Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/10/26 00:00

CONEJO CON ALTURA

En la cumbre sobre la reforma politíca el gobierno repartió conejo y zanahoria. Un menú con el cual todos sienten que ganaron.

CONEJO CON ALTURA

Para nadie es un secreto que la iniciativa de reforma política de la senadora Ingrid Betancourt, que excluía al Congreso del trámite, se estaba convirtiendo en una piedra en el zapato para el gobierno del presidente Andrés Pastrana. Cualquier mandatario que carezca de mayoría en el Congreso debe andar con pies de plomo en sus relaciones con el Parlamento. Sobre todo cuando es necesario contar con el aval de los congresistas para adoptar las medidas económicas severas e impopulares pero necesarias para ordenar las finanzas del país. Aún más si se concreta un proceso de paz, del cual eventualmente surgirían ajustes a la Constitución y a las leyes. Todas estas cosas, y la certeza de que en Colombia es imposible gobernar con un Congreso en contra, llevaron al ministro del Interior, Néstor Humberto Martínez, a concluir que era mejor darse el lapo con Ingrid que con todo el Congreso. Según él, mientras todo el mundo estaba pensando en la reforma política ella solo piensa en la forma de hacer política.El viraje del gobierno en el tema empezó hace varios días, cuando se conoció un concepto del Consejo de Estado solicitado por la administración anterior, en el que se señalaba que los parlamentarios no podían meter la mano en el cuestionario de un referendo de iniciativa gubernamental. Aunque el concepto no es de obligatorio cumplimiento en el Capitolio la cosa sonó a revocatoria del mandato de los congresistas, orquestada por Ingrid Betancourt y apoyada por el Presidente. La verdad es que el gobierno jamás ha querido darle este alcance a la reforma, por eso Néstor Humberto Martínez, cuyas relaciones con Horacio Serpa durante la campaña no pudieron ser peores, se reunió de inmediato con el jefe del Partido Liberal para dejar en claro que el tema de la revocatoria no estaba en la agenda del gobierno. Este compromiso con el liberalismo fue interpretado como una traición por Ingrid Betancourt, quien meses atrás, después de haber obtenido la mayor votación para Senado, había adherido a la campaña de Andrés Pastrana con la clara promesa del candidato de impulsar desde el gobierno su reforma política. La última conversación entre el Ministro del Interior y la senadora se dio en términos distantes y ella le dijo que en adelante prefería entenderse directamente con el presidente Pastrana. Así las cosas, en la Casa de Nariño quedó claro que para Ingrid no había reforma completa sin revocatoria y que para el gobierno hablar de revocatoria, en este momento, es un suicidio político. Cuando el presidente Pastrana, de gira por Estados Unidos, recibió el preocupante parte, tomó la decisión de recuperar las riendas de la reforma y sutilmente marcar distancia con Ingrid frente al Congreso.La estrategia del gobierno resultó tan sencilla como efectiva. En cuestión de horas el Presidente convocó a Palacio a Horacio Serpa, a los presidentes de Senado y Cámara, a Ingrid Betancourt, como autora de la iniciativa, y a Noemí Sanín, en representación de los independientes. El mensaje no podía ser más claro: el gobierno estaba decidido a que cualquier reforma fuera el resultado del consenso entre las diferentes fuerzas políticas del país y no el simple cumplimiento del plan de Ingrid. El temario de la reunión eran la paz y la reforma política. Horacio Serpa se excusó, tenía un compromiso en Caracas y además ya había cumplido con su parte, garantizándole a su gente en el Congreso que el gobierno no estaba impulsando la revocatoria del mandato. No obstante, Serpa se hizo representar en la reunión por el senador Germán Vargas Lleras, quien tenía la instrucción precisa de manifestar que el liberalismo no se oponía a ninguna reforma política que resultara útil para consolidar un proceso de paz. Era claro que en la reunión nadie se iba a oponer a la paz, el tema candente iba a ser el de la reforma política y la manera de tramitarla. La invitación a Noemí Sanín sorprendió hasta cierto punto a su gente, pero también en cuestión de horas se planteó una reunión para llegar con agenda propia a Palacio. Opción Vida era consciente de que debía aprovechar la cumbre de la Casa de Nariño para reaparecer con fuerza en el escenario político. Después del evidente distanciamiento con el presidente Pastrana el movimiento de Noemí estaba recibiendo el mismo tratamiento que se le daba al liberalismo, la mayor fuerza política del país. Todas estas consideraciones se hicieron el jueves pasado en una reunión en el Hotel de la _pera, frente a la Cancillería, en la que Noemí escuchó los planteamientos de varios congresistas, entre ellos Antonio Navarro, Rafael Orduz, Sergio Cabrera y Gustavo Petro, así como de su antiguo compañero de fórmula Antanas Mockus. Todos los parlamentarios presentes en la reunión del _pera se sienten independientes, pero de una independencia distinta a la de Ingrid Betancourt. Por eso, en más de una oportunidad, han manifestado que no se encuentran a gusto con el hecho de que Ingrid se publicite como la líder de la bancada independiente del Congreso.
Una jugada audaz
La reunión del Opera concluyó con un comunicado en el que se señalaba que la reforma política debía obedecer a un acuerdo ciudadano y no a una iniciativa puramente gubernamental. Aunque se concluía que la manera más adecuada de tramitarla era un referendo de iniciativa popular, el comunicado también decía que debía aprovecharse todo el avance que estos temas tuvieran en el Congreso hasta el mes de diciembre. Mientras Ingrid le negaba cualquier oportunidad al Congreso, Noemí le abría un compás de espera para que pudiera convertirse en un actor de la reforma. El viernes, día señalado para la cumbre de Palacio, el diario El Tiempo tituló en primera página: "Herido de muerte el referendo". La noticia reportaba que Ingrid Betancourt pensaba que "hacer el referendo con el Congreso es como reformar el Código Penal con los Rodríguez". Después de muchos días de tire y afloje político Ingrid abandonaba definitivamente la propuesta de un referendo de iniciativa gubernamental y anunciaba que se la jugaría por separado con una acción popular para impulsar la reforma revocándole el mandato al Congreso. Una jugada audaz, como todas las que han caracterizado la fulgurante carrera política de la senadora. Se inició repartiendo condones en la carrera séptima y resultó elegida representante a la Cámara. Luego hizo parte, con Carlos Alonso Lucio, María Paulina Espinosa y Guillermo Martínez-Guerra, del llamado grupo de Los Mosqueteros. Meses después se declaró en huelga de hambre en el recinto del Congreso. Con camiseta de elefante intervino en el llamado juicio al presidente Samper. Posteriormente, y ya en campaña para el Senado, decidió hacerse presente en la convención oficial del liberalismo que elegía a Serpa como candidato luciendo un desafiante tapabocas. Todas estas audacias le han permitido acaparar pantalla y conseguir una votación enorme, pero también le han hecho ganar grandes antipatías entre sus colegas.Una persona que llega por primera vez al Senado y lo hace con la votación más alta en la historia de la corporación por fuerza debe tener mayores aspiraciones políticas. Al margen del resultado final, la revocatoria del mandato de los congresistas siempre será taquillera en un sector de opinión que percibe al Parlamento como un foco de corrupción. Si Ingrid ha decidido apostar a esto, rompiendo cualquier puente con la clase política, es porque considera que dentro de cuatro años habrá más votos de opinión que de maquinaria. A la hora de los balances la cumbre del viernes dejó buenos resultados para casi todo el mundo. Para el gobierno, porque le permite desmontarse de un referendo antipolítico e inoportuno y aparece ahora impulsando una reforma concertada con todas las fuerzas por una vía que incluye al Congreso. Para Horacio Serpa y el Partido Liberal, porque se impuso la tesis de la no revocatoria y el trámite inicial de la reforma se hará a través del Parlamento. Para Noemí Sanín y sus aliados, porque reaparecen en el escenario con reconocimiento de tercera fuerza y subidos en una postura independiente, pero sin intransigencias. Y también para Ingrid, que ha conseguido nuevamente estar en el primer plano de figuración nacional, proyectando su imagen por encima de la de cualquier otro congresista.

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