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| 5/3/2016 10:50:00 PM

Ana Giselle, modelo por imposición

El Consejo de Estado condenó a la Industria Licorera de Caldas por haber hecho uso de la imagen de una joven en una campaña publicitaria sin su autorización.

El sueño de muchas mujeres desde su más temprana edad es ser modelos. Sin embargo, para quienes no ven en esa profesión un objetivo de vida, la sola idea de serlo puede ser hasta ofensiva. Así le ocurrió a una joven estudiante de Manizales a quien el Consejo de Estado ordenó reparar por el uso no autorizado de su imagen en una campaña publicitaria.

Con ponencia del magistrado Jorge Octavio Ramírez, el alto tribunal condenó a la Industria Licorera de Caldas y al fotógrafo Jorge Eduardo Arango a reparar los daños causados a una mujer de la capital caldense por haber utilizado su imagen en una campaña publicitaria de Aguardiente Cristal, sin que ella hubiere dado su aval de manera expresa.

Corría el reformador año 2002 cuando Ana Giselle Salazar estaba a punto de alcanzar su sueño de ser bacterióloga. Cursaba el octavo semestre de su carrera cuando un fotógrafo allegado a la Industria Licorera de Caldas la invitó a servirle de modelo de unas fotografías que utilizaría la empresa licorera.

Ella aceptó dejarse tomar las fotos cerca de la universidad, con la condición de que no fueran utilizadas para la promoción de ningún producto a nivel publicitario, si antes no le solicitaban un consentimiento expreso y formal.

Según el fallo del Consejo de Estado, el fotógrafo y la licorera hicieron caso omiso de la advertencia de la futura bacterióloga, pues, sin saberlo, se convirtió en parte de la campaña publicitaria ‘¿Qué tienen en común?‘, en la que se exponían las fotografías de varias personas, entre ellas algunas modelos famosas, para rematar diciendo que lo común a todas ellas era que tomaban Aguardiente Cristal.

Ana Giselle se enteró que se había convertido en imagen de la licorera de su departamento por una amiga, quien la felicitó por haber aparecido en una valla publicitaria ubicada en la carretera que de Manizales conduce a Neira (Caldas). Días después, amigos y conocidos dijeron haber visto su rostro en otras vallas en Salamina, La Dorada, Pereira (Risaralda) y Buga (Valle).

La entonces estudiante pasó de la sorpresa a la rabia y la indignación, pues para ella era indudable que la Industria Licorera de Caldas y el fotógrafo Jorge Eduardo Arango habían cometido un abuso inaceptable.

Por eso, Ana Giselle interpuso una demanda de reparación directa ante el Tribunal Administrativo de Caldas, alegando que el uso de su imagen con fines publicitarios, que le permitió a la empresa demandada explotarla económicamente, le había causado una lesión a su honra.

El Tribunal le dio la razón parcialmente y condenó a la Industria Licorera de Caldas a resarcirla económicamente por haber hecho un uso no autorizado de su imagen. 

La empresa apeló la decisión ante el Consejo de Estado, esperanzada en librarse del pago. Sin embargo, ese alto tribunal estableció que si bien Aguardiente Cristal y la Industria Licorera no afectaron el buen nombre de la demandante, sí utilizaron atributos de su personalidad para fines que ella no tenía interés en avalar o al menos no se le había consultado.

Semana.com consultó con un exfuncionario de la Corte Suprema de Justicia sobre lo que implica una decisión de esta naturaleza. El doctor en derecho Alejandro Sánchez dice que aun cuando las redes sociales hayan convertido la vida individual en un asunto de la esfera pública, quienes se resisten a socialización de su identidad deben ser protegidos.

Aclaró que en casos como estos, los derechos económicos de las empresas no las habilitan a sacrificar los derechos fundamentales de otros. Mucho menos cuando ello compromete el uso de la imagen de las personas que ven afectadas su intimidad cuando se hace uso de piezas publicitarias sin consultar si quienes hacen parte de ellas quieren participar o no.

Por eso, la Industria Licorera de Caldas y el propio fotógrafo deben cancelar 25 salarios mínimos para reparar moralmente a Ana Giselle, quien además deberá recibir una reparación material por no haber recibido pago alguno por la explotación comercial de su imagen, de acuerdo al estudio que haga un experto en el mercado del modelaje.

 

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