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| 4/10/2010 12:00:00 AM

Con el sol que más calienta

Los resultados de las encuestas aceleraron los movimientos políticos y muchos congresistas ya están pensando en apoyar la campaña de Santos, aun si eso implica deslealtad con su propio partido.

En la recta final de cualquier campaña, la velocidad y el pragmatismo con que se toman las decisiones electorales muchas veces van en contravía de lo que dicta la coherencia ideológica. Los vaivenes de la opinión y los cambios en las intenciones de voto, sumados a la escasez del tiempo, llevan a los candidatos y a sus bases parlamentarias a tomar decisiones fundamentadas más en las expectativas de triunfo que brindan las encuestas, que en promesas políticas o lealtades partidistas.

Por eso en las últimas semanas, desde que se conocieron los resultados de la más reciente Gran Encuesta de Ipsos-Napoleón Franco, los jugadores del ajedrez político comenzaron a mover sus fichas.

El desplome de Sergio Fajardo, quien después de estar en los primeros lugares bajó dramáticamente al sexto con un escaso 6 por ciento, lo llevó a sumarse a la ola verde como candidato vicepresidencial de Antanas Mockus. Y en las toldas de Juan Manuel Santos, el puntero, hay fuertes movimientos para chuparse la maquinaria política de Cambio Radical, el Partido Liberal y el Partido Conservador.

Por el lado de Cambio Radical parecen cada vez más fuertes los movimientos por debajo de la mesa donde algunos parlamentarios de este partido estarían pensando en apoyar a Santos. No lo pueden hacer de frente, puesto que caerían en el delito de la doble militancia y porque Germán Vargas, el candidato y jefe, ha insistido en que no hará alianzas antes de la primera vuelta. Sin embargo, lo harían al poner parte de sus bases políticas a trabajar en su campaña. Varios congresistas de Cambio Radical le dijeron a SEMANA que entre quienes quieren acercarse al ex ministro de Defensa podrían estar electores de la talla de Fuad Char, Bernabé Celis y Javier Cáceres.

Un desplazamiento similar estaría ocurriendo en la campaña de Rafael Pardo. Aunque la semana pasada la bancada liberal le dio el apoyo formal a su candidato, algunos de los congresistas del Partido Liberal también estarían acercándose a la U por debajo de cuerda. En este grupo habría 'quemados' como el representante Germán Olano y la senadora Griselda Yaneth Restrepo, quien fue secretaria de Gobierno de Angelino Garzón cuando este -fórmula vicepresidencial de Santos- fue gobernador del Valle. Pero también habría otros congresistas electos, como el ex presidente de la Cámara -Édgar Gómez-, quien le estaría jugando al transfuguismo por segunda vez. Gómez llegó al liberalismo proveniente de Convergencia Ciudadana y ahora estaría presionando por que parte de la bancada liberal se fuera hacia el santismo-uribismo.

De hecho, entre muchos parlamentarios liberales ya se habla de "la política de los caparazones". Esta implica que aunque el cuerpo de muchos de ellos está con Pardo, su ambición de poder está con Santos.

Son varias las razones para que el deslizamiento liberal sea cada vez más predecible. Nadie niega las condiciones de estadista de Rafael Pardo pero en política, sobre todo cuando se quiere acceder al poder, más que formación, lo que importa es la posición en las encuestas.

Como es usual en la recta final de las elecciones, las mayorías parlamentarias siempre suelen desplazarse hacia donde está el puntero y, en el caso liberal, este movimiento se ve acentuado por la débil intención de voto que registra Pardo en las encuestas. Los liberales han tenido que vivir 12 años en el desierto burocrático a nivel nacional y muchos de sus integrantes no quieren que esta sequía se perpetúe.

Pero así como los parlamentarios liberales quieren regresar al poder, los conservadores no quieren soltarlo. Sobre todo después de las gabelas burocráticas y el protagonismo clientelista que lograron durante la era Uribe. Y aunque la buena posición de Noemí Sanín en las encuestas le garantiza a ella mayores posibilidades de mantener la bancada azul unida, no es absurdo pensar que haya división.

La adhesión de varios conservadores reconocidos a Juan Manuel Santos, descendientes de ex presidentes entre los que se encuentran Mariano Ospina Hernández, Enrique Gómez Hurtado e Ignacio Valencia, no tiene ningún valor electoral pero pretende tener cierto grado de simbolismo para agrietar la campaña de Noemí.

Los riesgos de la candidata azul son aún mayores si se considera que algunos de los representantes a la Cámara que respaldaron a Andrés Felipe Arias en su intento de ganar la consulta conservadora ya se han acercado a la campaña de Santos. Y lo han hecho con Carlos Rodado como puente. El ex embajador conservador es jefe de debate de la campaña santista y fue expulsado del Partido Conservador por haberse ido a las filas de la U. Su misión es una: buscar el apoyo del conservatismo hacia Juan Manuel.

El panorama parece claro: si Noemí sube en las encuestas, lo más seguro es que mantenga la unidad conservadora y los pocos congresistas tránsfugas hacia la campaña de Santos serán vistos como traidores. Si, en cambio, Noemí cae en las encuestas, se vaticina una desbandada parlamentaria. Los conservadores han demostrado a lo largo de los años que su única lealtad real está con quien detenta el poder. Por ahora, los parlamentarios irán a la convención conservadora que tendrá lugar este miércoles y a la que se anticipa no asistirá el ex precandidato Andrés Felipe Arias.

El mes que viene será fundamental para definir qué alianzas se concretan y qué tan unidos llegan los partidos a la primera vuelta. No en vano, el Registrador Nacional ya anunció que hasta el 6 de mayo hay plazo para que los candidatos inscritos retiren sus candidaturas en caso de que quieran sumarse a otros. Sin embargo, hasta esa fecha cualquier cosa puede pasar. Al fin y al cabo, hace dos meses el país tenía un presidente-candidato, y desde que se cayó el referendo quedaron siete aspirantes con posibilidades. Hace dos semanas, este número bajó a seis.

Mientras se definen las eventuales alianzas, coaliciones o uniones, si es que estas se dan antes de la primera vuelta, los parlamentarios seguirán buscando cómo acomodarse. La reforma política de 2003 prohibió que los congresistas de un partido apoyen a un candidato de otro so pena de ser castigados con perder la voz y el voto. Pero en la política colombiana reciente pesa más el pragmatismo que las ideas. Y eso, en plata blanca significa que, de aquí al 31 de mayo y por debajo de cuerda, muchos representantes, senadores y candidatos 'quemados' se acercarán al sol que más caliente.
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