Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/01/12 00:00

Corazón valiente

Esta es la historia de la capitana Yolanda Arteaga, la única mujer en la historia que ha sido condecorada con la medalla al valor.

Algunos de los capítulos de la historia del conflicto colombiano han sido escritos por las acciones heroicas de los miembros de la Fuerza Pública. Ese valor, coraje y entrega de soldados y policías que han arriesgado sus vidas para defender la de otros es reconocido por el gobierno por medio de una distinción que se ha convertido en la más anhelada por el personal de las Fuerzas Militares, la Policía o los organismos de seguridad: la medalla al valor. No muchos la han ganado y por eso la lista de los héroes no es muy extensa. Sin embargo, el último nombre que ingresó a esa reducida y honrosa galería sobresale sobre los demás. Se trata de Yolanda Arteaga Arévalo, una capitana de la Policía que se ha convertido en la única mujer en la historia que ha sido condecorada con la medalla al valor. La voz suave, el rostro angelical y la figura delicada de esta pastusa, que nació al anochecer de un 24 de diciembre, difícilmente permiten deducir que esta mujer es la más reciente héroe de guerra del país y que en su uniforme porta una medalla que por su connotación siempre ha estado asociada a musculosos y corajudos soldados. Pero las apariencias siempre engañan y la capitana Arteaga es una prueba de esto y de que el valor y el arrojo no son virtudes exclusivas de los hombres. La capitana Arteaga lleva 13 de sus 33 años de vida dedicados a la Policía y desde que se graduó como oficial siempre ha estado en la línea de fuego. Trabajó en el grupo contra atracos de la Sijin en la Policía Metropolitana de Bogotá en una época en la cual eran asaltados un promedio de cinco bancos diarios en la capital. Como integrante de ese grupo su misión era evitar y desmantelar las bandas de asaltantes. Los enfrentamientos a bala entre ladrones y policías eran el pan de cada día. Aunque dice que ya no recuerda cuántos robos frustró o en cuántos tiroteos se vio involucrada, no olvida la primera vez que se enfrentó con los asaltantes. "Fue en 1995 cuando estaban robando el Banco de Colombia del barrio Alamos. Cuando llegamos los ladrones estaban saliendo y nos enfrentamos a ellos. Eran cinco ladrones y nosotros también éramos cinco. Se desató una balacera y uno de ellos cayó en el tiroteo. A los otros los arrestamos y logramos recuperar el dinero robado", recuerda. Durante cuatro años hizo parte de esa unidad contra atracos. De allí fue nombrada como comandante nocturna de un programa llamado Bogotá Solidaria, encargado de responder por todos los casos policiales que ocurren por las noches en la ciudad. A finales de 1997 quedó embarazada y se vio obligada a abandonar momentáneamente las calles para asumir un cargo administrativo en la Policía en Pasto, Nariño. Poco después del nacimiento de su hija Paula regresó de nuevo a trabajar al lugar en donde dice que se siente más cómoda y útil: las calles. Entre agosto de 2000 y septiembre de 2002 fue la única oficial que hizo parte de la Policía Antimotines en Bogotá, en una época en la que había entre tres y cuatro disturbios semanales en la capital. Para ese momento su labor en la Policía le había merecido llenar su hoja de vida con 75 condecoraciones y felicitaciones lo que, de paso, la convierte en uno de los miembros más condecorados de la institución. A finales de octubre de 2002 sus jefes decidieron enviarla a una misión que pocos habrían aceptado. Fue nombrada como comandante de la estación de Policía de Mondomo en el departamento del Cauca. Sin dudarlo empacó sus cosas y partió con su niña para un municipio que tenía una fuerte presencia de los frentes 6, 8 y 19 de las Farc y en donde también opera la columna móvil 'Jacobo Arenas' de esa organización guerrillera. Fue la primera mujer en la historia de la Policía en ser nombrada como comandante de una estación en una zona de orden público. Por razones de seguridad la capitana Arteaga llegó a vivir con su hija de 5 años en la pequeña estación de Policía en donde estaba al mando de 15 hombres, que era toda la fuerza disponible para el pueblo de 3.000 habitantes. Para una mujer que ha criado sola a su hija la decisión de tenerla a su lado en una región considerada como 'zona roja' no fue fácil. Y a los pocos días de haber llegado a Mondomo tuvo que repeler un hostigamiento contra el pueblo por parte de la guerrilla, algo que se repitió en dos oportunidades en los dos siguientes meses. "Obviamente me preocupa su seguridad pero ella no se quiso ir a vivir con sus abuelos que viven en Pasto. Aunque es muy pequeña ella se ha acostumbrado a mi trabajo y sabe perfectamente lo que hago. Ella siempre me dice que si algún día nos tenemos que morir nos morimos las dos", dijo a SEMANA la capitana. Y es la que la muerte ha estado cerca de esta mujer de voz suave y decisiones firmes. La noche heroica A las 5 de la mañana del 13 de febrero de 2003 un hombre llegó a la estación de Policía y les informó a los uniformados que sobre la carretera Panamericana, muy cerca del pueblo, un grupo de 70 guerrilleros había instalado un retén y estaba secuestrando a varias personas. La capitana sin dudarlo cogió su fusil y les pidió a cinco hombres que la acompañaran a hacerle frente a la guerrilla. "El sitio del secuestro era como a 500 metros del pueblo y como no teníamos vehículo nos tocó salir a perseguirlos a pie", recuerda la capitana. Cuando llegaron al lugar los guerrilleros se estaban replegando y se habían llevado a 11 personas en igual número de vehículos. Mientras llegaban los refuerzos la capitana tomó la decisión de seguir tras los subversivos que se habían metido por una trocha. Los guerrilleros comenzaron a disparar en un intento por detener la persecución. La capitana y sus hombres resistieron. Al amanecer un grupo de miembros de la contraguerrilla de la Policía llegó hasta donde estaba la capitana y su grupo. Con los refuerzos Arteaga comenzó en firme el operativo de rescate en el que reconoce que contó con la ayuda de Dios. "Cuando íbamos persiguiéndolos uno de los carros de la Policía adelantó al vehículo en que yo iba. Cuando nos estaba pasando fue atacado con tiros de fusil y metralleta M-60. Recibió 86 impactos", dijo la capitana. El convoy policial fue emboscado en tres oportunidades más, pero por orden de la capitana nunca desistieron de la persecución. Hacia las 5 de la tarde, después de casi 12 horas, Arteaga y sus hombres lograron rescatar a todos los secuestrados y recuperar los vehículos robados. El éxito del rescate así como el valor y decisión de Arteaga al arriesgar su vida al enfrentarse con los guerrilleros fueron reconocidos en abril cuando recibió en Popayán la medalla al valor. Ese operativo y otros golpes contra la subversión durante los meses siguientes hicieron que las Farc la declararan objetivo militar. Por eso en agosto del año pasado sus jefes decidieron trasladarla. Fue enviada como comandante de policía en Mercaderes, Cauca, una zona de gran influencia de los paramilitares del Bloque Calima. Allí vive en la estación de Policía del pueblo en compañía de su hija y 20 uniformados. Dice que "al único al que hay que tenerle miedo y respeto es a Dios porque frente a los bandidos la única solución es enfrentarlos y no temerles". No duda en afirmar que ser mujer ha sido una gran ventaja para su peligroso trabajo porque siente que le inspira más confianza a la comunidad y la gente la busca para colaborarle con información. Sueña con llegar a ser general y aunque aún faltan muchos años para ese momento sin duda va por el camino correcto.

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