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| 5/1/2005 12:00:00 AM

'Conejo' gringo

Cómo la DEA le incumplió al hombre que hace 10 años entregó la información para la captura de Gilberto Rodríguez Orejuela.

Andrés Ríos no duerme dos días en el mismo lugar. No habla por teléfono y siempre está vigilando que nadie lo siga. Lleva años con miedo, cambiando constantemente de casa, carro, ciudad y hasta país. Desde hace años sabe que la mafia le puso precio a su cabeza. Aunque era consciente de esa realidad, y logró escapar de las garras de sus 'cazadores' en varias oportunidades, hace dos semanas se dio cuenta de que, una vez más, no había un lugar seguro para él. En la primera semana de abril dos hombres llegaron hasta uno de los apartamentos que utiliza en Guayaquil, Ecuador, a donde llegó a finales del año pasado para esconderse con su familia. Los hombres que iban tras él no lo encontraron. Entonces, delante de todos los vecinos sacaron a la fuerza a su esposa de la vivienda, la montaron a una camioneta y no volvió a tener noticias de ella. "La Policía de allá (Ecuador) me dice que la mataron", afirma mientras recuerda que apenas se enteró de la desaparición de su esposa no tuvo otra opción que salir de ese país con su hijo llevando escasamente la ropa que tenían puesta. Andrés Ríos era conocido en el mundo de los informantes como Andy. Fue la pieza clave del rompecabezas que le permitió al Bloque de Búsqueda capturar a Gilberto Rodríguez Orejuela el 9 de junio de 1995. La información que les entregó a los agentes de la DEA, que operaban entonces en Colombia, fue suficiente para que los miembros del Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional y los agentes de la DEA dieran con el paradero del que en ese momento era el hombre más buscado del mundo. Dos meses después de la captura del capo, la DEA le entregó en Bogotá un tiquete rumbo a Miami, a donde llegó el 20 de septiembre de 1995. Andy sabía que muchas cosas estaban en juego en ese momento. Iba a cobrar la recompensa que le habían prometido los agentes de la DEA en Colombia: tres millones de dólares. Pero por encima del acuerdo económico, lo que más le importaba a Andy era su seguridad. La propia DEA le había dicho que el cartel de Cali lo tenía encabezando una lista de personas consideradas responsables de la captura de Rodríguez Orejuela. Andy sabía que aun en Estados Unidos el cartel lo podía ubicar, pero estaba confiado en que su mejor seguro de vida iba a ser, como le prometieron, un cambio de identidad y reubicación. Cuando Andy llegó a Miami tomó un taxi rumbo al City Bank de Doral, a 15 minutos del aeropuerto. Una vez en el banco fue conducido directamente al salón VIP, reservado para los mejores clientes. Lo esperaban un alto funcionario de la entidad bancaria y un hombre de la DEA. "El agente sacó una carpeta con unos documentos y un cheque. Me dijo que me iba a hacer entrega oficial de la recompensa que había ofrecido el gobierno colombiano. Sacó un cheque por 685.000 dólares y me lo entregó. Yo le dije que ese no era el monto que habían ofrecido. Él sencillamente me dijo que lo tomara o lo dejara, pero que ese era todo el dinero que había", recuerda Andy. Ese día de septiembre de 1995, Andy entendió que no tenía otra salida que aceptar el dinero y que, evidentemente, las cosas no iban a ser color de rosa. No volvió a tener noticias de la DEA. Las promesas de reubicarlo y cambiarle el nombre se habían esfumado. No podía invertir el dinero que se ganó en comprar algún bien o abrir una cuenta bancaria a su nombre. Sabía que, como se lo había dicho la misma gente de la DEA, aun en Estados Unidos el hecho de tener algo a su nombre abría la posibilidad para que el cartel lo pudiera ubicar en ese país. Desesperado porque sólo tenía una visa de turista que lo obligaba a abandonar Estados Unidos, Andy emprendió una batalla con la DEA en ese país. Envió decenas de cartas a las oficinas principales de esa agencia en Washington y Nueva York exponiendo su caso. El problema no era que no le entregaran todo el dinero de la recompensa sino su ubicación. Para su sorpresa, a finales de 1996 recibió una carta de la oficina de asuntos internos de la DEA en la que le decían que después de revisar su caso habían encontrado que el agente de la DEA que había manejado el caso desde el comienzo había cometido varias faltas. La comunicación terminaba agradeciendo su ayuda e informando que el agente había sido sancionado. Un año más tarde recibió una llamada de la oficina de la DEA en Nueva York en la que le decían que podía pasar a recoger otro cheque por 350.000 dólares. "A mí ya no me importaba que de los tres millones que me prometieron sólo me hubieran dado uno. Yo lo único que pedía era que me ayudaran a reubicarme y me brindaran la seguridad que me habían prometido", recuerda Andy. Por varios meses Andy recorrió varias ciudades de Estados Unidos mientras intentaba que alguien en la DEA lo ayudara con su visa y su reubicación. "La plata que me gané me ha servido para correr y esconderme", recuerda mientras afirma que otra porción del dinero la invirtió en bienes raíces a nombre de amigos y familiares en varios países de Centroamérica. En junio de 2001 Andy tuvo que abandonar Estados Unidos. Se refugió en varios países de Suramérica y Europa, pero siempre era rastreado por el cartel. Hace dos años consiguió hablar con uno de los agentes de la DEA que conoció en Colombia. Éste le dijo que la única forma de conseguirle una visa y ayudarle a quedarse en Estados Unidos era si eel volvía a trabajar para la DEA. Así lo hizo. Reactivó varios de sus contactos y consiguió hacer varios operativos con la DEA en Suramérica y Estados Unidos. El tiempo pasó y a pesar de los 'positivos', una vez más, las promesas de ayuda no se cumplieron. A mediados del año pasado decidió irse a esconder a un pueblo cerca de Esmeraldas, Ecuador. Durante algún tiempo estuvo tranquilo y pensó que finalmente podría estar en paz. Hace dos semanas, cuando su esposa fue secuestrada, se dio cuenta de que las cuentas con el cartel sólo terminarán cuando lo maten. "Lo que me parece más increíble es que a los grandes capos del narcotráfico la DEA sí les cambia la identidad y les ayuda a regularizar su situación. A mí, que les di uno de los casos más grandes en la historia de esa agencia, me hicieron conejo y me dejaron a mi suerte. De qué me sirve la plata que me gané si no la he podido disfrutar y difícilmente la disfrutaré", dice Andy con resignación.
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