Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/08/16 00:00

Con el pie Izquierdo

María Izquierdo representa mucho de lo bueno y lo malo de la clase política colombiana. Como a Carlos Ossa, le llegó la mala hora.

Con el pie Izquierdo

EN UN MEDlO DONDE LOS hombres mayores y los viejos zorros son los protagonistas comunes de la política, y donde las mujeres tradicionalmente han ocupado un lugar relativamente marginal, María Izquierdo nunca ha pasado inadvertida. Se trata de una de las parlamentarias más conocidas del país, no sólo porque detrás de su frágil figura se esconde un temperamento fogoso sino porque se ha convertido en el símbolo de todo lo bueno y todo lo malo de la clase política tradicional. Esta senadora elocuente, vehemente y combativa ha librado cuanta batalla se ha presentado en aras de las causas que defiende. Y éstas últimas se pueden resumir en una sola: tener satisfechos y contentos a sus electores para que la vuelvan a elegir.
Nadie espera de María Izquierdo sapientes debates sobre hacienda pública, a pesar de que es una mujer muy inteligente. Su escuela es más la de la vida que la de los libros, y su causa no es tanto la de las ideas sino la de su gente. Por sus electores de Boyacá y de Casanare ha movido cuanta palanca existe. Durante sus 13 años de vida parlamentaria, todos los ministros le han temblado. Muchos afirman que su voracidad burocrática no tiene límites y que su slogan en materia de puestos parece ser que "la constancia vence lo que la dicha no alcanza". A nivel de los centros del poder en Bogotá, María lzquierdo es el símbolo del clientelismo. Pero a nivel de su electorado, es una luchadora infatigable que trata de ayudarles y cumplirles, no tanto con las grandes cosas que necesita el país sino con las pequqñas que necesitan ellos. Y este, que es un servicio poco reconocido a nivql nacional, es invaluable a nivel local.
La semana pasada, María Izquierdo volvió a acaparar la atención del país, pero no precisamente por encender y avivar, como es su costumbre, los más duros debates en el congreso. Esta vez, el noticicro AM-PM la acusó de servirse del periodista Alvaro Almanza para ofrecer un soborno a uno de sus reporteros con el fin de impedir que saliera al aire un informe que la involucraba en un caso de tráfico de influencias con la empresa Mineralco. El informe del noticiero afirma que Almanza habría intentado comprar el silencio del reportero e impedir que el asunto saliera a la luz pública y, para ello, le habría ofrecido 150 mil pesos.
Según delaraciones del propio Almanza, él, por simple respeto y cariño hacia María Izquierdo, al enterarse de la existencia del informe solamente había pedido prudencia y discreción al reportero, el cual habría afirmado que el sindicato de Mineralco le había ofrecido 200 mil pesos por realizar el informe, e insinuado que aceptaba contraofertas. Por su parte, la parlamentaria afirma no haber tenido conocimiento de las gestiones de Almanza sino hasta mucho después de las conversaciones que éste sostuvo con el reportero. Del mismo modo, negó todo vínculo laboral o personal con Almanza, quien sería simplemente un conocido que actuó por cuenta propia.
Pero a pesar de que se ha defendido con la elocuencia y la vehemencia que la caracterizan, hay un elemento que, de acuerdo con algunos dc sus críticos, arroja sombras sobre la inocencia de la senadora. No hay justificación, afirman ellos, para que un pcriodista que no sea muy cercano ofrezca a nombre de uno un soborno por iniciativa propia. La defensa de la senadora Izquierdo, que se ha dirigido sobre todo a señalar que se trata de un montaje del noticiero del M-19 quc busca retaliación por su papel protagónico en el debate sobre Carlos Ossa, puede ser cierta. Este argumento, sin embargo, no cuestiona la validez de la acusación. Tan sólo explica su motivación.
Las declaraciones dc Almanza, por su parte, han sido contradictorias y equívocas. Y si bien es cierto que ha asumido la noble posición de echarse encima toda el agua sucia para eximir a la senadora, es difícil sustentar su posición. El argumento de que no existía vínculo laboral alguno entre Almanza y María Izquierdo es puramente formal para sus acusadores, y, en el fondo, no significa nada. El hecho es que Almanza, ya sea cercano o simplementc un conocido de la senadora, es un hombre del que se dice que se ha instalado en los pasillos dcl Congreso para prestar "asesorías" y hacer "favores" a los políticos de turno. Por ello, su reputación en los medios periodísticos y entre aquellos que frecuentan las oficinas de los parlamentarios, ha quedado en entredicho en más de una ocasión.
Lo cierto es que la vida de María Izquierdo ha sido una vida de contradicciones, y lo que actualmente le está sucediendo no es más que otra contradicción. Todos aquellos quienes la conocen la consideran una mujer honesta. Las acusaciones de tráfico de influencias en Mineralco probablemente son ciertas, pero ese no es más que manzanillaje rutinario que se practica a nivel parlamcntario. Nadie nunca ha dudado que ella lo haga. Pero en lo que se refiere al asunto del presunto soborno, al momento de establecer cuánto es cierto, cuánto es iniciativa de Almanza o de la senadora, son más los quc se inclinan a considerar poco probable que algo así estuviera sucediendo sin su consentimiento.
Para ellos María Izquierdo es culpable, ya sea por acción o por omisión. Y aunque su capacidad retórica, su facilidad de palabra y su cancha han logrado convencer a más de un televidente de su inocencia, lo cierto es que dos importantes argumentos se pueden esgrimir a su favor. El primero, y el más obvio, es que si bien la grabación de la conversación entre el reportero del noticiero y Almanza es real, éste último nunca llegó a la cita convenida para realizar el soborno.
Como si fuera poco, la veracidad de las pruebas que el noticiero ha presentado para sustentar sus acusaciones ha sido puesta en tela de juicio. Y el segundo es que nadie con dos dedos de frente es capaz de dar semejante banquete a sus peores enemigos. Para una parlamentaria que se ha caracterizado por librar las más duras batallas contra el M-19, intentar sobornar a un periodista del noticiero de ese movimiento equivale a hacerse el hara-kiri. "La embarró", es la expresión que utilizan sus colegas para referirse a su actuación en el caso Almanza. Para la opinión pública, sin embargo, la cosa es mucho más grave.

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