Domingo, 22 de enero de 2017

| 1987/11/02 00:00

R CON R... RENUNCIA

Arias cayó, pero cayó disparando

R CON R... RENUNCIA

Cuando los observadores políticos vieron por televisión el "besamanos" que se organizó para recibir al presidente Barco, a su regreso de su accidentado viaje a Seúl, pensaron que el ministro de Justicia, José Manuel Arias Carrizosa, tenía los días contados. La forma como el Presidente saludó a Arias, corta y rápida, contrastó notoriamente con los saludos a los demás.
La frialdad del Presidente con el Ministro no tenía su origen exclusivamente en el episodio del Rolls Royce. Se había venido acumulando gradualmente. En un gabinete criticado por algunos sectores como demasiado parecido en estilo a la personalidad discreta, distante y aparentemente pasiva del Presidente, Arias Carrizosa surgió como la negación de esta escuela. Locuaz, frentero, extrovertido, accesible, muchas veces puso el dedo en la llaga de los problemas más candentes del país. Como era de esperarse, el prestigio obtenido con base en ser diferente al Presidente le daba más taquilla por fuera que con el propio Barco, el sanedrín y el gabinete, donde algunos lo llamaban "Amadeus", haciendo referencia a su tendencia al protagonismo.
Pero el problema no era sólo de estilo. Era mucho más de fondo. Además de su controvertida salida sobre los grupos de autodefensa, Arias y otros ministros ya se habían cruzado fuegos en otros temas directamente relacionados con el manejo del orden público. Uno de ellos fue el plan antiterrorista, propuesto por el ministro de Defensa, general Samudio, a raíz del atentado en el Caquetá. Arias asumió su defensa en forma vehemente, pero no logró venderle la idea a sus colegas. Muchos pensaban que se podía interpretar como un segundo estatuto de seguridad, y que podría comprometer la posición del gobierno en materia del libertades públicas.
Arias también planteó el proyecto de ley sobre enriquecimiento ilícito, pero encontró opositores en el seno del gobierno, hasta el punto de que quedó estancado en el proceso de carpinteria, porque podría "entrar en corto" con las amnistías tributarias que se habían concedido a través de la última reforma.
Estando en ejercicio el ministro Delegatario, coronel Londoño, y durante la reunión en la que éste se entrevistó con los amenazados de la lista de la muerte, el director de Instrucción Criminal, Eduardo Lazano, reclamó que el ministro de Justicia no había querido firmar hasta el momento un decreto mediante el cual se ponía en marcha el nuevo sistema de la Policía Judicial, alegando que por este motivo Instruccion Criminal no había podido adelantar las investigaciones sobre asesinatos políticos. Arias se vio obligado a explicar en un consejo de ministros presidido por Londoño, que si no había firmado el decreto era porque materia tan delicada requería de más estudio, añadiendo que establecía un esquema parecido al de la KGB, y que le parecía difícil el hecho de que un cuerpo tan poderoso quedara sometido al manejo de una sola persona.
Pero como si fuera poco, a estos roces internos, que en su mayoría salvo en el caso de la autodefensa habían pasado inadvertidos para la opinión pública, se sumaron las denuncias de la UP que destaparon la controversia sobre la importación ilegal del Rolls Royce.
Desde el mismo comienzo del debate que suscitó este escándalo, el presidente Barco se mantuvo imparcial, pero no indiferente. Prueba de ello fue que cuando el ministro Arias, el miércoles 2 de septiembre, un día antes del debate de la Cámara, llamó a Barco para consultarle sobre la forma como él pensaba que debería enfrentar la citación, el Presidente le respondió tajantemente: "Usted es abogado, usted es penalista, usted es el ministro de Justicia. Nadie mejor que usted puede saber cómo defenderse".
Después de esta lavada de manos no volvieron a hablar sobre el tema hasta un día antes del viaje a Corea, cuando el Ministro le habría planteado a Barco verbalmente la posibilidad de su renuncia, con el argumento de que no quería causarle ninguna incomodidad. Barco no contestó nada concreto, y al día siguiente salió rumbo a Corea.
Durante su estadía en el hospital de Seúl no pasó un solo día sin que sus asesores lo mantuvieran permanentemente informado, a través del telefax de cuanto artículo o programa radial y televisivo se hacía sobre el tema. Ante la falta de plan de toda la comitiva en una ciudad oriental de idioma desconocido y en situación de stand-by, los colombianos no tenían otra cosa que hacer que hablar de Arias y pasarse de mano en mano los recortes. Pero el tema fue debatido con especial vehemencia durante una cena informal en el restaurante italiano del Hotel Shi-la, en la que estaban presentes el asesor de imagen Fernando Sánchez Collins, el consejero Carlos Ossa, el ghost writer Rodrigo Pardo, los parlamentarios Maya y Papamija, los periodistas Darío Arismendi, Roberto Posada, Tulande y Rincón. En esta tertulia todo el mundo solto la lengua sobre el tema, incluyendo a Sánchez Collins quien expresó, según algunos de su compañeros de mesa, que el episodio del Rolls Royce había que aprovecharlo para que Arias saliera del gabinete.
Esta conversación, transmitida por Papamija al Ministro a su regreso a Colombia, lo puso sobreaviso de lo que venía, de lo cual el frío saludo del "besamanos" no sería sino la confirmación.
En los días siguientes la prensa arreció sus críticas contra Arias, y con excepción de El Tiempo y la revista Hoy por Hoy, ni aún los que lo consideraban inocente lo defendieron .

El jueves 24 salió el fallo de la Procuraduría. En éste se confirmaba lo que la gente ya sabía del caso Arias, que él mismo había admitido, pero se aclaró por primera vez algo que había sido objeto de controversia: que Arias jamás había estado sub júdice. Aún más, se le exoneraba completamente de dos acusaciones de la UP: de haber manipulado la legislació aduanera a su favor, y de haber nombrado de manera sospechosa a director de prisiones, quien era precisamente quien había denunciado las irregularidades del Rolls Royce cuando era funcionario de aduanas.
Las conclusiones de la Procuraduría eran previsibles, inclusive más favorables que desfavorables, pero había un párrafo redactado en forma sibilina, que fue finalmente el que arrojó a Arias al foso de los leones: "...en lo referente a la importación y subsiguientes trámites concernientes a Rolls Royce de que se ocupa este diligenciamiento, se presentaron irregularidades o varias inexactitudes atribuibles, desde luego, a la persona o personas que se encargaron de las actuaciones ya como funcionarios públicos o como particulares, pero las irregularidades de carácter puramente administrativo no susceptibles de investigación disciplinaria por encontrarse prescrita la acción (...). Por tal razón, es improcedente emitir juicio de valor respecto a la responsabilidad o inocencia de quienes tuvieron que ver con el asunto. Así mismo, sobre las imputaciones que por venta del cupo se hacen en la queja al doctor José Manuel Arias Carrizosa".
Este "ni sí ni no, pero en todo caso ya prescribió" era exactamente lo que necesitaban los enemigos de Arias para dar el útimo empujoncito. Con lo que Arias no contaba era con que el empujoncito iba a venir de adentro y no de afuera. Al día siguiente, antes del consejo de ministros, Arias se le acercó al Presidente y le dijo al oído que si tendría algún inconveniente de que tocara el tema del informe de la Procuraduría. Barco le dijo que si quería hacerlo que lo hiciera. El consejo se inició a la 1:15, porque el Presidente se había demorado un poco, y después de despachar los temas rutinarios, Arias y el ministro de Agricultura pidieron la palabra. Arias tomó la delantera y arrancó leyendo el informe por la página 15, que contenía las conclusiones absolutorias sobre las denuncias de la Unión Patriotica.
El Presidente, que tenía también una copia del informe, insinuando que había hecho una lectura selectiva, le sugirió que leyera las conclusiones desde el principio, que comenzaban en la página 13. Allí estaba el famoso párrafo de las prescripciones. Arias leyó y tan pronto terminó se produjo un elocuente e incómodo silencio que fue cortado, para romper el hielo, por el vozarrón del ministro de Agricultura, Luis Guillermo Parra, que le informó a Barco que ya estaba lista la ponencia sobre el proyecto de reforma agraria. Estas palabras, que nadie registró, sirvieron para cambiar de tema y levantar la sesión. A la salida según uno de los participantes, lo ministros buscaron compañero para formar grupito y evitar tropezarse con Arias. Si al Ministro le quedaba aún alguna duda sobre su futuro, éste había desaparecido.
Esa tarde Arias, con la suerte y; echada, viajó a Bucaramanga para asistir a la celebración del centenario del Tribunal de Santander. En las horas de la noche, cuando se disponía; salir, recibió una llamada de Germár Montoya, el secretario general de la Presidencia, quien le dijo que lo de la Procuraduría no estaba muy claro que por qué no aprovechaba la oportunidad para hacer un pronunciamiento en el discurso que iba a efectuar. Arias, molesto, le dijo que no lo consideraba oportuno y que sólo lo haría si el propio Barco se lo pedía.
Montoya le dijo que por qué no llamaba al Presidente, a lo cual Arias le respondió que lo haría después.
La llamada en cuestión se produja el domingo en la mañana, Arias ya de regreso en Bogotá, Barco le dijo que fuera a Palacio a las tres de la tarde. En la Casa de Nariño, cuando el Ministro llegó a las 3:30 estaba acompañado por Gustavo Vasco. La reunión duró tres horas, durante las cuales el Presidente le manifestó que estaba preocupado con la ola de mala prensa que se había desatado con el caso del Rolls Royce. Al parecer, Arias se defendió alegando que había ganado el debate en el Congreso, que había respaldo del editorial de El Tiempo, y que el informe de la Procuraduría le había sido favorable. "Qué más quieren?", dijo Arias, y agregó que lo único que le quedaba era presentar su renuncia. "Va a tocar", le dijo el Presidente parsimoniosamente.

El lunes, en las horas de la mañana la renuncia llegó al escritorio del Presidente. Pocas horas después, Barco se comunicó con Arias y le dijo que lo lamentaba mucho y que le agradecía los términos de la renuncia.
No tan agradecido quedó Arias quien decidió al día siguiente que si tenía que caer, caería disparando. Y qué ráfaga la que disparó. Estupefactos los oyentes de Caracol y RCN lunes y martes fueron testigos de la forma como Arias sacó los trapos al sol.
"Yo estaba preparado para todo. Para defenderme de la oposición, de la UP, de los periodistas... Para lo único para lo que no estaba preparado, porque eso sí no lo esperaba, era para que se estuviera moviendo el piso debajo de mí". Con esa frase, el ya ex ministro reconocía que era el propio gobierno el que lo había dejado caer, porque no había sido un auto (el Rolls Royce), ni siquiera dos autos (el Rolls Royce y la autodefensa), sino la oposición interna, la que había precipitado su caida.
La conclusión que dejó la caída de Arias fue la de que no lo tumbó un auto, sino dos: el Rolls Royce y la autodefensa con sus accesorios. El episodio del vehículo, a pesar de que fue crecido periodística y políticamente, no era en el fondo más de lo que había dicho el primer día: la venta del cupo. El resto fue mala suerte, por haber caído en manos de un negociante inescrupuloso. Pero la suerte, la buena y la mala, es determinante en las carreras políticas. La posición de Arias como ministro de Justicia era insostenible.
En cierta forma, también fue víctima del esquema gobierno-oposición. Si alguna función tiene la oposición es la de hacerse la abanderada de la moral y magnificar estas situaciones, para tratar de tumbar ministros. Curiosamente, en la época del Frente Nacional cuando había un ministro acusado, los miembros del otro partido lo defendían en público, pero lo criticaban en privado. Con Arias sucedió lo contrario: todo el mundo lo criticaba en público, pero lo justificaba en privado.
El remplazo de Arias, Enrique Low Murtra, no podía ser más calificado en términos de conocimientos y experiencia administrativa en el área de la justicia. Es un hombre discreto con un perfil tecnocrático y apolítico. Si Arias se había convertido en el anti-Barco, ahora se estaba buscando el anti-Arias.
Sin embargo, políticamente el nombramiento de Low raya entre lo ingenuo y lo imprudente. No tuvo en consideración un creciente descontento del turbayismo con el gobierno, que siente que le están dando golpe tras golpe, el penúltimo de los cuales fue la caída del gobernador de Cundinamarca y el último la salida de Arias Carrizosa. Pero más que al turbayismo, Arias representaba un sector de la opinión publica, partidario de la línea dura en el manejo del orden público. Cuando el presidente de la Dirección Liberal, Eduardo Mestre, consultado por Barco sobre el nombramiento del nuevo ministro de Justicia, le esgrimió la conveniencia de nombrar a un ministro de ese sector, el Presidente se limitó a mostrarle las transcripciones de las entrevistas concedidas por Turbay a la radio, en las cuales afirmaba que el turbayismo como corriente política no existía.
Barco tal vez tomó demasiado literalmente la modestia del ex presidente Julio César Turbay Ayala.

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