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| 11/10/2014 12:00:00 AM

Lo que acerca a Uribe a las FARC

El expresidente cree, como las FARC, que el mecanismo para refrendar los acuerdos de paz debe ser una asamblea constituyente.

En su carta de respuesta al exministro Álvaro Leyva, el expresidente Álvaro Uribe volvió a despacharse en contra del actual proceso de paz que el gobierno de Juan Manuel Santos adelanta con la guerrilla de las FARC en La Habana. No hay mayores novedades. Todo lo contrario. Una nueva andanada del hoy senador del Centro Democrático contra la forma como se adelantan las negociaciones.

La percepción de esta carta es que Uribe se margina del proceso de paz. O por lo menos explica de nuevo sus argumentos para oponerse. Otra cosa cree Álvaro Leyva, quien dice que al expresidente hay que leerlo entre líneas y su conclusión de ello es que “Uribe entró al proceso de paz”.

Y es que según Leyva, en dos párrafos de la carta en los que Uribe se refiere al mecanismo de refrendación de los acuerdos de paz se advierte que para el exmandatario, “el proceso de paz es irreversible”.

Y allí, precisamente, Uribe coincide por primera vez con la guerrilla. Sostiene que ni un referendo, ni una consulta popular son mecanismos para la refrendación de los acuerdos. Dice que el único camino posible para ello es una asamblea constituyente, el mismo mecanismo que las FARC le van a reclamar a Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador.

“El referendo y la consulta popular, si bien son diferentes porque el primero propone reformar las normas y la segunda es de alcance indicativo, tienen el vicio de poder coincidir con otra elección, tal como fue aprobado en reciente cambio de jurisprudencia sobre el referendo. Preguntar por la noble palabra paz, en una nación martirizada, con el agravante de coincidir con otra elección, es impulsar a un salto emocional que al afectar el discernimiento sobre los temas, desviaría la razón de ser de los instrumentos de participación directa”, dice Uribe en la carta.

Por eso defiende la constituyente. “Hay voces que expresan que una asamblea constituyente, limitada para otros temas pero libre para aprobar, improbar o modificar los acuerdos, con todas las garantías de deliberación, tomaría decisiones en salvaguardia de los valores democráticos de Colombia, ofrecería espacio de discusión y podría ser un camino siempre y cuando el grupo terrorista hubiera ya entregado las armas y por ende no existiera riesgo de presión armada a electores ni a constituyentes”.

La primera condición que pone Uribe es que las FARC entreguen las armas antes de la constituyente y que esta sea limitada en sus temas. Muchos dicen que a Uribe le seduce la constituyente porque allí podría promover la reelección indefinida. Él mismo lo ha negado, pero su bancada de congresistas recientemente ha votado en contra de la eliminación de la reelección.

Y otro cambio es que Uribe por primera vez les abre las puertas de la participación a los voceros de la guerrilla en una constituyente. Antes advertía que la asamblea no debería tener presencia del que llama grupo terrorista.

Incluso, Uribe, el 4 de julio del 2012, en un célebre discurso en el Club El Nogal, donde declaró oficialmente su oposición a Santos y anunció la creación del Centro Democrático, había propuesto una constituyente exclusivamente para reformar la justicia. Desde entonces esa idea martilla en su cabeza.

Más allá de estas hipótesis, las FARC ya han fijado su posición pública respecto de la constituyente. Y en algo hay coincidencias con el exmandatario. Por ejemplo, en un comunicado del 21 de diciembre del 2013, esa agrupación señaló que ante la amplitud de los temas que se discuten en la Mesa Conversaciones de La Habana, “la única solución posible para su refrendación es una nueva asamblea constituyente conformada de forma amplia, democrática y participativa”.

Para las FARC, la nueva asamblea tendría como objetivo “elevar a nivel de mandato constitucional los acuerdos que se alcancen en el proceso de paz”. Estaría conformada por 141 integrantes, de todos los sectores de la sociedad. Entre ellos habrá una porción integrada por las fuerzas que se han alzado en armas contra el Estado, cifra que sería establecida en el momento de discutir los mecanismos de refrendación del acuerdo de paz.

Los integrantes de esta asamblea que proponen las FARC serían escogidos popularmente. La parte integrada por los excombatientes guerrilleros será elegida por designación directa de cada guerrilla.

Para la guerrilla, el objetivo de esta nueva constituyente, con respecto a las Constitución de 1991, sería “perfeccionar diseños actuales inconclusos, incorporar nuevos y contener cláusulas pétreas en materia de derechos fundamentales y de reconocimiento de derechos de comunidades indígenas y afrodescendientes”.

No es la primera vez que Uribe y las FARC hablan de constituyente. Pero sí resulta una novedad que el expresidente la considere la mejor forma de refrendar los acuerdos de paz, tal como piensa la guerrilla. Será Humberto de la Calle, el jefe negociador del Gobierno, quien deberá encargarse de convencerlos de lo contrario, pues él ha dicho en reiteradas ocasiones que la posición del Gobierno es refrendar los acuerdos mediante un referendo.
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