Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/07/17 00:00

Con los soles a las espaldas

Después de cinco años y medio al frente de la Policía el general Rosso José Serrano sale por la puerta grande, deja organizado su legado y cierra el capítulo del estrellato internacional de esta institución.

Con los soles a las espaldas

El viernes 2 de junio el general Rosso José Serrano viajaba rumbo a Medellín en uno de los aviones de la Policía. Cuando el piloto comenzó a descender sobre el valle de Aburrá las condiciones del clima cambiaron bruscamente y la aeronave entró en un cúmulo de nubes que la zarandeó como una cometa de papel. En medio de la turbulencia, y aferrado a su asiento, Serrano soltó una frase que más tarde se convertiría en el epílogo de aquel agitado viaje: “Ya es hora de tener los pies en la tierra y no joder más con la vida”.

Lo demás fue cuestión de protocolo. El jueves 8 de junio, en una ceremonia en la Escuela General Santander, Serrano aprovechó la presencia del presidente Andrés Pastrana para comunicarle que había llegado la hora de su retiro. Lo hizo como él siempre ha acostumbrado hacer sus cosas: sin rodeos ni dramatismos. Ese fin de semana se fue para su finca de descanso. Se sentó frente al computador para ponerle punto final a sus 40 años de servicio y a sus cinco años y medio como director de la Policía. “No sé cómo me voy a sentir de Everfit porque desde que tengo uso de razón he llevado puesto mi uniforme de policía”, comentó unos días después en su despacho.

Este hombre, de mediana estatura y rostro bonachón, se retira con una impresionante hoja de vida. Al frente de la Policía, Serrano desvertebró el cartel de Cali y puso tras las rejas a los hermanos Rodríguez Orejuela y a sus más cercanos socios. No le tembló la mano para destituir a 11.400 oficiales por corruptos. Algunos habían sido por años sus compañeros de trabajo. Pero como él mismo había dicho: “Uno no se puede casar con el diablo”.

Otra tarea que se impuso fue mejorar la preparación de los integrantes. Montó un kínder de oficiales que se conocieron en el país como los ‘yuppis’. Jóvenes brillantes que fueron enviados al exterior para prepararse en inteligencia en las escuelas más reputadas. De regreso al país se pusieron al frente de las operaciones contra el narcotráfico. El más reciente resultado tiene que ver con la Operación Milenio.



Vía Washington

Los logros de Serrano comenzaron a trascender fronteras. Se convirtió en el niño mimado de las autoridades antinarcóticos. Se hizo gran amigo de varios representantes a la Cámara en Washington, entre ellos el influyente Benjamin Gilman. El general Serrano no sólo jugaba tenis con el entonces Presidente Ernesto Samper sino que fue casi el único interlocutor de su gobierno con el de Bill Clinton. Sus viajes a Estados Unidos eran frecuentes y mientras a la diplomacia colombiana se le cerraban las puertas por el problema de la financiación de la campaña de Samper con dineros del narcotráfico, a Serrano se le abrían y la ayuda para combatir el tráfico de drogas comenzó a llegar.

Muy pronto su figura y sus golpes al narcotráfico comenzaron a ser registrados por la prensa internacional. The New York Times publicó en dos años 43 artículos sobre el general. En el archivo del The Washington Post hay 18 historias en las que figura Serrano. Discovery Channel trabajó durante cinco meses en un especial de hora y media sobre la vida del general. Fue traducido en ocho idiomas y transmitido a 96 países. Igualmente, el prestigioso programa 60 Minutes siguió con sus cámaras al director de la Policía. Su estrella, Dan Rather, estuvo en Colombia para entrevistarlo.



Las críticas

En medio de sus éxitos, que incluyeron una distinción como el mejor policía del mundo, a Serrano se le fue alargando su tiempo como director. Normalmente estos cargos no pasan de dos años. Pero el tiempo pasó y el general Serrano se atornilló en su puesto. Los resultados de las encuestas, que mostraban su imagen con más del 80 por ciento de popularidad, tentó a los políticos durante la campaña pasada para ofrecerle la candidatura a la vicepresidencia.

Cuando el general escuchaba de un lado y otro las propuestas y cuando todo parecía indicar que su camino estaba en la plaza pública, de nuevo Washington se interpuso en su camino y con un mensaje directo y concreto le cortaron su sueño de pichón de político.

Su larga permanencia en la dirección de la Policía tuvo cosas buenas y malas. Serrano logró consolidar la ayuda para la Policía Antinarcóticos. Hoy tiene una flotilla de más de 100 aviones y helicópteros y hangares y talleres dotados de tecnología de punta. Además creó y montó una central de inteligencia que hoy tiene un gran reconocimiento mundial. Pero en cinco años al frente de la Policía también se desgastó. Varios generales se sublevaron y montaron toldo aparte. Salieron del redil del director y comenzaron los enfrentamientos. Circularon anónimos y se habló, incluso, de un libro con testimonios que involucraban a Serrano en temas de corrupción.

Para ese momento sus relaciones con la oficialidad del Ejército tampoco andaban muy bien. Desde tiempos del general Harold Bedoya había una tensa calma . Los militares no veían con buenos ojos el protagonismo de Serrano. Además sus relaciones con Estados Unidos habían desplazado a un segundo lugar a las Fuerzas Militares y eso dentro de la cúpula militar producía celos. Sin embargo las tensiones cedieron desde que llegó el general Fernando Tapias. Es su amigo y, después de muchos encuentros y explicaciones, lograron que sus instituciones hicieran la paz. Pero siguen siempre el uno muy pendiente del otro.



Por el poder

El general tuvo que mover sus fichas para contrarrestar la presión que desde adentro habían impulsado sus detractores. Querían que cediera y presentara su renuncia. Más de un oficial aspiraba al guiño del presidente Pastrana . Y en ese afán por lograr el premio mayor algunos generales lanzaron su ofensiva. Los rumores alcanzaron los pasillos de Palacio. Incluso se dijo que Teodoro Campo, entonces inspector de la Policía, era el enemigo de Serrano.

Campo es un hombre cercano al presidente Pastrana. Fue su comandante de Policía durante la administración en la alcaldía de Bogotá y para muchos el elegido para reemplazar a Serrano desde el mismo 8 de agosto de 1998. Algunos lo admiran por inteligente, pero hay otros que lo califican como un general de escritorio y de pocos resultados.

El caso es que Campo no supo jugar sus cartas. Y en su puja para ocupar el cargo de director perdió. Al parecer Washington le hizo saber a la administración Pastrana que no veía con buenos ojos el nombramiento de Campo como director, y fue entonces enviado como agregado de la Policía a Madrid.

Otra crítica a Serrano dentro de la Policía era que por concentrarse en la lucha antinarcóticos los resultados en materia de seguridad ciudadana eran escasos. Y no se veía plan ni estrategia que permitieran cambiar de rumbo.

Tampoco le fueron favorables a Serrano en su última etapa como director sus relaciones con el gobierno Pastrana. Si bien el Presidente fue deferente con el general, éste lo mantuvo lo más lejos posible de Washington. En su visita a Bill Clinton, quizás el único funcionario que Serrano no conoció, Pastrana no lo incluyó en su comitiva oficial.

El embajador Luis Alberto Moreno tuvo en claro desde un principio que Serrano no podía tener una embajada paralela. Y así se lo hizo saber y sentir. A pesar de que después fumaron la pipa de la paz quedó un sabor amargo en las toldas del general Serrano. Pero no es sólo una cuestión personal. El rumbo mismo que está tomando la política de Estados Unidos frente a Colombia hace pensar que no volverá a brillar tanto la estrella de un policía colombiano en ese país como la de Serrano. El tema de Colombia ascendió en la agenda de prioridades de la política exterior de la Casa Blanca y las relaciones se manejan ahora entre los dos presidentes y sus ministros.

Pero más importante aún, Estados Unidos cambió de estrategia antinarcóticos. Ahora la nueva política, llamada de “interdicción en la fuente”, apunta a destruir cultivos, pistas, laboratorios, pero sobre todo a derrotar el aparato militar que protege esa producción. El eje de esa estrategia, plasmada en el Plan Colombia, es el Ejército y su jefe —en este caso Tapias— será el oficial de mayor protagonismo.



A rey muerto…

¿Qué viene ahora para la Policía? El cargo de director será ocupado por un hombre que durante los dos últimos años permaneció a la sombra de Serrano. El general Luis Ernesto Gilibert es calificado por sus colegas como un oficial astuto y sagaz. De pocas palabras. Y muy cauteloso. A tal punto que cuando se esperaba un revolcón a fondo Gilibert sólo se limitó a ascender a los generales en turno y a los cargos que les correspondían. “He pensado hasta mantener el mismo equipo de prensa que tuvo mi general Serrano”, señaló, para ilustrar que no estaba interesado en grandes cambios. Su llegada a la dirección es un homenaje a su abuelo, quien en 1891 fue el fundador de la Policía (ver recuadro).

Su administración estará centrada en el tema de la seguridad ciudadana. Un proyecto que viene diseñando desde hace más de un año y que ya ha experimentado en una docena de barrios en Bogotá. Para Gilibert llegó la hora en que la Policía debe centrar más sus esfuerzos en proteger a los ciudadanos y dejar en un segundo plano la lucha antinarcóticos. “Eso no quiere decir que nos vayamos a olvidar de ese tema. Pero en estos momentos hay otras prioridades”, agregó el general Gilibert.

Para que sus planes se hagan realidad tendrá que jugar muy bien sus cartas. Por ahora la calma ha retornado a los cuarteles de la Policía, pero hay quienes aspiran a tener su oportunidad de dirigir sus destinos antes de que finalice este período presidencial.

Por eso varios conocedores del tema afirman que Gilibert será un director de transición que seguramente será relevado de su cargo a finales del próximo diciembre. Sin embargo todavía falta mucha agua por correr y el nuevo director de la Policía sabe más que nadie cómo moverse en este río revuelto.

Una desventaja es que su relación con Washington es casi nula, a pesar de haber ocupado el cargo de subdirector. En este terreno lo aventaja el director de Antinarcóticos, el general Ismael Trujillo, el oficial que después de Serrano es hoy el más cercano a Washington.

Por esto Gilibert no va a tener ni la prensa internacional ni las misiones de embajador. De la gestión que haga frente a la Policía dependerá si logra quedarse hasta el final del mandato Pastrana. Pero del tacto político que tenga en el manejo de la institución dependerá que Serrano y su legado salgan bien librados.

Al gobierno Pastrana, por su parte, le toca probar que no se equivocó dejando ir al influyente general Serrano, cuando tiene el Plan Colombia en la puerta del horno.

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