Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/12/12 00:00

Con nadadito de perro

En medio de grandes dificultades, Rafael Pardo le está dando credibilidad a una campaña en la cual pocos creían.

Juan Manuel Galán, Simón Gaviria y David Luna expresaron su apoyo a la candidatura presidencial de Rafael Pardo. El Partido de hoy se enfrenta al dilema de haber renovado sus cuadros pero sin contar con los votos que, hasta antes de que Uribe llegara al poder, le sumaban los caciques tradicionales

El Partido Liberal se enfrenta a la próxima elección en la posición más débil de los últimos 80 años. Hasta cuando llegó Álvaro Uribe al escenario, el liberalismo sólo había perdido la Presidencia cuando se dividía. Así fue lo que sucedió en 1946, cuando Ospina Pérez le ganó a Gaitán y a Gabriel Turbay, y en 1982, cuando Belisario le ganó a López y a Luis Carlos Galán.

Con la irrupción de Álvaro Uribe en el panorama, Horacio Serpa perdió dos veces la Presidencia. La disidencia del partido de la U fue menos transitoria que las anteriores. Y al convertirse esa disidencia en mayoría, el oficialismo liberal pasó a ser el tercer partido de Colombia. Algo que habría sido considerado impensable hasta el final del siglo XX.

En esas circunstancias, Rafael Pardo recoge el trapo rojo en la actualidad. Este fin de semana, el Congreso Liberal le agregó a su condición de candidato la de jefe único del partido con plenas facultades.

Nadie espera que Pardo sea el próximo Presidente de la República. El comentario general es que es frío y no despierta entusiasmo. Todos los que lo conocen creen que tiene las cualidades para ser el jefe de Estado de Colombia, pero para que pueda llegar a ese cargo se necesita que piensen lo mismo quienes no lo conocen. Y eso, hasta ahora, no ha sucedido.

En medio de este melancólico panorama y ante las pocas expectativas que existen, la candidatura de Rafael Pardo está cogiendo cuerpo. Él puede ser no muy carismático, pero es un hombre muy serio. Y la seriedad, como la justicia, cojea pero llega.

Esta respetabilidad ha hecho que una candidatura que en un momento dado pudo haber sido considerada un chiste, esté siendo vista como el primer paso hacia una resurrección. Paradójicamente, el liberalismo, que durante décadas fue un sindicato de caciques sin mayor ideología, es en la actualidad una corriente renovadora con pocos votos. La mayoría de los caciques liberales está hoy en la U, cuya única bandera ideológica es uribismo con Uribe o sin Uribe. El liberalismo hoy día, mal que bien tiene fuertes banderas de oposición como el rechazo a la presencia de militares norteamericanos en las bases colombianas. Pardo y el ex presidente Samper han sido firmes opositores a esta iniciativa desde el principio y César Gaviria, quien mostró entusiasmo en un comienzo, hoy está pasando de agache.

Y no menos paradójico es que los disidentes de antaño -que eran en el fondo el 'galanismo'- se han convertido en el oficialismo. Al cierre de esta edición la noticia política era que Simón Gaviria, Juan Manuel Galán y David Luna, antiguos símbolos de la renovación, pasan a convertirse en símbolos de nuevo oficialismo. Y el poder de esa nueva condición se comienza a ver cuando una precandidata liberal del calibre de Cecilia López renuncia a su aspiración al Congreso denunciando a Rafael Pardo y a su grupo de estar montando una rosca excluyente.

Rafael Pardo enfrenta ahora un dilema tan complicado como el de Barack Obama frente a la guerra de Afganistán. En Estados Unidos la mitad de los ciudadanos quiere enviar más soldados a esa contienda y la otra mitad quiere el retiro total de las tropas. En el Partido Liberal la mitad quiere irse hacia la izquierda y la otra mitad hacia el centro-derecha, eufemísticamente llamado 'centro'. Caminar en esa cuerda floja no va a ser nada fácil, como no fue para Barack Obama enviar 30.000 soldados adicionales a Afganistán. En todo caso, muchos van a quedar descontentos con cualquier decisión a que se llegue.

En el fondo, esa disyuntiva consiste en elegir con quién podrían hacer los liberales una consulta interpartidista. Si la hacen con el Polo Democrático, sería acercarse más a la izquierda que es la órbita política de Ernesto Samper; si la hacen con Cambio Radical, sería acercarse al centro derecha, que es el terreno de César Gaviria. En todo caso, no puede ser simultáneamente con ambos porque los dos extremos se vetan mutuamente. "Si se trata de una consulta en donde esté incluido el Polo Democrático Alternativo, difícilmente yo haré parte de la misma", insistió Germán Vargas la semana pasada.

Pardo trata de solucionar este impasse diciendo que la consulta interpartidista será con Cambio Radical y que la unión con el Polo vendría después de la primera vuelta. Ese arreglo es más fácil en la teoría que en la práctica. En todo caso, lo más probable es que la primera medición de fuerzas sea con Vargas en un incierto mano a mano. Este último tiene más carisma, pero su partido ha sido desmantelado por el uribismo. Pardo, por su parte, no sólo cuenta con más congresistas, sino que además su supuesta frialdad está siendo reemplazada por respetabilidad. La fórmula con la que decidirían medir sus fuerzas sería la que establece la reforma política aprobada este año, que consiste en hacer una consulta abierta entre los dos candidatos el mismo día de las elecciones parlamentarias. El que salga triunfante contaría con el apoyo partidista de su contendor.

El enfrentamiento con Germán Vargas no es el único al que tendría que medirse Rafael Pardo si llega a ganar la consulta interpartidista. Su plan de batalla es derrotar a Gustavo Petro en la primera vuelta para que el Polo Democrático se sume a él en la segunda. Esta victoria tampoco es automática. El Polo a veces produce sorpresas, como la que se dio en 2006 cuando Carlos Gaviria quedó de segundo superando a Horacio Serpa. .

En lo que todo el mundo está de acuerdo es en que si Pardo gana una consulta interpartidista con Cambio Radical, adquiriría una dimensión que hoy no tiene. Y si después de eso derrota a Gustavo Petro, podría llegar a ser un candidato viable. Pero falta mucho para que se superen esas dos etapas. Por ahora lo que ha quedado claro es que el hombre monosilábico y sobrio que no impresionó a nadie con 376.000 votos obtenidos en la consulta liberal comenzaría a ser visto como el jefe capaz de avanzar en la reconstrucción de su partido.

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