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| 3/9/2015 4:50:00 PM

Condenado por pretender que una mujer le pertenecía

El caso de un hombre que maltrató a su compañera hasta la muerte es materia de jurisprudencia para la Corte Suprema.

Recién pasa el ‘Día de la mujer’, en el que se conmemora (más que celebrar) la ardua lucha que ellas -desde el siglo XIX- emprendieron para alcanzar la igualdad de derechos, cuando se conoce una significativa sentencia de la Corte Suprema de Justicia en la que se fijan los parámetros para aquellos que -en pleno siglo XXI- aún las maltratan y hasta, incluso, las asesinan.

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia condenó a 23 años de prisión a Alexánder de Jesús Ortiz Ramírez por el homicidio (en calidad de agravado) en contra de su esposa, Sandra Patricia Correa, en hechos ocurridos el 17 de noviembre del 2012. Para el alto tribunal, fue claro que el crimen tuvo como móvil el género de la víctima.

La ponente de la decisión, la magistrada Patricia Salazar Cuéllar, fijó los parámetros para el juzgamiento de quienes cometen feminicidio, definida en la providencia como “la discriminación y dominación de la mujer implícita en la violencia que provoca su muerte”.

Para Salazar, es claro que Ortiz Ramírez, “como si se tratara de una cosa, sentía de su propiedad a Sandra Patricia Correa. Era evidente que la negaba como ser digno y con libertad. La discriminaba. La mantenía sometida a través de la violencia constante”.

La sentencia continuó con la narración de la desdicha de la mujer: “Después de apuñalarla tuvo el descaro de instalarse nuevamente en su casa, contra la voluntad de ella, cuando aún se recuperaba de las heridas físicas que le había causado. Nunca dejó de acosarla. Nunca de intimidarla. Ella no dejó de pedirle que se fuera”.

“Cuando al fin se marchó, luego de una nueva agresión física, continuó hostigándola, siguió haciéndole saber que era él o ninguno y que la mataría”, añadió el texto.

Indicó el pronunciamiento que “se causa la muerte a una mujer por el hecho de ser mujer, cuando el acto violento que la produce está determinado por la subordinación y discriminación de que es víctima, de lo cual resulta una situación de extrema vulnerabilidad”.

Agregó que “este entorno de la violencia feminicida, que es expresión de una larga tradición de predominio del hombre sobre la mujer, es el que básicamente ha servido de apoyo al legislador para considerar más grave ese tipo de violencia que se genera en un contexto de desigualdad”.

La Corte Suprema expresó así que si llega a probarse el feminicidio dentro de un proceso penal, queda justificado el agravante.

Pese a que hubo justicia, para Sandra el calvario terminó fatalmente “más allá de los celos, que en casos como el presente son la expresión del macho dominante que no reconoce la libertad de su pareja para dejarlo”, rezó la sentencia.
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