Martes, 23 de septiembre de 2014

| 1989/01/16 00:00

CONGRESO DE MOMIAS

En el Congreso del PCC, ni perestroika, ni nada nuevo.

CONGRESO DE MOMIAS

Se dice que la historia del Partido Comunista Colombiano se divide en cuatro etapas: diez años que se gastó explicando la invasión soviética a Hungria, diez años explicando la invasión a Checoslovaquia, diez años explicando la invasión a Afganistán y, ahora, le esperan otros diez años explicando la perestroika.
O quizás más, si se tiene en cuenta que ya va más de un año de Perestroika en la Unión Soviética y los comunistas colombianos todavía no la entienden. Al menos, esa es la idea que queda después de haber visto lo que pasó en su XV Congreso, realizado en Bogotá, la semana pasada: los vientos de la perestroika, por ahora no tocarán las filas del PCC.
Quienes esperaban esos vientos renovadores tuvieron que contentarse con unas tenues brisas que no alcanzaron a refrescar el ambiente y que dejaron la convicción de que los comunistas colombianos son como Los Intocables de Elliot Ness: nada, ni nadie, los hace cambiar. Su Congreso XV se pareció al XIV y, el XIV al XIII y así sucesivamente.
En esta oportunidad, sin embargo, el encargado de instalar el Congreso no fue -como tradicionalmente ha sido- su Secretario General, Gilberto Vieira, sino Nelson Campos, concejal de Apartadó (Antioquia), quien sobrevivió a un atentado político. Y fueron las víctimas de la guerra sucia lo único que hizo que este Congreso se pareciera a la realidad del país. Las paredes del salón de deliberaciones estaban adornadas con dibujos de algunos de los miembros del P.C. y de la Unión Patriótica asesinados en los dos últimos años. Así mismo eran muchos los delegados que con muletas, brazos partidos, chalecos antibalas, o armados, le imprimían a este Congreso una nota dramática. Pero los interminables saludos de los delegados fraternales de los partidos comunistas de 30 países del mundo, así como la lectura de los informes de los regionales y las consabidas mociones de disciplina a los camaradas que armaban corrillos fueron -como siempre- la constante.
Los informes de los regionales estuvieron marcados por la dramática situación que atraviesan los comunistas en diferentes partes del país y que en algunos casos, como en el del regional del Valle o en el del Magdalena Medio, sirvieron para que los delegados hicieran críticas tímidas (pero, en fin críticas) sobre la labor parlamentaria de los senadores y representantes comunistas, que fueron elegidos en 1986. La suerte no acompañó a la dirigencia que fue fustigada en forma abierta y sin pelos en la lengua por la delegación de los estudiantes residentes en la Unión Soviética quienes dijeron: "Los documentos preparatorios al XI Congreso no dan una apreciación correcta de la perestroika. La presentan como una simple rectificación de errores acumulados cuando de lo que se trata es de una ruptura con un modelo de desarrollo que agotó sus posibilidades, no sólo como consecuencia del paso del tiempo sino, fundamentalmente, porque las deformaciones que él llevaba implícitas y su orientación condujeron a la sociedad socialista a una situación crítica".
Pero si esto cayó como un baldado de agua fría entre los miembros de la dirección, lo que la mayoría esperaba es que se discutiera ampliamente. Sin embargo, la intervención pasó y no sucedió absolutamente nada. Y el otro punto que parecía ser el plato fuerte del Congreso: la combinación de diferentes formas de lucha, fue abordado en forma cortante por el Secretario General, Gilberto Vieira quien afirmó: "La pretensión de mezclar en forma voluntarista la acción legal y abierta con la utilización simultánea y caprichosa de otras formas, es nociva. Por eso sostenemos firmemente que los actos terroristas no favorecen, sino que perjudican las acciones populares". Uno de los abanderados de clarificar esta situación, el senador de la Unión Patriótica, por el Huila, Alberto Rojas Puyo, no tuvo la votación suficiente para salir como delegado y no fue invitado oportunamente, según sus propias palabras, a asistir al evento.
Tal vez lo que más llamó la atención fue el hecho de que por primera vez los delegados de organizaciones tan disímiles como el EPL, el ELN, Firmes o el Partido Socialista de los trabajadores fueron bien recibidos, en contraste con el tradicional sectarismo y dogmatismo que ha caracterizado las relaciones entre las organizaciones de izquierda. No obstante a la hora de la elección del Comité Central, las cosas fueron como siempre han sido. Las diferentes corrientes hicieron cuentas y trataron de ganar votos con simpatía como cualquier reina de belleza en Cartagena.
Pero esta estrategia en nada cambió la composición de fuerzas. De una lista de 130 nombres se eligieron 90 miembros, haciendo énfasis en que quedara una representación de las regiones y una representación femenina, ya que una crítica durante todo el Congreso fue el machismo que caracteriza a los "camaradas". Ese fue tal vez el cambio más significativo del XV congreso del PCC, porque, por ahora, los vientos de renovación están por venir y la perestroika por entenderse.

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