Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/01/28 16:47

Las mujeres, ahora, van por la Defensoría

Tras presionar la renuncia de Jorge Armando Otálora, las mujeres congresistas reclaman para su género la Defensoría del Pueblo. El presidente Juan Manuel Santos tiene la palabra.

De izquierda a derecha: Claudia López, Viviane Morales, Piedad Córdoba y Marta Lucía Ramírez. Foto: Archivo particular

Las mujeres no son mayoría en el Congreso, aunque nunca antes en la historia habían ocupado tantas curules en el capitolio: 52, una de cada cinco. Pese a ello, son sólo el 20 % del parlamento, por lo que su poder de decisión es insuficiente, pero el número parece ser lo de menos y cada día están demostrando tener mayor incidencia.

Prueba de ello es todo lo sucedido alrededor del escándalo que enredó la carrera pública del defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora. Desde el domingo, cuando se conocieron las evidencias de un presunto acoso sexual a su exsecretaria privada, fueron ellas, las mujeres congresistas las que empezaron a mencionar la palabra renuncia. Luego, y como si se tratara de una bola de nieve, los partidos políticos, algunos directivos de la Defensoría y hasta la opinión pública en general exigieron la renuncia de Otálora.

Lo más significativo del caso es que las mujeres se despojaron de las camisetas de sus partidos, y más allá de diferencias ideológicas, enarbolaron la misma bandera, la de la defensa de los derechos de la mujer. El episodio reunió a contradictoras como las senadoras Claudia López y Viviane Morales, y las excongresistas Piedad Córdoba y Marta Lucía Ramírez, en una misma causa.

Si bien es injusto decir que la renuncia de Otálora fue provocada por la llamada bancada de mujeres, pues las denuncias eran los suficientemente graves como para advertir que el defensor del Pueblo fue inferior a la estatura ética y moral que obliga su cargo, la presión que ellas ejercieron desde los medios de comunicación y las redes sociales sí fue determinante para producir la dimisión del funcionario. Por eso bien se les podría atribuir como triunfo. De hecho, así lo reivindicaron.

Ahora emprenden una nueva batalla. Exigen, como una manera de reparación al género, que quien ocupe el cargo de defensor sea una mujer. Y la única forma que habría para garantizarlo es que el presidente Juan Manuel Santos postule tres mujeres de las más altas calidades para que la Cámara escoja entre ellas la sucesora de Otálora. “Después de esta situación enojosa y vergonzosa de la actuación del defensor del Pueblo, el presidente debe pensar seriamente en integrar una terna conformada sólo por mujeres”, dijo Morales a Semana.com.

Pronto, otras dirigentes se sumaron a la propuesta. “Hay excelentes mujeres que garantizarían una gestión de lujo”, dijo la conservadora Marta Lucía Ramírez; “apoyo a Viviane Morales, pedimos terna de mujeres para la nueva Defensoría del Pueblo. Queremos una defensora del Pueblo y de las mujeres”, agregó Piedad Córdoba; “ya logramos la primera meta, que un personaje indigno del cargo renunciara. Ahora elijamos a la mejor colombiana defensora del Pueblo”, añadió Claudia López.

La idea podría tener obstáculos legales. Según lo establece la ley de cuotas, las ternas deben estar conformadas mínimo con el 30 % de uno de los dos géneros. Por eso, la tesis de que la terna esté integrada sólo por mujeres podría resultar discriminatoria.

Viviane Morales no lo oculta, pero cuestiona el hecho de que durante tantos años se han presentado ternas exclusivamente conformadas por hombres y nunca han advertido su carácter discriminatorio. Además, la senadora liberal considera que en este caso se podría tratar de una “discriminación positiva” en favor de la mujer, que en su criterio todavía tiene muchos rezagos en el ejercicio de sus derechos.

“Sería una forma de alcanzar la igualdad y hablando del proceso de paz, es muy importante una mujer defensora que proteja los derechos de todos los colombianos pero que tenga la sensibilidad de defender los derechos de quienes han sido las principales víctimas de esta guerra, que son las mujeres, desplazadas, vulneradas en sus derechos sexuales, violentadas. Cientos de miles de mujeres han tenido que sufrir acoso sexual por parte de sus inmediatos superiores”, justificó Morales.

La representante Ángela María Robledo también admite la posible dificultad, pero contempla la posibilidad de que la terna la integre un hombre y dos mujeres, pero que estas no sean escogidas como un “relleno” para cumplir con una cuota de género, como considera que ha sido tradición en el país, y que se ha visto en elecciones de magistrados y fiscal general, por ejemplo.

Además, señala Robledo, las mujeres del Congreso estarían dispuestas a vigilar todo el proceso de elección en la Cámara, para evitar que suceda lo que pasó hace tres años con el defensor Otálora, “quien, junto al Partido Liberal cooptaron la elección”, recuerda. En agosto del 2012 Otálora fue elegido con 126 votos, sus compañeras de terna, Beatriz Linares (q.e.pd.) y Olga Lucía Gaitán, sólo tuvieron cuatro votos cada una.

Robledo y la bancada del Partido Verde, así como la del Polo, junto a organizaciones de mujeres, preparan una carta para pedirle oficializar esta petición al presidente Juan Manuel Santos.

Las actuales circunstancias y la atmósfera que se respira tras el escándalo sexual que involucró a Otálora, podrían favorecer esta nueva batalla de las mujeres. De conseguirlo, las mujeres en el parlamento obtendrían un un triunfo sin antecedentes.

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