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| 12/18/2010 12:00:00 AM

Corta, intensa y contundente

Las elecciones de 2010 catapultaron a Juan Manuel Santos, cambiaron la forma de hacer campañas y modificaron la composición partidista.

La vida de los colombianos en 2010 estuvo fuertemente afectada por la campaña electoral del primer semestre. Eligieron un nuevo Congreso, votaron por precandidatos del Partido Conservador y escogieron a Juan Manuel Santos como su nuevo Presidente. Fue una competencia corta pero intensa, porque solo el 26 de febrero, cuando se produjo el fallo de la Corte Constitucional, se supo que Álvaro Uribe no podría ser candidato. Una vez se dio la largada proliferaron candidaturas, de las cuales se destacaron seis: la de Juan Manuel Santos, por el Partido de La U; la de Antanas Mockus, del Partido Verde; la de Germán Vargas Lleras, líder de Cambio Radical; Gustavo Petro, del Polo Democrático; Rafael Pardo, del Partido Liberal, y Noemí Sanín, del Conservador.

La competencia por la Presidencia produjo resultados nunca antes vistos. La votación alcanzada por Juan Manuel Santos en la segunda vuelta -9.028.943, un 69,1 por ciento- es más que alta que cualquiera de las de sus antecesores en el cargo. La participación -14,7 millones en la primera vuelta y 13,3 en la segunda- también fue elevada, según parámetros estadísticos. Y el proceso electoral terminó de sepultar el protagonismo del bipartidismo liberal-conservador: mientras los representantes de estos dos partidos ocuparon los últimos lugares, a la segunda vuelta llegaron los candidatos de dos partidos nuevos, La U y los verdes.

La contienda, auténticamente multipartidista, tuvo varios momentos y en cada uno de ellos diferentes aspirantes llegaron a acariciar posibilidades reales de victoria. Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, fue el puntero de las encuestas en la etapa previa al fallo de la Corte Constitucional, pero después de un deplorable resultado de sus candidatos en las elecciones para Congreso, aceptó la postulación a la Vicepresidencia en la fórmula de los verdes. Noemí Sanín se disparó después de su estrecha victoria sobre Andrés Felipe Arias en la consulta azul, pero la división y una mala estrategia en los debates televisivos posteriormente la desinflaron. Antanas Mockus, impulsado por la ola verde, alcanzó el primer lugar en las encuestas (y pasó a la segunda vuelta), pero cometió errores estratégicos, falló en algunos debates, no tuvo apoyo de votos de partido e hizo un deplorable discurso el día de la primera vuelta. Incluso Germán Vargas Lleras, aunque nunca se aproximó al primer lugar, tuvo un punto brillante al final de la campaña, que le permitió escalar posiciones y llegar al tercer lugar, con más de 10 por ciento de los votos.

El triunfo de Juan Manuel Santos fue inobjetable, por su amplia ventaja sobre Mockus -69,1 por ciento contra 24,4- y porque tuvo que superar un momento en el que el triunfo estuvo en tela de juicio. Ante el auge de la ola verde, de la mano del polémico asesor JJ. Rendón y después de reajustar el equipo de campaña para empoderar a los miembros más cercanos al candidato, Santos cambió mensajes, símbolos y estrategias. Se concentró en una propuesta para crear empleo y retomó su carácter de continuador del gobierno saliente de Álvaro Uribe, que durante todo el periodo electoral conservó altas tasas de aprobación.

El triunfo arrollador de Santos sobre Mockus, después de que alcanzaron a estar empatados, se debe a varios factores. Quedó demostrado que la mercadotecnia electoral fue más determinante de lo que había sido en el pasado. Mientras el triunfador echó mano de todos los recursos posibles -la contratación de Rendón, encuestas propias, disciplina en el mensaje-, el derrotado no tuvo una campaña mínimamente sofisticada en aspectos técnicos y, por el contrario, cometió errores que tuvieron un alto costo.

A lo anterior se suma que se confirmó de que la ecuación entre 'voto de opinión' y 'maquinaria' todavía arroja un balance en el que esta última es muy determinante. Ya las elecciones de Congreso, en marzo, habían mostrado que el peso de las organizaciones partidistas sigue siendo clave. Y mientras la poderosa máquina de La U le sirvió de base a Juan Manuel Santos para lanzar su campaña en busca de votos de opinión, Antanas Mockus adoptó una posición fundamentalista contra los acuerdos con otras fuerzas. Los verdes prefirieron ir solos a la segunda vuelta, a pesar de que tuvieron oportunidad de hacer alianzas con el Polo Democrático y con el Partido Liberal.

La ola verde y las aspiraciones de Mockus y de su equipo de campaña sobredimensionaron el papel de nuevos instrumentos para hacer política. En concreto, la posibilidad de una mayor participación de los jóvenes y la comunicación a través de las redes sociales. Nunca antes en Colombia se había intentado reemplazar los medios tradicionales -contactos con la gente, medios de comunicación- de una manera tan radical. La conclusión final se divide entre quienes piensan que la política electoral nunca cambiará y los que consideran que lo hará, pero con el paso del tiempo. En todo caso, los jóvenes, a través de Facebook y Twitter, no alcanzaron a hacer la diferencia a favor de Mockus en 2010.

El hecho de que el resultado final haya sido tan contundente a favor de Santos, después de una campaña que parecía competida y emocionante, generó un debate sobre la validez de las encuestas. Más allá de los argumentos que esgrimieron los encuestadores -que sus estudios midieron momentos previos a las elecciones y que la ley les impidió, por la veda de la última semana, registrar la caída de Mockus-, en todos los análisis de las elecciones quedaron como perdedores.

En cambio, a diferencia de otras, la de 2010 fue la campaña de los debates. Nunca se habían hecho tantos, sobre todo antes de la primera vuelta. Santos desafió el dogma según el cual al puntero no le conviene aparecer al lado de los que van perdiendo ni arriesgarse a ataques y convirtió su asistencia en todas las confrontaciones en un punto a favor. Más que un desempeño brillante, poner la cara lo sacó adelante. Y contó con la ayuda de apariciones débiles de quienes fueron sus dos principales rivales, aunque en momentos diferentes: Noemí Sanín y Antanas Mockus. Para la historia quedó también la paradoja de que los candidatos más elogiados por los columnistas -Germán Vargas, Rafael Pardo y Gustavo Petro- nunca lograron convertir los puntos ganados en los debates en mejores registros en las encuestas.

La campaña electoral de 2010 dejó secuelas políticas que se sentirán durante mucho tiempo y que van más allá de quien gobernará el país durante cuatro años, que pueden ser ocho. La acogida que tuvo el discurso mockusista de respeto a la vida, rechazo al atajo y valoración de la Ley -3.581.975 votaron por él- de alguna manera llevó a Santos a incorporarlo a su propio plan de gobierno. También incorporó ideas de Gustavo Petro -incluidas en los proyectos de restitución de tierras y de compensación a las víctimas de la violencia-, que han permitido una comunicación entre el Presidente y el ex candidato del Polo. Y de Rafael Pardo tomó la idea de promover el empleo entre los jóvenes, con la llamada ley de primer empleo.

Por otra parte, el descalabro de Mockus y los verdes y el ascenso de Santos generaron el desplazamiento de fuerzas hacia el ganador, lo que se convirtió en la génesis del esquema de Unidad Nacional que acompaña al presidente Santos. La coalición de gobierno es mayor que la que apoyó a Uribe, porque incluye al liberalismo. Hacia el futuro se abren posibilidades de recomposición del mapa partidista, con la posibilidad de que se reunifique alguna parte del Partido Liberal, que en la era Uribe se dispersó entre el oficialismo, Cambio Radical y La U. Los efectos de la campaña de 2010 se sentirán también en el futuro.
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