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| 9/7/2016 8:27:00 PM

Así recibió el Congreso el fallo contra Ordóñez

Voceros de los partidos políticos explican las consecuencias políticas de la decisión del Consejo de Estado.

Para el Congreso colombiano no fue sorpresiva la decisión del Consejo de Estado de anular la reelección del procurador Alejandro Ordóñez. Desde el mismo momento en que el Senado lo eligió por otros cuatro años, ya se olfateaba que dicha decisión se podría caer, pues existía un vacío en la Constitución que no esclarecía si el jefe del Ministerio público estaba habilitado para ser reelegido en su cargo o no.

Pero desde hace tres semanas, los congresistas de todos los partidos tenían la conciencia de que el procurador general estaba por caer, muy a pesar del pálpito del propio Ordóñez, quien cada vez que iba al capitolio no sólo dejaba titulares para la prensa, sino que advertía que cumpliría su período hasta el último día.

Todo cambió en la mañana del lunes 22 de agosto. Ese día, en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos posesionó a César Palomino como magistrado del Consejo de Estado. Allí le pidió al Senado celeridad en el caso de Jorge Pretelt (magistrado de la Corte Constitucional) y al Consejo de Estado sobre la reelección de Ordóñez, demandada hace más de tres años.

Al día siguiente, el Senado suspendió a Pretelt. Este jueves 7 de septiembre, el Consejo de Estado sacó del cargo a Ordóñez.

La decisión ya se advertía desde la víspera. Álvaro Uribe, senador del Centro Democrático, lo anticipó en su Twitter. Y Ordóñez, como nunca antes, fue duramente crítico con el presidente Santos, a quien acusó de hacer fraude con el plebiscito.

La salida de Ordóñez se produce en el momento de mayor tensión con el presidente de la República, debido a su interpretación sobre la participación en campaña de funcionarios y a los límites que tendría el jefe de Estado, a quien advirtió de que no podía promover el voto por el Sí.

“Algunos han caído en la tentación de decir que es un fallo político”, dice Armando Benedetti, presidente del partido de La U. “Si el presidente hubiera metido la mano, hace más de un año habría sido destituido el procurador”.

En la otra orilla, al senador Jaime Amín, del Centro Democrático, no le cabe la menor duda de que fue un “mandado” del presidente Santos. “Es lamentable que la presión impúdica ejercida por el presidente se haya impuesto. (Ordóñez) Es la única voz institucional que se ha opuesto a ese sainete del acuerdo de paz”.

Pero fue el expresidente Uribe quien protestó ante la decisión del Consejo de Estado en la plenaria del Senado.

El líder del Centro Democrático dijo que en la Constitución no había prohibición alguna de la reelección del procurador, pero que se alega que como se trataba de asumir una función pública, necesitaba aprobación explícita.

“Ante esa duda de si estaba autorizado o prohibido, y que no estaba explícitamente prohibido, ni explícitamente autorizado, debería prevalecer el derecho fundamental a participar en la función pública”, aseguró Uribe.

“Ya el país juzgará lo político, el momento, lo que ha dicho el Gobierno frente al procurador”, agregó quien había anticipado la suerte de Ordóñez.

Carlos Motoa, senador de Cambio Radical, dijo que aunque mucho se hablaba de la nulidad de la reelección del procurador, el hecho de que el Consejo de Estado se pronuncie a escasos tres meses para cumplir su período constitucional no deja una buena percepción en la opinión pública. “Un proceso de estos debió haber sido asumido por el Consejo de Estado con suficiente anticipación”.

Para muchos, la decisión podría beneficiar la campaña del plebiscito, pues dejaría al margen a quien tenía una espada de Damocles sobre los funcionarios, a quienes tenía atemorizados con sus reiteradas advertencias.

Sin embargo, Benedetti es de los que creen que esta decisión será la más favorable a Ordóñez porque lo victimiza, lo pone en la palestra pública y de inmediato lo lanza a la Presidencia. Algo muy similar a lo que pasó con Gustavo Petro, precisamente tras una destitución ordenada por Ordóñez.

Tras conocerse la decisión, las redes sociales explotaron y los congresistas dividieron sus opiniones. Unos saludaban la decisión, otros la descalificaban. No era para menos, desde el 2008, Ordóñez despertó amores y odios.

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