Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/31/1987 12:00:00 AM

CON TODAS LAS DE LA LEY

El juicio por narcotráfico contra Rodríguez Orejuela: una victoria del derecho que parece una derrota de la justicia.

El escepticismo venía desde el momento en que Gilberto Rodríguez Orejuela fue detenido en España, hace dos años y medio, en compañía de Jorge Luis Ochoa: la opinión general fue que si lograban ser extraditados a Colombia, ninguno de los dos sería jamás condenado como narcotraficante. Al cabo de unos meses de costosas maniobras jurídicas, España los entregó a la justicia colombiana, negando la petición de la norteamericana que los reclamaba por los mismos motivos. Ochoa fue dejado en libertad de inmediato por un juez de Cartagena que lo juzgó por contrabando de ganado. Y desapareció. Lo de Rodríguez ha sido más largo. Después de más de un año de prisión en Cali, el juez once de ese circuito, Tobías Iván Posso Posso, acaba de absolverlo en primera instancia, tras "acoger en un todo" -según reza la sentencia- los argumentos de sus abogados defensores.
La sentencia del juez Posso ocupó 82 apretadas páginas, dedicadas en su mayor parte a explicar porqué las mismas pruebas que sirvieron para dictar el auto de proceder no pueden ser tenidas en cuenta a la hora de dictar sentencia. Las razones del juez son de un exacerbado rigorismo jurídico: fechas extemporáneas y términos vencidos, errores de traducción y falta de requisitos en las autenticaciones consulares, incomprensiblemente demoradas por las autoridades norteamericanas, apuntalado todo con gran acopio de conceptos favorables al procesado y mucho latinajo: corpus delicti, corpus criminis, corpus instrumentorum. La exégesis del juez llega a veces a extremos asombrosos. Como el de demostrar que el tráfico de coca no existe si la mercancía cae en manos de las autoridades, puesto que "el bien jurídico que se protege con las disposiciones que sancionan el narcotráfico es la salud pública": si la coca no llega al público sino que es interceptada en el camino, no hay delito.
Todo es así. Todo legal. "Legal, hermano", como dicen los drogadictos cuando la droga es de buena calidad. Tras rechazar las pruebas, el juez absuelve al acusado basándose en que la insuficiencia de pruebas lo obliga a fallar en su favor de acuerdo con el principio "in dubio pro reo" (en la duda, la decisión debe favorecer al reo). Y así, Gilberto Rodríguez mata dos pájaros de un tiro: el mismo argumento por el cual fue traído a Colombia y sirvió para negar hace un mes su extradición a Estados Unidos -que nadie puede ser sometido dos veces al mismo juicio-, se vuelve bumerán para impedir que las pruebas allegadas para el juicio en Estados Unidos sean usadas en el juicio en Colombia.
Rodríguez queda en libertad condicional. Debera presentarse cada quince días ante el juzgado, y abonar una fianza de cincuenta salarios mínimos (algo más de un millón de pesos). Pero el agente especial de la Procuraduría, Fernando Navas Talero, presentó ya una apelación de la sentencia ante el Tribunal Superior de Cali: treinta y cinco páginas de apasionado alegato que se abren también ellas, sin embargo, con una declaración de escepticismo: Navas dice que lo "asalta el temor de que el objeto del recurso no prospere" pues el Tribunal parece haber tomado ya partido en tal sentido. Su presidente, en efecto, ha descalificado de antemano al agente especial por "pantállero", "más pendiente de la prensa que de los procesos".
El alegato está inspirado por el objetivo de mostrar cómo se ha desvirtuado la justicia en Colombia cuando -dice Navas a SEMANA- "se interpreta el derecho con el ánimo de burlar la justicia y de congraciarse con los acusados importantes". Se cita en él una decisión de la Corte Suprema sobre cómo "se fomenta la impunidad" cuando "la doctrina y la ciencia jurídica se mal aplican y se las hace servir fines distintos, y aparentándose una decisión rígurosamente técnica, sólo se consigue demostrar que no se quiso hacer justicia ni asegurar el triunfo de ésta". Pero no se trata de un documento abstracto. Sino que Navas, por el contrario, desmenuza los aspectos más concretos del proceso y la sentencia, señala las contradicciones del juez, las mentiras del acusado, y enumera todos los obstáculos interpuestos por el juez en el trabajo de la fiscalía a lo largo del juicio. Su conclusión es que el recurso de apelación debe ser atendido porque en él se demuestra cómo desde un principio lo que hubo fue el propósito de hacer que "la vérdad formal" dominara "la verdad real". Según Navas, las pruebas existentes son más que suficientes para demostrar la culpabilidad de Gilberto Rodríguez y de sus socios, los reos ausentes (fugitivos) José Santacruz Londoño y Hernando Giraldo Soto, en el tráfico de cocaína. Así la sentencia sea un modelo de malabarismo jurídico, que si bien no logra exculpar totalmente a Rodríguez, al menos le sirve para recuperar la libertad en beneficio de la duda.
En Estados Unidos acaba de iniciarse otro juicio por narcotráfico que probablemente le costará a Rodríguez una sentencia a 90 años de cárcel. Pero como reo ausente.





¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.