Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/09/22 22:00

El borracho que perdió su empleo en una cervecería

Ni los trabajadores de fábricas de licores pueden salvarse de controles de alcoholemia o de sanciones, cuando se presentan a laborar en estado de embriaguez, dice fallo de la Corte Suprema.

Así lo advirtió un fallo de la Corte Suprema, en el que se juzga como legítima la desvinculación de un extrabajador de Bavaria. Foto: Tomada de Twitter

Muchos consumidores de licor consideran que no hay mejor lugar dónde trabajar que una cervecera o una fábrica de licores. Algunos de los operarios de estos lugares son envidiados por sus amigos, que creen firmemente que sus contertulios tienen muchas más posibilidades de tomarse unos traguitos en el lugar de trabajo sin correr demasiados riesgos ante sus jefes.

Ninguna convicción puede ser más peligrosa que esa, pues los empleadores no están obligados a tolerar que los trabajadores permanezcan en estado de ebriedad, así el negocio tenga que ver con producción de bebidas alcohólicas.

Así lo advirtió un fallo de la Corte Suprema, en el que se juzga como legítima la desvinculación de un extrabajador de Bavaria que fue sorprendido estando bajo los efectos del alcohol.

La Sala Laboral señaló que los reglamentos internos de las empresas pueden establecer tranquilamente que el presentarse en el lugar de trabajo bajo la influencia de bebidas embriagantes constituya causal de despido, entre otras cosas porque la propia ley laboral prohíbe a los operarios estar en el lugar de labores bajo la influencia del alcohol o sustancias alucinógenas.

Las empresas que producen o comercializan bebidas alicorantes, como cualquier otra, están en plena libertad de controlar si sus trabajadores han bebido o no, explica el fallo, que además advierte que se trata de una medida que garantiza la preservación de la seguridad en el área trabajo.

Se desconoce si el trabajador despedido en este caso era bebedor habitual o si creía que sus superiores de Bavaria le tolerarían unas copitas, como si se tratara de un cliente. Lo cierto es que, en opinión de la Corte, la empresa podía practicarle el examen de alcoholemia y tomar las decisiones disciplinarias que considerara convenientes.

No se necesitaba que fuera Medicina Legal la que se ocupara del examen, como pretendía el exoperario de Bavaria, pues en aras de preservar la seguridad industrial la fábrica puede disponer de las medidas preventivas a las que haya lugar, como lo son la práctica de exámenes de alcoholemia.

Más que aleccionar al infractor, el fallo se esfuerza en reivindicar las medidas de seguridad de las que deben disponer los agentes industriales. Así, por mucho que los fabricantes busquen elevar sus ventas, cuando se trata de sus propios operarios la cosa cambia.

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