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| 10/6/2012 12:00:00 AM

Congreso de recreo

Dos meses después del 20 de julio, el Congreso está aletargado. El gobierno no ha presentado la mayoría de sus proyectos, las comisiones andan a paso de tortuga y en las plenarias espantan.

Todo parece indicar que no solo los colegios y las universidades están en semana de receso. Por los lados del Congreso la baja actividad ya cumple dos meses. La semana pasada no fue la mejor para el poder Legislativo. El martes en la tarde, mientras el senador Juan Manuel Galán debatía sobre las fallas de construcción del Aeropuerto Eldorado, menos de la mitad de los senadores lo acompañaban en el recinto. El miércoles a las 11 de la mañana -hora que suele ser el pico de actividad de la institución- asustaban en el Capitolio. La comisión primera, que se había levantado el día anterior por falta de quórum, no sesionó. Y tampoco hubo plenaria a petición del Partido Conservador. Y el jueves, el senado sesionó desde Villa de Leyva para conmemorar los 200 años del Congreso de la Nueva Granada.

Este ritmo de trabajo parlamentario ha sido el patrón desde el 20 de julio, cuando retornaron de sus vacaciones. Senadores y representantes han afirmado a SEMANA que están aburridos, que a los presidentes de Senado y Cámara les interesa más viajar y hacer ruedas de prensa que presidir las sesiones, y que el gobierno nada que presenta los proyectos. Es en palabras de algunos legisladores, "el Congreso de la desidia".

En esas críticas hay tanto verdad como exageración. En primer lugar, el tercer año del cuatrienio presidencial se conoce como "el año del Congreso", es decir, el período de sesiones donde los proyectos de ley de origen parlamentario ganan el visto bueno del gobierno y son impulsados. Por esa razón, los conocedores de la política esperaban más iniciativa de los congresistas. "A casi ninguno le interesa mover sus proyectos" afirma un asesor ,"y por eso no salen de comisiones". Por ejemplo, la eliminación de la Vicepresidencia estuvo quieta hasta la semana pasada, cuando se agitó el tema de salud del presidente Santos y del vicepresidente Garzón.

Además, la mayoría de las iniciativas parlamentarias no son temas de peso para la agenda pública que muevan la aguja en los medios de comunicación. Tal vez por esto los congresistas se han dedicado a su segunda labor primordial: hacer control político. Pero en eso tampoco les ha ido bien. Citan a los ministros a tres comisiones al tiempo y más de una vez ha ocurrido que los ministros deben responder al cuestionario ante recintos vacíos a altas horas de la noche.

Sin embargo, no todo es culpa del Legislativo. El gobierno se ha demorado en presentar sus proyectos. Si bien era prudente dejar sanar las heridas de la crisis de la reforma a la Justicia y dejar que los nuevos ministros hicieran empalme, la Casa de Nariño no ha radicado casi ningún proyecto prioritario. Aunque desde hace más de 15 días la agenda legislativa está definida, al cierre de esta edición solo habían sido radicados el Código Electoral, la Ley de Igualdad de Oportunidades y la Reforma Tributaria con mensaje de urgencia. "En más de una ocasión le he pedido al gobierno presentar las iniciativas y esperé que lo hicieran antes de octubre" dice el presidente del Senado Roy Barreras.

Para la cabeza de la corporación, el Legislativo está dedicado a mover su propia agenda con proyectos como la reforma al reglamento del Congreso y la reforma a la salud, la cual sacarán adelante "con o sin el gobierno". También recuerda que el Congreso ya aprobó el presupuesto, que se han hecho debates interesantes de control político como el de 4G y que las Comisiones de Paz están trabajando a buen ritmo. Barreras admite una demora en las comisiones (donde se estudian 37 proyectos), sobre todo en la Comision Primera de Senado, por lo cual solicitó agilizar el trámite de leyes.

Aunque lo más fácil es atacar a instituciones desprestigiadas como el Congreso, lo cierto es que el Legislativo sigue en deuda con el país. Todavía está fresco el recuerdo del descalabro de la reforma a la justicia y temas como la salud requieren decisiones parlamentarias urgentes. Para ganar puntos con la opinión pública el Congreso debe aplicar el mejor remedio: trabajar, deliberar y proponer. Y eso aún no se ha visto.
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