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| 9/29/1997 12:00:00 AM

CONVIVIR EN BLANCO Y NEGRO

Las convivir, normalmente asociadas con la iniciativa del ex ministro Fernando Botero, ciertamente le deben a él su puesta en marcha, y hasta de pronto también algo del descrédito que arrastran en algunos sectores de la opinión. Pero sorprendentemente no le deben a él su vida jurídica. Ella surgió de la iniciativa de su antecesor en el gobierno Gaviria, Rafael Pardo, considerado el ministro estrella desde que se ensayó, precisamente con él, el experimento de llevar a un civil al Ministerio de Defensa. Fue Pardo quien creó el decreto ley que reorganizaba la seguridad privada, regulaba las compañías de vigilancia y autorizaba la creación de departamentos de seguridad en empresas rurales y urbanas. Botero, basándose en este decreto -ley, desarrolló las Convivir mediante una sencilla resolución, que es lo que actualmente está demandado ante la Corte Constitucional. Encuentro que la controversia desatada por la constitucionalidad y la conveniencia política de las Convivir es una de las más civilizadas de cuantas hayamos librado sobre temas controversiales en Colombia. Todo el mundo ha podido decir lo que quiere. De un lado ha sobresalido la forma brillante y valiente como el gobernador de Antioquia, Alvaro Uribe Vélez, ha defendido la legalidad de estas asociaciones, no solo en el interior del país _ante foros como el Congreso y la misma Corte Constitucional_ sino también en el exterior: su peregrinaje lo llevó hasta Ginebra, escenario al que tiene conquistado el brazo político de la guerrilla colombiana hace tiempo. En este foro de las Naciones Unidas en Ginebra, el gobernador se encontró virtualmente de narices contra conceptos preconcebidos acerca de la ilegitimidad de las autoridades colombianas. Para muchos de quienes lo escuchaban en Ginebra, las Convivir eran una forma de organización de la ciudadanía para otorgarle información a unas fuerzas públicas corruptas. Si el gobernador tenía que comenzar por explicar que las fuerzas públicas en Colombia no son generalizadamente corruptas, ¿qué oportunidad le quedaba para convencer a quienes lo escuchaban de la necesidad de colaborar con ellas a través de mecanismos como las Convivir? Para muchos de esos expertos asistentes al foro europeo, un colombiano del común no puede ni confiar en sus autoridades ni colaborarles. Mejor dicho, apagá, y vámonos.Con el gobernador Uribe Vélez se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Pero lo único que no se puede es descalificarlo por sus opiniones, ni alinearlo del lado del paramilitarismo, lo mismo que no se puede hacer lo propio, pero del lado de la guerrilla, con la alcaldesa de Apartadó. Gloria Cuartas es el equivalente en valor y retórica civilizada al gobernador Uribe, pero en contra de las Convivir. Ambos se han enfrentado en sus tesis, sin violencia pero con argumentos profundos y pacíficos, y tampoco debe ser estigmatizada por creer que estas organizaciones son actores de violencia que administran justicia por su propia mano, o "clandestinas asociaciones de carácter legal", como la alcaldesa de Apartadó las define. Lo evidentemente claro de las Convivir es que su existencia no es tan clara: dicho de otra manera, no es ni blanca, ni negra, sino gris, como tantas otras cosas en Colombia que hoy por hoy no admiten opinión categórica, ni a favor, ni en contra. En medio de ambos bandos existe sólo una pregunta:
¿Qué hacer con las Convivir?
Hoy lo fácil, lo cómodo, lo sin riesgo, sería ponerse en contra de ellas, para complacer o para no irritar al enemigo peligroso que ellas tienen. O quedarse callado, no defenderlas en público, pero usufructuarlas en privado, como actualmente hacen muchos colombianos que no son ni muy ricos, ni muy poderosos, ni muy derechistas, pero sí muy asustados de su situación personal.Volvemos a la pregunta: ¿Qué hacer con las Convivir? Como esa es, precisamente, la duda que debe responder en pocos días la Corte Constitucional, sería útil el ejercicio de tratar de reunir aquí mismo los argumentos más fuertes a favor, y los más poderosos en contra, de esas organizaciones. La zona gris
De todos estos argumentos, tanto los blancos como los negros, podría hacerse una aproximación a la verdad. Las Convivir surgieron de una necesidad de la población civil de defenderse. Una necesidad que era grave, inaplazable y violenta. Sin embargo, si hubiera que juzgar a las Convivir por la claridad con la que fueron concebidas, y por la efectividad de los controles del Estado, la respuesta es catastrófica: aunque suene ridículo, nadie sabe muy bien en Colombia qué son las Convivir, ni cómo se controlan. Ni siquiera hay claridad sobre si deben o no contar con armas, ni qué tipo de armas.La razón de ello es que las Covivir, desde su fundación, han llevado una vida vergonzante. Así como muy pocos se atreven a criticarlas de frente, son igualmente escasos los que se animan a defenderlas de lleno. Solo hasta ahora se ha abierto la polémica, con más de tres años de retardo, pero sus enemigos y sus defensores continúan ejerciendo sus funciones con relativa timidez. Eso tiene dos consecuencias: que así como no ha habido voluntad para acabarlas tampoco la ha habido para asumir su existencia con la responsabilidad que exige el tema.
Para comenzar, hay unas Convivir que crea el artículo 39 del decreto ley, que los conocedores opinan que son las 'Convivir-Convivir'; y hay otras 'convivircitas' que crea el artículo 42. La diferencia es que las primeras pueden (deben, dice la ley) usar armas de uso restringido y actuar con otros procedimientos distintos a los autorizados para otros servicios de vigilancia, mientras las segundas, las 'convivircitas', son las que no pueden ir armadas, y se dedican a jugar por radio. Nadie lo sabe tampoco con certeza. Pero se cree que el 55 por ciento de las Convivir pertenecen al primer grupo, y el 45 por ciento restante a las del segundo. Lo primero en lo que se tendrán que poner de acuerdo los colombianos es en cuál de los dos tipos de Convivir es el de verdad. En cuanto a los controles efectivos, el asunto es aún más preocupante. De las Convivir que tienen ya más de dos años, no hay ninguna que haya cumplido con el requisito de renovar su permiso de funcionamiento. Solo existe el registro de 15 visitas de las autoridades competentes para verificar el buen funcionamiento de las más de 400 Convivir que existen en la actualidad, aunque tampoco hay certeza de que sean más de 400, porque en septiembre de 1996 se barajaba la existencia de 376 Convivir, en octubre de 267, en noviembre de 450, mientras que el fin de semana pasado el Ministerio del Interior le informó a esta columnista sobre la existencia de 411.


En cuanto a solicitudes denegadas sobre funcionamiento de las Convivir, no existe ninguna. No hay autorizaciones rechazadas de armas, no hay sanciones, y se calcula, escandalosamente, que apenas un 9 por ciento de cerca de unos 10.000 hombres (tampoco hay certeza sobre este dato) que actualmente integran las Convivir han sido examinados en cuanto a sus antecedentes penales.Si a este mar de imprecisiones se suma el grave antecedente de los grupos de autodefensa en Colombia, el escenario resultante puede aproximarse a una pesadilla. Tal como hoy los defensores de las Convivir intentan diferenciarlas afanosamente de los Grupos de Autodefensa, hace apenas ocho años los defensores de las Autodefensas intentaban afanosamente diferenciarlas de los Grupos Paramilitares. Las Autodefensas, tan legales en la época como pueden hoy serlo las Convivir, fueron infiltradas por el narcotráfico, y en delicada connivencia con el Ejército, sirvieron para corromperlo hasta sus tuétanos. Las Autodefensas se convirtieron en una célebre fábrica de sicarios, de la que salieron nada menos, entre otros, que Rueda Rocha, el asesino de Luis Carlos Galán, y los hermanos Infante, los asesinos de Jaime Pardo Leal. Esto significa que, de no especificarse la naturaleza de las Convivir, y de no reglamentarse urgentemente y con seriedad su funcionamiento, no por ser legales se evitará que estas asociaciones degeneren en un detonante más de la violencia y del desorden social que impera hoy en el país: en otras palabras, la 'mazarrización' total, para hacerle un homenaje, aunque breve, a la delegada de las Naciones Unidas en Colombia que tanta lora ha dado en el tema. A pesar de esto, una declaratoria de inconstitucionalidad de las Convivir por parte de la Corte Constitucional podría resultar el caso típico de un remedio que es peor que la enfermedad. Es previsible que los miembros de las actuales Convivir terminen engrosando las filas de la ilegalidad en el paramilitarismo, con lo cual se estaría borrando con el codo algo que se quiso lograr con la creación de las Convivir: legalizar aquellos grupos que de lo contrario estarían al margen de la ley. La realidad es que las Convivir existen en Colombia, y que no son precisamente un grupo de boy scouts que se comunican por clave a través de rudimentarios radios, y que espían a los enemigos con binóculos made in Taiwan. Ese es un juego de niños. Y las Convivir son un juego de guerra.


En blanco
según la teoría del contrato social, el monopolio estatal de la fuerza es el soporte esencial del orden público, basado en la renuncia a defenderse por su propia mano que hacen los ciudadanos.
* El Estado adquiere esa exclusividad a cambio de garantizarle a los ciudadanos la seguridad de su vida, de su libertad y de su propiedad.
* Si el Estado no puede ofrecer esa garantía, debe por lo menos permitir que los ciudadanos se busquen su seguridad, siempre de acuerdo con los mecanismos de la ley y la Constitución, porque de lo contrario se disolvería el Estado.
* Las Convivir son un mecanismo legal para que la ciudadanía no tenga que aliarse con expresiones criminales, sea la guerrilla o sean los grupos paramilitares, para defenderse.
* ¿En qué se diferencian con la contratación de la defensa a través de agencias de vigilancia y seguridad privada? En que las primeras son modalidades lucrativas _incluyen los celadores (se calcula que hay cerca de 150.000 en las empresas privadas de vigilancia) y los guardaespaldas (se calcula que hay más de 6.000 escoltas privados)_; y las segundas, las Convivir, son formas de defensa que se ejercen en forma asociativa. No se entiende por qué lo que es legítimo para un banco, para una unidad residencial, para un establecimiento comercial y para un hombre pudiente no lo sea también para varias personas organizadas en una vereda o corregimiento bajo la supervisión y tutela del Estado.
* Si hay consenso acerca del fundamento constitucional de las empresas de seguridad privadas y con ánimo de lucro, no se le puede negar el mismo fundamento a las cooperativas y asociaciones civiles que persiguen el mismo objetivo lícito de protección de la ciudadanía, bajo ciertas reglas de juego diseñadas por la ley, y sometidas a la vigilancia de las autoridades.
* Las Convivir no tienen funciones ofensivas ni de ataque, solo de vigilancia y seguridad. Por lo tanto, no reemplazan a la autoridad, sino que establecen un lazo entre ésta y la ciudadanía. Constituyen una forma de organización ciudadana que le contribuye a la fuerza pública con labores de inteligencia y comunicaciones, para que la fuerza pública sea más eficaz.
* Por lo tanto, no se les permite utilizar armas de fuego sino las catalogadas como de defensa personal, y en casos excepcionales de riesgo, también armas restringidas, pero nunca armas de guerra.
* Un ciudadano que integre una Convivir y que quiera obtener un arma tiene que cumplir con los mismos requisitos que un ciudadano que no pertenezca a las Convivir y que quiera obtener esa arma.
* Las Convivir deben tener licencia de funcionamiento, y podrán ser canceladas por el gobernador respectivo cuando se desvíen de sus objetivos.
* El apoyo de las autoridades _incluidos el Ejército y la Policía_ a estas formas de cooperativas de defensa contiene el reconocimiento tácito de su fracaso en la protección de la ciudadanía, y la aceptación de que, por cuenta de ese fracaso, se hace necesario que la gente se organice para otorgarle a las autoridades instrumentos de apoyo extra en el obligatorio cumplimiento de su deber de protección de los ciudadanos.
* Ese reconocimiento del fracaso de las autoridades en sus deberes de protección no puede consistir en pasarle una cuenta de cobro a la ciudadanía prohibiendo las Convivir, bajo la siguiente premisa: no podemos protegerlos, pero tampoco permitiremos que ustedes ayuden a protegerse.
* Autorizar a la ciudadanía para que, dentro de una órbita de acción particular, se organice en pos del apoyo de las autoridades, es una forma de romper la indiferencia de la gente ante la violencia.
* La seguridad de la gente, de la gente en general, no tiene color político. Calificar a las Convivir como grupos de derecha porque buscan proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos es resolver que la colaboración con las autoridades legítimas del Estado también tiene color político, lo cual constituye en sí una incitación a la rebelión.
* Finalmente, el argumento más poderoso de quienes defienden las Convivir, más allá de las estadísticas acerca de sus probables logros, es solo uno: si a la guerrilla le preocupa su existencia, es porque las Convivir funcionan.


En negro
Si todo lo anterior fuera totalmente cierto, no estaríamos hablando de zonas grises como el escenario más probable de esta controversia. Es decir, si las Convivir funcionaran en la práctica solo como asociaciones tendientes a manejar inteligencia y comunicación, si su capacidad armamentista fuera una excepción, si la vigilancia sobre ellas fuera efectiva, y si la única guerra que hubiera que dar fuera la de sostenerlas política y funcionalmente contra el embate de la subversión, el asunto sería sencillo. Pero, como dice la senadora Piedad Córdoba, otra de las brillantes expositoras de esta controversia, los ataques o la defensa de las Convivir "dependen de lo que cada cual cree o quiere creer que ellas son o representan". Unas son las Convivir según las normas que las crean y reglamentan; otras las Convivir que funcionan en la práctica; y una tercera las Convivir de acuerdo con la forma como deberían funcionar. Los colombianos, precisamente, nos encontramos divididos en estos tres bandos. El de quienes creen que las Convivir tenían que existir, contra viento y marea, sin importar cómo. El de quienes apoyaban su existencia y les gusta cómo existen en la actualidad, y el de los que creen en lo primero y no en lo segundo, pero todavía aspiran a poder cambiar el punto tercero en un futuro. Es decir, el de los que creen que las Convivir, tal y como están funcionado, distan mucho de otorgar las garantías que requiere el objetivo para el que fueron creadas.Para que cada lector pueda descubrir en qué grupo se encuentra, podrían resumirse en las siguientes las criticas más válidas contra las Convivir:
* De acuerdo con la teoría del contrato social, es cierto que los particulares renuncian al derecho y a la posibilidad de apelar a la capacidad individual de fuerza y de violencia como medio para resolver los conflictos. Pero las Convivir son una violación del contrato social, porque representan una manera de devolverle al ciudadano la capacidad de ejercer la fuerza, a la cual renunció.
* La Constitución dice que la fuerza pública está integrada en forma exclusiva por las Fuerzas Militares y de Policía Nacional. Eso significa que las autoridades deben mantener el monopolio eficaz y legitimo sobre el ejercicio de la fuerza.
* La ineficacia de la fuerza pública y los problemas de impunidad de la justicia no pueden convertirse en excusa para que el Estado deje de asumir su responsabilidad constitucional de defensa del orden social.
* El Código Penal admite que cuando el Estado no haya podido proteger oportunamente un derecho, obrará justificadamente quien rechace la agresión injusta, con la advertencia de que la legítima defensa no puede ejercerse por asociación.
* No es cierto que la labor de las Convivir sea exclusivamente de inteligencia y comunicación. Son, según el decreto que las crea, "grupos de personas que para desarrollar actividades de vigilancia y seguridad en áreas de interés público, emplean armas de fuego de uso restringido y aplican técnicas y procedimientos distintos a los establecidos para otros servicios de la misma índole".
* Si las Convivir son organizaciones que como 'servicio especial' deben estar armadas para ayudar a la fuerza pública, ellas participan en el conflicto armado como combatientes. Quienes fundan y organizan estas asociaciones así lo entienden, y lo hacen con este propósito.
* Contrariando la regulación sobre armas, en el caso de las Convivir se entregan a la entidad sin saberse quiénes las van a usar. Por lo tanto no se sabe dónde van a parar estas armas.
* Como los registros de los promotores de las Convivir son información clasificada, se prestan a que toda la población civil sea presuntamente miembro de esas asociaciones.
l La única instancia de control sobre las Convivir es la renovación del permiso cada dos años. La ausencia de prácticamente cualquier control a nivel teórico, y más aún a nivel práctico, hace que la posibilidad de actuar en exactamente las mismas condiciones que los grupos paramilitares, sea total.
* El principal defecto de las Convivir no consiste en su condición de organismos de vigilancia y seguridad privada, sino en su carácter de instituciones armadas paralelas a la fuerza pública, que ejercen funciones de control policivo que pueden degenerar en la arbitrariedad y el desconocimiento de los derechos y libertades que pretenden proteger.
* Al contrario de servir para remover la indiferencia de la población, convierten a esa misma población en blanco de la insurgencia al no permitir distinguir quiénes participan directamente en el conflicto, y quiénes no.
* No es cierto que las Convivir carezcan de color político. Las Convivir fueron concebidas "para realizar labores de apoyo a la fuerza pública en su tarea antiguerrillera", o sea que está señalando específicamente contra qué enemigo se tienen que dirigir.
* Finalmente, no es argumentable que existan porque la guerrilla les teme. Igual se podría decir de la tortura, a la que los enjuiciados también le temen, y por lo tanto, confiesan.

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