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| 4/20/2003 12:00:00 AM

Conversaciones con la mafia

Un grupo de los narcotraficantes mas pesados le ofrecen al gobierno someterse a la justicia. 'Rasguño' es el hombre clave.

Cuando todo el mundo pensaba que sólo había diálogo con los paramilitares un grupo de narcotraficantes, que bien puede ser la última mafia organizada que queda en Colombia, ha comenzado a explorar con el gobierno la posibilidad de someterse a la justicia.

De llegar a concretarse la negociación se podría paralizar una parte importante del negocio de drogas ilícitas que hoy financia a chorros a la guerrilla y a los paramilitares.

El hombre clave que viene adelantando este proceso es Hernando Gómez Bustamante, de 43 años, alto, fornido y con una cicatriz en una mejilla, de la que le viene el apodo de 'Rasguño', como lo conocen en el mundo del narcotráfico, en el que ha hecho carrera durante 25 años.

Ha residido casi toda su vida en Cartago, al norte del Valle del Cauca, desde donde siempre administró sus negocios ilícitos. Durante años, además, fue una figura conocida en la región, frecuentaba reuniones sociales y recorría las calles de la ciudad. También ha manejado sus enormes fincas ganaderas y ha tenido grandes negocios de venta de carne a supermercados y tiendas a nivel nacional. Pero hace unos cuatro años su mala fama cogió fuerza y se pasó a la clandestinidad. Hoy no se sabe dónde vive.

Hasta ese sitio, "en las montañas de Colombia", como él dijo a SEMANA, llegó un alto funcionario del gobierno a escuchar sus argumentos. El encuentro, un primer paso para que 40 narcotraficantes de peso se puedan someter a la justicia colombiana, ocurrió hace menos de un mes entre Villavicencio y Puerto López, en el Meta.

Los contactos comenzaron cuando un grupo de narcos, liderado por Gómez, le propuso al gobierno de Alvaro Uribe cinco cosas: acabar con lo que las autoridades han denominado el cartel del norte del Valle; desmontar el tráfico de drogas ilícitas que controla este cartel; pagar sus penas en cárceles colombianas supervisadas por el gobierno de Estados Unidos; entregar sus bienes sin el largo proceso de extinción de dominio y pagar multas millonarias en dólares. Y con todo esto quedar a paz y salvo con la justicia. El proceso estaría además bajo la supervisión del Observatorio Geopolítico de las Drogas de París.

El facilitador de esta propuesta ha sido monseñor Hernán Giraldo Jaramillo, obispo de Buga y, aunque el acercamiento de los narcos a la justicia es comparable a una peregrinación, monseñor no ha desfallecido desde que los capos le pidieron que mediara entre ellos y el gobierno.

El vocero

La docena de personas que consultó SEMANA acerca de este nuevo proceso de sometimiento a la justicia por parte de este temible grupo de narcotraficantes parecen estar de acuerdo en un punto: nadie mejor que 'Rasguño' podría liderarlo. Es que su poder nació de la propia mafia. No lo cosechó como Pablo Escobar, sembrando el terror contra la población, ni como los hermanos Rodríguez Orejuela, con la penetración del poder político, sino que se deriva del hecho mismo de ser uno de los más grandes narcotraficantes. Precisamente aprendió del negocio al lado de José Orlando Henao Montoya, considerado por la DEA el capo de capos del norte del Valle y que fue asesinado el 5 de noviembre de 1998 en la cárcel La Modelo de Bogotá.

Pero el solo hecho de ser un gran traficante no lo hace un vocero representativo. Gómez Bustamante logró convertirse en el único hombre en quien todos confían para solucionar sus problemas. Y eso en un cartel con una larga historia de traiciones y guerras intestinas es raro.

"Es el único que ha logrado pacificar la zona y evitar una guerra entre los narcotraficantes del norte del Valle y de Cali, le dijo a SEMANA un oficial de inteligencia de la Policía. Por lo que sabemos, lo respetan porque ha logrado parar desde 'vendettas' personales hasta líos de negocios de droga".

Se ha ganado el respeto en el bajo mundo por ser una especie de 'pacificador', pero también porque logró convencer a dos fiscales estadounidenses de venir a Colombia para reunirse con él como vocero de los narcos.

El primer encuentro con los fiscales estadounidenses tuvo lugar en el Hotel Hilton de Cartagena en diciembre de 1999. Desde el sur de la Florida viajó la fiscal Teresa Van Vliet, quien llevaba en ese entonces el caso de la Operación Milenio -la gran redada policial contra narcotraficantes y lavadores de dólares de fines de los 90- y traía el aval del Blitz Committee, un organismo con sede en Washington del que hacen parte las agencias federales (CIA, FBI, DEA, Aduana e Inmigración).

Dos agentes de la DEA, entre ellos Paul Crane, quien reunió las pruebas para acusar a los del 'Milenio', la esperaban en el aeropuerto Rafael Núñez. El primer saludo con Gómez Bustamante fue en el lobby del hotel, en donde se respiraba un ambiente de confianza. El narcotraficante guardaba un as bajo la manga que le permitía asistir al encuentro. En su poder tenía una carta de inmunidad, gestionada por sus abogados con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, la cual le garantizaba que no sería detenido durante su traslado a la reunión, ni durante ella, ni después, en la eventualidad de que lo sorprendieran con una orden de captura con fines de extradición.

La fiscal, los dos agentes de la DEA,y el subdirector de esa agencia en Colombia, Javier Peña, cuatro abogados y un traductor simultáneo escucharon a Gómez narrar con lujo de detalles la historia de su vida y su compromiso de colaborar en el desmantelamiento del cartel del norte del Valle, siempre y cuando no fuera obligado a delatar a sus amigos. Eso no les llamó la atención para nada a la fiscal y a los de la DEA porque su interés era que entregara a los grandes capos que él conocía. Por eso de ese encuentro sólo quedó el recuerdo de unas fotografías en las que aparece 'Rasguño' conversando con los funcionarios estadounidenses.

"El gobierno gringo no comprendió la grandeza de esa reunión, le aseguró a SEMANA uno de los narcotraficantes que estaba dispuesto a entrar en esa negociación. Si le iba bien a Hernando, nos iba bien a todos, pero decidieron seguir jugando a los espías".

En los siguientes dos años 'Rasguño' no volvió a tener un contacto con la justicia norteamericana y fue poco lo que se volvió a saber de él.

En diciembre de 2002 Gómez Bustamante se reunió con el jefe de las autodefensas, Carlos Castaño, para discutir con él la forma de explorar una alternativa conjunta y negociar con los paras una entrega 'en bloque'. Pero esta fórmula no fue viable para ninguna de las dos partes. En las AUC hubo inconformidad de mezclarse en una posible negociación con narcotraficantes y éstos, a su vez, se dieron cuenta de que saldrían perjudicados porque los paras habían sido calificados por el gobierno de Estados Unidos como terroristas. Así que la mejor fórmula para 'Rasguño' era intentar hablar de nuevo con la justicia norteamericana.

Logró entonces que una segunda fiscal aceptara venir a Colombia a hablar con él y que escuchara otra vez su historia y su ofrecimiento de colaborar en el desmantelamiento de toda la organización: rutas, laboratorios y cultivos. La fiscal Bonnie Klaper programó su viaje desde Long Island hacia Cartagena para el 23 de enero. Con tan mala suerte que tres días antes Gómez Bustamante fue alertado de que iba a ser traicionado y canceló el encuentro. Hasta ese día llegaron los contactos con las autoridades estadounidenses y 'Rasguño' decidió entonces explorar el camino para proponerle al gobierno de Alvaro Uribe una solución definitiva al tráfico de drogas. Ahí fue cuando, en diciembre pasado, a nombre de su grupo de amigos, hizo la audaz oferta de desbaratar el millonario negocio de narcotráfico que manejan y someterse a la justicia colombiana.

A principios de este año no parecía que su ofrecimiento sería escuchado. El propio gobierno había dado señales claras de no que negociaría con el narcotráfico al recordarles que la única salida era la contemplada en el Código de Procedimiento Penal. No obstante, con los buenos oficios de monseñor Giraldo, el obispo de Buga, finalmente Gómez logró que el gobierno se interesara en el asunto y enviara hace menos de un mes al Meta a un alto funcionario a explorar con él posibles alternativas.

Han sido conversaciones difíciles y, hasta donde pudo establecer SEMANA, aún no ha habido ningún acuerdo. Es más, oficialmente el gobierno niega rotundamente que haya habido este tipo de contactos. Para el gobierno no es simple reconocer ante la opinión pública nacional e internacional que esté explorando el tema, como tampoco será fácil legitimar un eventual acuerdo de sometimiento con un grupo de narcotraficantes como producto de una negociación.

Para los jefes del narcotráfico tampoco es sencillo llevar adelante el proceso. Desconfían de una eventual entrega sin el aval del gobierno de Estados Unidos. La extradición de Fabio Ochoa y de Víctor Patiño Fómeque, luego de haber cumplido sus penas en cárceles colombianas, les dejó un sabor amargo y una gran desconfianza en la justicia colombiana.

Tampoco será un sapo fácil de tragar para el gobierno de Estados Unidos. Veinticuatro empresas de 'Rasguño' fueron incluidas en la lista Clinton por el Departamento del Tesoro de ese país (aunque 23 de éstas ya están liquidadas desde hace más de cinco años). Y aunque no se conoce públicamente una orden de captura con fines de extradición en su contra, la justicia puede tenerla aún bajo reserva y darla a conocer sólo en el momento de su captura.

No obstante las dificultades, de resultar exitosa esta negociación, los efectos pueden ser de gran impacto para el país. Gómez Bustamante es el único hombre que dentro de la mafia tiene la posibilidad y la disposición de convencer a los sucesores de toda una organización delictiva de que se sometan a la justicia y cierren los negocios ilícitos. Además se da la casualidad de que no tiene un solo proceso judicial pendiente en Colombia.

Pero la cuestión va más allá. Por los vínculos que tiene hoy este cartel con la guerrilla y los paramilitares, los expertos están seguros de que si esta importante facción de narcos desmontara el negocio los grupos armados quedarían muy desconectados del eslabón internacional del tráfico de coca. Como lo sostuvo una persona cercana a las conversaciones: "Si el gobierno logra en esta oportunidad que los narcotraficantes del norte del Valle se desmovilicen y se entreguen va a ser mucha la plata que le va a dejar de entrar a estos grupos".

Falta, sin embargo, que mucha agua corra por debajo del puente. Para empezar, que esta exploración reciba el visto bueno de la opinión y, eventualmente, el aval de Washington; que la unión del cartel tras Gómez Bustamante no se rompa y que, finalmente, se dé, en efecto, un sometimiento real a la justicia de parte de los narcotraficantes, y no, como sucedió en el pasado, termine la justicia sometiéndose a los narcos.

Además hay muchos otros narcos, con un perfil más bajo, traficando hoy en Colombia; las conexiones entre narcotráfico y los grupos armados ilegales son profundas y el negocio paralelo del lavado de activos puede tener tentáculos tan extendidos como los del mismo narcotráfico. Estas otras historias están por contarse.




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