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| 7/5/2016 11:00:00 AM

Así son hoy los jóvenes de la Séptima Papeleta

La Constitución de 1991, que esta semana celebra 25 años, fue producto de un movimiento estudiantil que cambió el país para siempre. ¿En qué andan hoy sus protagonistas?

Los estudiantes de la Séptima Papeleta produjeron una de las mayores transformaciones de la historia reciente: convocaron a miles de personas a marchar después del asesinato de Luis Carlos Galán, y se convirtieron en líderes para convocar una Constituyente para un nuevo pacto social. De hecho, su movimiento precipitó una nueva Constitución que esta semana celebra sus 25 años.

Ayer, en Rionegro (Antioquia), más de un centenar de personas se reunieron para conmemorar ese aniversario. La ceremonia fue emotiva y estuvo llena de discursos apasionados y críticos. El presidente Juan Manuel Santos aprovechó para enviarles un guiño a los magistrados de la Corte Constitucional para el plebiscito, mientras los otros invitados compartían sus reflexiones sobre lo que ha significado esa carta política en el último cuarto de siglo.  

Quienes celebran esta semana los 25 años de la Constitución de 1991 resaltan que su mayor mérito fue haberse gestado en medio del clamor nacional. Ese sentimiento fue inspirado por un grupo estudiantil que logró que su idea de una séptima papeleta en las elecciones terminara en una convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.

Hace unos meses, cuando ese movimiento también cumplió un cuarto de siglo, SEMANA, invitó a sus protagonistas para recrear las emblemáticas imágenes de ese sueño. Allí estuvieron Claudia López, Catalina Botero, Ana María Ruiz, Alejandra Barrios, Fabio Villa, Gustavo Salazar, Alfonso Gómez y Óscar Sánchez.

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Claudia López, Alejandra Barrios, Gustavo Salazar, Fabio Villa, Ana María Ruiz,  Alfonso Gómez Lugo y Óscar Sánchez.

El 11 de marzo de 1990 más de dos millones y medio de colombianos apoyaron en las urnas esa causa que ellos inspiraron. Se denominó “Séptima Papeleta” pues ese día se realizaban seis elecciones (Senado, Cámara de Representantes, Asamblea Departamental, juntas administradoras locales (JAL), Concejo y alcaldes), y esta fue una adicional. Los estudiantes contaron las papeletas, pero la Registraduría no las reconoció como válidas y hubo que incluir otra en las elecciones de Presidencia que vinieron después. A punta de foros, citas y conferencias, este grupo de persistentes estudiantes terminó logrando más de lo que se habían propuesto.

En ese entonces la senadora Claudia López era apenas una estudiante de Biología de la Distrital. Era la primera vez que iba a ir a votar, sin embargo, a sus tres candidatos (Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán) los asesinaron. La indignación la llevó al movimiento estudiantil, y poco tiempo después se cambió a la carrera de Gobierno y Relaciones Internacionales del Externado. “Para mí la Séptima Papeleta fue una reafirmación de que no nos dejaríamos callar por la mafia, de que saldríamos a defender la democracia y que reformaríamos al país. Hoy, 25 años después, sigo creyendo lo mismo”, dice orgullosa.

Catalina Botero llegó a ser relatora para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En ese momento, cuando estudiaba Derecho en los Andes, le dijo a SEMANA que se había sumado a esa causa por “un sentimiento generalizado de rabia y de tristeza que nos obligaba a preguntarnos de qué valía ser jóvenes”. Ahora describe ese movimiento como “una descarga de esperanza. Y eso justamente es lo que sentía el día de esa foto: esperanza”. Para ella, el mayor logro que tuvieron fue “generar el suficiente optimismo para rehacer, de una manera nunca antes vista en la historia del país, con una nueva y mucho más democrática Constitución”.

Lo mismo aseguró Alejandra Barrios, la directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), que en ese momento estudiaba Finanzas en el Externado. “Fue la nueva Constitución la que nos dio las herramientas para hacer frente a las crisis de paramilitarismo, narcotráfico e ilegalidad en la política que vino después”, sostiene.

Ana María Ruiz se unió a ese movimiento cuando estudiaba Ciencias Políticas. Después trabajó como periodista y ahora es la directora de su empresa de comunicaciones. “Aún me pregunto cómo garantizamos que Colombia sea el Estado laico, plural e incluyente que soñamos hace 25 años”, dice.

Fabio Villa era de Sociología de la Universidad Nacional y terminó siendo el único estudiante que logró un escaño en la Asamblea Nacional Constituyente. Fue concejal de Medellín y está terminando su doctorado. Para él, “la Séptima Papeleta es el salto más importante del país en el siglo pasado. Que un grupo de estudiantes haya logrado semejante transformación tiene un peso en la historia enorme”.

Alfonso Gómez dirige hoy su oficina de abogado y está convencido de que se hizo mucho, pero falta mucho más. “Las normas no son lo único que se necesita para que cambien las costumbres políticas. En el Congreso y en la Justicia hay cosas que siguen muy mal”, dice.



Él no es el único que tiene esa percepción. Gustavo Salazar, quien ahora es profesor en la Universidad Javeriana, cree que sólo se recorrió una parte del camino. “La Séptima Papeleta es un proceso que aún no ha acabado y la gran oportunidad para terminarlo es con la firma de la paz con las Farc”, sostiene.

Lo mismo piensa Óscar Sánchez, hoy secretario de Educación de Bogotá. “Nuestra generación pensaba ser la generación de la paz, pero terminó viviendo en una realidad de profundización de la guerra, del narcotráfico y de la inequidad social”, concluye.

Ha pasado toda una generación desde que estos jóvenes marcharon en busca de un país mejor. Pero más allá de las virtudes que este movimiento tuvo y a los triunfos que la nueva Constitución política le adeuda a este grupo de soñadores, lo cierto es que también muchas cosas en Colombia siguen muy mal.

En la década de los 60, otra generación como ellos también marchó para cambiar el mundo. En Mayo del 68, que Francia recuerda con nostalgia se lograron hitos que marcaron la historia. Se cambiaron gobiernos y políticas y fue tan profundo su impacto, que desde allí se dice que “cuando París estornuda, toda Europa se resfría”. Muchos de los protagonistas de esa revolución estudiantil terminaron gobernando el Viejo Continente, pero no pudieron entregarles a sus hijos el mundo mejor con el que soñaban. Ahora cuando los jóvenes de la Séptima Papeleta están asumiendo las riendas de una nueva Colombia en un momento crucial como el actual, habría que desearles muchísima más suerte.

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