Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/1/1993 12:00:00 AM

CORTO CIRCUITO

El asesinato de dos líderes de la Corriente de Renovación Socialista, ocurrido horas después de la firma de los primeros acuerdos con el Gobierno, pone en entredicho el futuro del proceso de paz.

HORAS ANTES DE LA MUERte de Enrique Buendía, jefe militar de la Corriente de Renovación Socialista, (CRS), el Gobierno y la disidencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) habían firmado varios acuerdos sobre la seguridad y el funcionamiento del campamento en Flor del Monte, departamento de Sucre, lugar escogido conjuntamente para iniciar los diálogos de paz con la Corriente. En principio, 10 días después cerca de 300 hombres pertenecientes a la fracción del ELN llegarían al campamento y, una vez instalados allí, se darían los primeros pasos para su desmovilización definitiva y su transformación en movimiento político civil.
Pero días antes de que se concretara el asentamiento en Flor del Monte, Enrique Buendía, líder militar de la CRS, y su compañero Ricardo González, fueron asesinados en Urabá por miembros del Ejército. A petición de los negociadores de la Corriente, ambos habían sido llevados el 20 de septiembre hasta Blanquiceth por funcionarios del Gobierno para que, en pocos días, organizaran las cuadrillas dispersas en el Urabá chocoano y antioqueño. Reunidos los guerrilleros, el Gobierno dispondría lo necesario para transportarlos el primero de octubre hasta el campamento de Flor del Monte, donde se comenzarían a seguir los pasos establecidos en la agenda de diálogos. Y aunque la región adonde fueron trasladados lo líderes guerrilleros había sido previamente despejada de elementos de la fuerza pública, lo cierto es que al poco tiempo de su llegada comenzaron a correr los rumores sobre el asesinato de los subversivos.
Las circunstancias en que murieron González y Buendía han sido objeto de toda clase de controversias. Los miembros de la Corriente aseguran que mientras llegaban los guerrilleros dispersos al sitio de encuentro, cinco camiones del Comando Operativo del Ejército entraron en la zona y abrieron fuego contra los dos líderes. Según lo hizo saber la CRS, Buendía y González habrían sobrevivido al tiroteo y habrían sido asesinados posteriormente. Y aunque el Ejército ha pedido a la Procuraduría Delegada para la Fuerzas Militares y a la Inspección General de las Fuerzas Militares que investiguen los hechos y ha preferido no pronunciarse oficialmente hasta que se conozcan los resultados, la verdad es que el Ejército asegura que se trató del encuentro de una columna guerrillera con tropas del Batallón Voltígeros durante el cual ambos líderes subversivos estaban armados.
Sean cuales fueren los hechos que rodearon la muerte de Buendía y de González, lo cierto es que el hecho no pudo haber ocurrido en un peor momento. Torpedeó un proceso de paz que llevaba más de 30 meses de preparación, congeló el traslado de la Corriente hacia el campamento, y puso en entredicho un próximo encuentro alrededor de la mesa de negociaciones.
Independientemente de las conclusiones de la investigación, este es un duro golpe para un plan que, aunque por sí solo no sea altamente significativo, sí lo es frente a eventuales futuros procesos de paz. Si el Ejército se equivocó o cometió un exceso, o si hubo problemas de coordinación, todo está por verse. Pero desde ya es evidente que cuando un grupo guerrillero interesado en desmovilizarse demora de modo excesivo su establecimiento en un campamento, aumenta dramáticamente los riesgos de que suceda algo como lo ocurrido con Buendía y González. De ahí que esta tragedia, en vez de servir para entorpecer aun más el proceso, deba servir para aclararlo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.