedado sin el pan y sin el queso.
No obstante este revés y después de la derrota liberal en el 82, el ex alcalde decidió, arrancando de cero, buscar una vez más la candidatura. Pero en esta oportunidad, le iba a tocar, a pulso, recorrer un camino diferente. Alberto Lleras, su creador desde los inicios del Frente Nacional, se había marginado totalmente de la actividad política, y no movió un dedo hasta que la candidatura fue un hecho. Carlos Lleras, otro de sus mentores, ante el hecho cumplido del fenómeno Galán, discípulo dilecto del llerismo, había comenzado a perder el entusiasmo por su ex alcalde y a navegar entre dos aguas. El Tiempo, temeroso de volver a quemarlo, pasó a distribuir sus afectos con Galán hasta el mes pasado, cuando éste abrió fuego contra el matutino. El Espectador, como Carlos Lleras, optó por una neutralidad que hasta ahora no ha sido rota. A esta falta de apoyo categórico por parte de sus patrocinadores de toda la vida se sumaba el silencio de López, apenas interrumpido por la profética frase "si no es Barco, ¿quién?"
Todos en el fondo creían que iba a ser candidato, pero ninguno parecía dispuesto a meter el hombro de primero. Por una de esas ironías de la vida, la clase política, que cuatro años antes lo había vetado, paso a considerarlo su única alternativa. Conscientes de que la maquinaria sola ya no daba para un triunfo, vieron en Barco un hombre cuya imagen podía no sólo sumar un electorado independiente para la victoria, sino hacer factible un decoroso regreso de Galán al redil. Turbay, sin hacer ningún pronunciamiento público, le dio su tácita bendición a lo que todo el mundo consideraba la alternativa más realista para el 86. Por inercia, Barco se consolidó como el candidato oficial del partido.

SI, PERO...
De Barco siempre se había dicho que podía ser un mal candidato, pero un gran presidente. La primera parte del pronóstico se ha cumplido plenamente. Como candidato o precandidato no ha salido bien librado en ninguna de sus apariciones públicas. Sus discursos, no obstante estan mejorando gradualmente, se enfrentan a la limitación de ser invariablemente leídos en un país de improvisadores. Esta falta de espontaneidad es aún más grave en un medio en donde la televisión juega un papel cada vez más importante en las campañas electorales. Barco, en medio de intensas críticas, prudentemente ha evitado al máximo este medio y se ha negado sistemáticamente a cualquier enfrentamiento con cualquiera de sus posibles contendores. Los barquistas argumentan, con cierta razón, que una cosa es la precandidatura y otra la candidatura. La primera etapa, la de la "convergencia", exigía la cautela de un gato entre porcelanas y esa ha terminado exitosamente no obstante las críticas. Al fin y al cabo, se impusó sobre los otros candidatos del oficialismo. Para la segunda etapa, y como candidato oficial, se anuncia un cambio de estrategia acorde con las nuevas circunstancias: "la acción" que todo el mundo le reclama está diseñada para la recta final, afirman los barquistas .
La recta final no va a ser fácil. Barco, quien hasta hace poco tiempo era un hombre con imagen y sin maquinaria, hoy se encuentra en la posición contraria: sin imagen y con maquinaria. Su imagen la fue perdiendo en la medida en que se lo acusaba de entregarse a la maquinaria. El cargo es ingenuo, porque es imposible ser candidato oficial de un partido sin el apoyo de su maquinaria. Más aún, es imposible ganar las elecciones sin todo el engranaje. Si Luis Carlos Galán llega a la Presidencia de la República en 1990, no será por haber derrotado a los caciques, sino por haber ganado su favor, convenciéndolos de que es la mejor opción de triunfo.
Sin embargo, contar con el favor de la maquinaria no significa necesariamente contar con el fervor de los militantes. El hecho es que el Partido Liberal está apático. El buey cansado de que hablara en alguna ocasión el ex presidente Lleras Restrepo, se ve hoy más cansado que nunca. Pese al desgaste del gobierno a que teoricamente esté en la oposición, y a que acaba de aprobar una plataforma de avanzada, el Partido Liberal no es percibido con entusiasmo como una vigorosa alternativa. De esto no es culpable Barco, pero si a la apatía del partido se agrega la frialdad del candidato, la contienda que se perfila no será un camino de rosas, menos si se tiene en cuenta que el liberalismo está dividido.
No obstante este desalentador panorama, los observadores políticos consideran que es probable que el próximo Presidente de Colombia sea Virgilio Barco Vargas. El famoso interrogante "si no es Barco, ¿quién?' que nadie pudo contestar cuando estaba luchando por su candidatura, podría volverse a plantear ahora que está luchando por la Presidencia. Cuando era un pasatiempo nacional criticar a Barco como precandidato, nunca nadie pudo producir un nombre distinto entre el oficialismo que tuviera más posibilidades de ganar que él. Barco podra no ser perfecto, pero electoralmente era mejor Espinosa, Otto Morales, Alvaro Uribe e inclusive Durán Dussán. En una etapa de transición entre el voto de maquinaria y el voto independiente, Barco seguía siendo el único con un pie en cada una de las dos orillas.
Superada la etapa de las precandidaturas, el "si no es Barco, ¿quién?" se plantea ahora frente a dos nombres concretos: Alvaro Gómez Hurtado y Luis Carlos Galán. El primero está enfrascado en una campaña que, por decir lo menos, produce la misma frialdad entre sus copartidarios que Barco en el liberalismo. Después de la triunfal llegada por Barranquilla, la candidatura Gómez se desinfló. Sus posibilidades de triunfo ya no dependen sino de la división del Partido Liberal. Galán, que es el único que despierta fervor y entusiasmo entre el electorado, no parece tener opciones reales de victoria. Su imagen, la más consolidada de las tres, no necesariamente se puede traducir en votos. Además de todo esto, el liberalismo tiene su liturgia: su convención, sus ex presidentes, su prensa que, una vez ungido el candidato, entran a acompañarlo. Todos estos elementos, aún en las circunstancias actuales tienen considerable impacto sobre los fieles. Un buey, por más somnoliento que esté, sigue siendo un animal grande. De ahí que con su nadadito de perro, vadeando la corriente, Barco tiene buenas posibilidades de ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño.

GUSTAVO VASCO MUÑOZ
Antioqueño, 59 años, abogado de la Nacional y máster en Ciencias Políticas en París, es considerado, en caso de una victoria barquista, como el futuro poder detrás del trono. En la actualidad, salvo en lo financiero, tiene acceso a todos los departamentos de la campaña y en lo específico es el último mortal que revisa los discursos antes de la aprobación de Barco.
Militante en el Partido Comunista en su juventud, estuvo preso durante el régimen de Rojas y se matriculó después en el MRL. Pero canceló sus días de comunista de carné, para vincularse al grupo Santodomingo donde fue pieza clave del engranaje, hasta hace un par de años cuando salió por desaveniencias con Carlos Cure. Mientras estuvo en el grupo hizo gala de su habilidad para manejar juntas y asambleas, de su sagacidad y de su inmensa tranquilidad. Su aspecto campechano descomplicado, le facilita la aproximación con la gente y se calcula que, en caso de una eventual presidencia de Barco, dado también su pasado en la izquierda, jugaría un papel clave si hay contactos con la guerrilla. Concuñado del nortesantandereano Jorge Gaitán Durán, uno de los más caros amigos de Barco, de este vínculo nació su vieja amistad con el candidato, a quien acompañó en su gestión como alcalde bogotano y ministro de Obras Públicas y Agricultura. Tentado por Betancur para que le colaborara, este viejo y curtido zorro de la actividad privada rechazó la dirección de Colcultura, mientras aprovechó el tiempo para aplicar sus dotes en consolidar, básicamente ante el sector privado las bondades de una candidatura de Barco propósito que nadie cuestiona que cumplió a cabalidad.

PEDRO GOMEZ BARRERO
Bogotano, 55 años abogado del Colegio Mayor del Rosario amable, inmaculadamente vestido, cortés y de finos modales es considerado uno de los hombres más respetados del sector privado colombiano.
Ha sido asesor de varias personalidades colombianas, desde cuando acompañó a Barco en la planeación de su gobierno para Bogotá y luego en el diseño del plan vial de la ciudad. Fue el hombre que trazó el recorrido de la avenida de los Cerros que acaba de ser inaugurada. Considerado un visionario del desarrollo urbano, su carrera como urbanizador comenzó, después de un breve intervalo como juez, al lado de Fernardo Mazuera Villegas, quien lo nombró gerente fundador de una de sus empresas. Posteriormente se independizó y llegó a formar uno de los grupos constructores más importantes del país. Su creación de Unicentro cambió el concepto urbanístico y comercial en varias ciudades.
Retirado hace poco del manejo activo de sus empresas, dedicó hasta comienzos de este año la mayor parte de su tiempo a obras de carácter social, como la fundación Compartir que soluciona problemas de vivienda, y a la capacitación de microempresarios. Durante este año el 90 por ciento de su actividad lo ha concentrado en la campaña barquista, donde se desempeña como presidente del comité financiero, cumpliendo un compromiso adquirido con Barco de acompañarlo hasta su candidatura. Ponderado, de gran sentido común, pragmático y realista es considerado un hombre con el don del consejo. Su única aspiración, sostiene, es colaborar para que "Colombia vuelva a ser agradable y puedan hacerse otra vez inversiones como las que a mí me gustan".

EDUARDO MESTRE SARMIENTO
Santandereano, 48 años, ingeniero civil de la Universidad Nacional de Medellín y especializado en riegos y drenajes en México, es el pilar político barquista en un equipo donde hay claro predominio de la clase política. Columnista del periódico Vanguardia Liberal y ex senador de la República, fue con Rodolfo González el único aspirante liberal que lanzó listas en el 82 sin apoyar a López o a Galán, pero fue también el único que se hundió. Mestre en el barquismo es responsable de dos grandes sucesos políticos en los últimos cuatro años: fue quien aconsejó y defendió ante la cúpula de su grupo el retiro de la candidatura de Barco hace cuatro años, y fue quien coordinó la asistencia de 57 parlamentarios a la primera reunión política de Barco en la presente campaña, donde quedó establecido que esa candidatura tenia suficiente oxígeno. Cuando se desempeñó a mediados de los 60 en el Incora y la Caja Agraria, conocio a Barco y consolidó después una amistad que llega al grado de confianza de ser uno de los poquísimos que le conoce el mal genio al candidato sin que ello haya afectado la relación. Se dice que Barco jamás se desahoga tan espontáneamente como con él. Lopista en el 74, en el 78 perdió su curul en la Cámara por oponerse al Consenso de San Carlos y luego negarse a adherir a Turbay. Informal, festivo, de intensa actividad social, tiene un sentido del humor permanente y con frecuencia punzante . Dice que su oficio es convencer y se le da como seguro ministro si Barco triunfa. Tenista ocasional, Mestre es ya casi un experto en informática y en su computador hace cuanto cálculo necesita. Ese computador, según dice, arroja invariablemente resultados que dan a Barco como triunfador en las elecciones del 86.

JULIO CESAR SANCHEZ
Cundinamarqués, 51 años, abogado de la Universidad Gran Colombia, su estirpe política es la del clásico llerista. Descomplicado, conversador, alegre, de buen sentido del humor, coordinó la campaña barquista hace cuatro años y se hundió con él cuando naufragó la candidatura. Por insinuación del propio Barco fue nombrado al principio de la actual administración, gobernador de Cundinamarca y sus allegados presumen que no le disgustaría nada ser Alcalde de Bogotá. Es una aspiración incubada desde su participación como "hombre orquesta" de Barco, durante su mandato distrital, cuando se desempeñó como Alcalde interino, titular de la Secretaria de Hacienda y encargado de las Empresas de Teléfonos, Transporte, Edis, pero especialmente como figura fuerte de un Concejo dominado por la Anapo y que terminó por marcharle al Alcalde liberal. Ese manejo hizo que Barco dijera de Sánchez que era como él: manzanillo en el Concejo y técnico en la administración. Secretario de prensa de Lleras Camargo, ex concejal de Bogotá, suplente de Lleras Restrepo a la Asamblea de Cundinamarca en 1974 y representante a la Cámara en el 78, acaba de fundar con miras a las parlamentarias del próximo año, el movimiento "Convergencia Liberal", donde aspira a concentrar a lopistas, lleristas supérstites y galanistas en retiro. Gran Señor de Anapoima, convirtió esa región en el veraneadero in de los bogotanos. Responsable del resultado barquista en Cundinamarca y Bogotá en las próximas elecciones, regiones en las que coordina la campaña, Sánchez es el hombre del candidato que goza de mejor prensa, como ya se demostró mientras fue gobernador.

FERNANDO REY URIBE
Bogotano, 45 años, ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes y especializado en Texas, fue el secretario más joven del equipo de Barco durante su alcaldía. Fue también el más dogmático de todos, al punto de considerársele intransigente en la defensa de sus puntos de vista. Ahora, aun cuando sigue haciendo sentir sus criterios, se dice que 19 años de mundo le han atemperado el carácter, sin que pueda decirse que sea el rey de la simpatía. Conoció a Barco cuando se posesionó como su subsecretario de Obras a los 26 años y adelantó la más vertiginosa carrera entre los colaboradores, hasta convertirse en titular de esa Secretaría y Alcalde encargado. Con el tiempo afianzó su amistad con el candidato y la consolidó en los dos años que estuvo a su lado en Washington, como ministro plenipotenciario de la embajada. Casi todos los días, cuenta, hablaron durante esos dos años de la situación del país y de la estrategia política para una campaña presidencial, la que se adelantó sin fortuna en las elecciones pasadas y que al fracasar devolvió a Rey a su actividad profesional. También volvió a su pasatiempo favorito: cultivar y fotografiar rosas. Se define como "líbero" en la actual campaña, taponador de cuanto vacío encuentre y responsable de los programas especiales del candidato. Es considerado también como uno de los ministeriables fijos. Casado con la politóloga y abogada Esther Lozano Simonelli, hermana de Fabio Lozano y una de las analistas claves del momento político del país dentro del barquismo. Este matrimonio de técnico y política, en caso de un triunfo de Barco, se calcula que será una de las parejas más influyentes en Colombia durante el próximo cuatrenio.

CARLOS ESCOBAR BARCO
Primo del candidato, economista de 47 años, miembro de la Bolsa de Bogotá, es el familiar más cercano al candidato. Es, en cambio, cordialmente distante con todos los que integran el equipo de su campaña. Sólo a él le expresa Barco sus criterios sin maquillajes ni reservas. De una lealtad insobornable hacia su primo, se dice que es quien aconseja y, cuando se requiere, maneja las inversiones y los negocios privados de Virgilio. Clubman, polista y tenista, tiene fama de ser superrecto y de exigir siempre que sus interlocutores vayan al grano. Socio de Corredores Asociados, ajeno por completo a la actividad política, nadie lo vislumbra como futuro funcionario barquista, pero también nadie duda que seguirá siendo el depositario único de los secretos de Barco, sea o no presidente. De puntualidad inglesa,tal vez es más británico en su impecable forma de vestir y en su señorio. Como concesión excepcional hacia su primo, Escobar aceptó participar en el Comité de Finanzas de la campaña. Pero fiel a su tendencia austera y distante, se comenta que lo fundamental de sus apreciaciones sólo y directamente se las transmite a Virgilio. Reacio por completo a figurar, se estima que a partir del 7 de agosto próximo, si Barco se cruza la franja de presidente, Escobar será más silencioso y distante que lo que fue hasta ahora. Algunos aseguran que se limitará a ser el fideicomisario de su primo.

GUERRA ES GUERRA
24 horas antes de que Virgilio Barco fuera ungido como candidato oficial del Partido Liberal, se presentó el único episodio que hubiera podido empañar la ceremonia oficialista. Bernardo Guerra Serna, el gran elector antioqueño, amenazó con no asistir a la Convención, tildando de elitista la campaña de Barco y afirmando que no había garantías suficientes para la clase dirigente del Partido Liberal. En la práctica, esto lo que quería decir era que Guerra Serna deseaba ocupar una posición directiva a nivel nacional en la campaña y al mismo tiempo presionar para que el candidato fuera entendiendo que aspiraba al control burocrático del departamento durante la próxima administración. No es la primera vez que el "indio" Guerra -como él mismo se autodefine- intenta poner en relieve su poderío electoral, aplazando hasta el último minuto su adhesión con algún gesto dramático, para robarse el show y pisar firme.
Poderio electoral indiscutiblemente tiene. Guerra, afirma que cuenta con 400 mil votos, pese a que en la última elección presidencial su cauda no ascendió a más de 180 mil. El hecho es que cualquiera de estas cifras lo confirman como el primer cacique electoral del país.
Y su poderío pesa. En 1978, cuando existían grandes incógnitas sobre quién ganaria la candidatura entre Lleras Restrepo y Turbay Ayala, la cosa quedó definida para los conocedores de la mecánica, cuando Guerra, a último momento como siempre, puso su nombre del lado de Turbay. Cuatro años más tarde, cuando la segunda candidatura de López estaba de un cacho, Guerra Serna también hizo valer sus votos, adhiriendo solamente unos días antes de la Convención.
La posición de Guerra tiene sin embargo mayores alcances que sus simples apetitos burocráticos. Representa el dilema al que se enfrenta Barco de limpiar su imagen como candidato en las garras de los gamonales, sin ofender a las personas de cuyos votos inevitablemente depende. Guerra ejemplifica este dilema ya que es el símbolo del gamonalismo que todo el mundo quiere ocultar en la campaña Barco, y al mismo tiempo el hombre de más votos en el Partido Liberal.
La víspera de la Convención, en una primera medición de fuerzas, se reunió con Barco, exigiéndole que le garantizara una respuesta adecuada a su fuerza, tanto en la campaña como en el gobierno si quería verlo en la Convención. Barco le respondió que no podía garantizar nada, particularmente en situaciones hipotéticas. Sin embargo la entrada triunfal de Guerra y sus delegados al recinto de la Convención, 24 horas después, hace pensar que alguna transacción no pactada tendría lugar en cuanto al papel del jefe antioqueño.
De la manera como Barco maneje estas difíciles situaciones en adelante, dependerá en gran parte el éxito del candidato oficial. Como dato curioso el principal argumento que presentaba Guerra en su sutil chantaje, era que no iba a permitir que lo ignoraran una vez más y que le dieran el garrote que le han dado López y Turbay en sus admimstraciones.
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