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| 1/21/2017 11:24:00 AM

La Santamaría, 2.172 días después

Cerca de 10.000 personas se esperan en la arena para la primera corrida de toros en Bogotá en cinco años. En la calle, otros miles protestarán exigiendo la abolición de la tauromaquia.

Epazote, Patasola, Rapunzel, Baroncito, Cardenal, Tapir y Banderito. Así se llaman los primeros toros en volver a pisar los corrales de la plaza de Santamaría. El jueves, pasadas las 7:00 de la noche, un camión con siete cajones llegó al centro de Bogotá, luego de una travesía de ocho horas desde Manizales. Habían salido a las 11:00 de la mañana de la finca La Esperanza, la casa de los toros de la ganadería de Ernesto Gutierrez Arango. Allí, a casi 3.000 metros de altura, y al abrigo del Nevado del Ruiz, estos toros tuvieron cuatro años de libertad. Nacieron en el 2012, precisamente el año en el que se tuvieron las últimas noticias de toros bravos lidiados en la capital. Los que salieron a la arena el 19 de febrero, que como en una curiosa jugada del destino, también pertenecían a esta misma ganadería.

Mauricio Hernández desempolvó su traje negro de la época de Carlos IV, con el que cumple las funciones de alguacilillo. Hace el despeje del ruedo, a caballo, pide la llave del toril, cuida de que no haya toreros a la derecha del picador y otras normas reglamentarias descuidadas. "Antes daba los avisos y el matador no quería ni verle; hoy da las orejas y el matador le abraza", en palabras del escritor Gregorio Corrochano. Desde 1990 es el alguacil titular de la plaza, como lo fue su padre, como lo fue su abuelo. El pasado domingo ‘calentó motores’ en la plaza portátil de Tuta, en Boyacá, uno de los tantos pueblos a los que tuvieron que refugiarse muchos taurinos de la capital. Él, montado en un caballo, será el primero en salir al ruedo, este domingo a las 3:30 de la tarde, precisamente cuando las puertas de la puerta grande de la Santamaría vuelvan a abrirse de par en par. “Solo hasta ese momento me lo voy a creer”, dice con ansiedad.

Clovis Velásquez será uno de los 15 toreros subalternos que integrarán las cuadrillas de El Juli, Luis Bolívar y Roca Rey, los matadores del cartel. Desde 1987 es picador de toros y estuvo a las órdenes de César Rincón. Sabe que su misión, la de castigar al toro con la puya, es la más resistida por los espectadores. Es probable que se lleve los primeros silbidos de la tarde, pues el domingo picará el primer toro, que le corresponderá a Roca Rey, por debutar en la plaza.

En los cinco años sin toros en Bogotá, dice Clovis, dejó de ganar treinta millones de pesos, su sueldo por tarde es de $930.000. “Con el cierre de la plaza muchos pueblos siguieron el ejemplo y dejaron de dar corridas. Hoy se dan por lo menos 50 corridas de toros menos que hace diez años”, revela el picador.

Hace dos años, cuando se conoció un proyecto para transformar la plaza de toros, Diego Alejandro Torres, de 18 años, pensó que nunca iba a torear en la Santamaría. A los demás novilleros con los que entrenaba a diario les propuso hacer una huelga de hambre para defender la plaza. No se quedó en palabras. El 5 de agosto del 2014, a las 10 de la mañana,  se encadenó frente a donde quedan las taquillas, otros seis novilleros hicieron lo mismo. Padeció una gastritis, y terminó con problemas en un riñón, tras los 103 días que duró la huelga. “Ver  la plaza por la que se dio la vida abierta es todo un orgullo,  saber que pusimos nuestro grano de arena es una gran satisfacción”, dice.

Aunque para el domingo casi 10.000 personas han separado su lugar en los tendidos, Diego Alejandro no estará en la plaza. No tiene entrada. La más barata, en la última fila de Sol, cuesta $130.000, una barrera de Sombra $728.000, casi un salario mínimo, o un sueldo de un banderillero. Y aunque puso en juego su salud por ver la plaza abierta, su nombre tampoco fue incluido en las novilladas que se darán en agosto. 

Aquello de "precios populares", la última línea que se leía en los carteles de la Santamaría, quedó en el pasado. El precio del dolar, los honorarios de los matadores (se dice que El Juli recibirá US$180.000 por su actuación este domingo) y la reducción de más de 2.500 localidades en el aforo de la plaza, provocaron un incremento de casi el 100% en el precio de los abonos respecto al 2012, la última temporada.

Andrea Padilla lleva más de una década al frente de la batalla contra las corridas de toros. Es psicóloga de la Javeriana, se declara vegetariana en camino al veganismo, y asegura que dedica su vida a la defensa de los animales “por amor y justicia”. El domingo también será un día señalado para ella. Es el día que comienza la temporada de “masacres taurinas”, y denuncia que treinta toros serán “torturados” en el ruedo de Bogotá.

“Esperábamos que el alcalde Enrique Peñalosa diera la pelea política a la sentencia que ordenó la reapertura. En cambio, le entregó la plaza a los taurinos sin reparo”, dice Padilla, representante en Colombia de la organización AnimaNaturalis.

Por eso ha liderado la convocatoria a manifestarse contra las corridas. Se esperan cientos de personas frente a la plaza de toros en un performance al cual, el alcalde Peñalosa, confirmó su asistencia.  

Natalia Parra fue candidata al Senado por la Alianza Verde, pero se quemó. Dirige la plataforma Alto, y su causa también es la defensa de los animales. Califica de “retroceso” el regreso de las corridas a la ciudad, que para ella son la “legalización de la tortura”. El domingo también saldrá a la calle, aunque allí no se reduce su lucha. Es secretaria de la bancada animalista y le sigue la pista a  diario a los tres proyectos de ley que buscan abolir la tauromaquia. “Los congresistas que son conscientes de las nuevas formas de relacionarnos éticamente con los otros animales son minoría frente a un Congreso indolente, donde se juegan tantos intereses, y donde muchos son reconocidos aficionados taurinos que legislan en causa propia”.

Después de 2.172 días los toros, como Epazote, Patasola, Rapunzel, Baroncito, Cardenal, Tapir y Banderito, volverán a la Santamaría. Con ellos, la controversia entre taurinos y antitaurinos se avivará. El domingo, lo que sí está garantizado es que será un día de pasiones, en la calle y en el ruedo.

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