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| 5/30/2012 12:00:00 AM

¿Cortos pasos hacia la paz?

La liberación del periodista Roméo Langlois se da en un momento en que la posibilidad de una salida negociada al conflicto armado está sobre la mesa, sin que cese la intensidad de los enfrentamientos ni la sombra del terrorismo se disipen.

Los últimos días han sido frenéticos en los temas de guerra y paz en Colombia. Y como en la vida cotidiana, cada cual tiene la opción de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Entre los optimistas están aquellos que ven en la liberación del periodista Roméo Langlois un paso más en la posibilidad de abrir una puerta a la salida negociada al conflicto. Este se suma a la discusión del Marco para la Paz que cursa en el Congreso y que en las últimas tuvo un empujón inédito: el expresidente Álvaro Uribe aceptó que mandos medios y combatientes rasos de la guerrilla puedan tener vocería política, pero en ningún caso los máximos cabecillas guerrilleros.

Entre los escépticos están quienes tienen nítido el eco de las acciones terroristas de los últimos días. En este contexto citan al fiscal general, Eduardo Montealegre, quien en la noche del martes reveló tener algunas evidencias para señalar a las FARC de la autoría del atentado contra el exministro Fernando Londoño. El impacto del bombazo sacudió el país. Era natural. A pesar de que los dos últimos gobiernos han hecho toda clase de esfuerzos por pasar la página de la guerra, muchos creían que el terrorismo urbano era cosa del pasado. Para completar, la acción ocurrió casi de manera simultánea con la desactivación de otro carro bomba frente a una sede de la Policía –también en la capital- y la muerte de 12 soldados a manos del frente 59 de las FARC en un paraje remoto de La Guajira-. Quienes creen que esto demuestra que las FARC no tienen intenciones de parar su maquinaria de guerra se llenaron de argumentos sólidos.
 
Para los incrédulos, la forma como se realizó la liberación de Roméo Langlois deja mucho que desear: armas por doquier y niños jugando en los alrededores, decenas de civiles curiosos y hasta el mismo periodista argumentando que no sintió que lo trataran como “un secuestrado”, sino como “un invitado”, era una exhibición innecesaria. La imagen del abrazo entre un guerrillero y la mediadora Piedad Córdoba simboliza un gesto de camaradería que a muchos colombianos no les sienta bien.

Sin embargo, en la otra orilla están quienes creen que la liberación de Langlois corresponde al cumplimiento de la palabra empeñada de la guerrilla en el sentido de no volver a cometer secuestros. Y aunque si bien es cierto que a Langlois lo tuvieron un mes, lo trascendental es que en este momento está en libertad.

El 26 de febrero, el Secretariado de las FARC anunció su decisión de terminar con la práctica de lo que llamó “la retención con fines financieros”, es decir, el secuestro extorsivo con el que por años ha asolado a Colombia. Poco después, liberó unilateralmente a los diez últimos policías y soldados que reconocía tener en sus manos.

El país recibió estas decisiones entre aliviado y escéptico: mientras algunos ven estos hechos como la “cuota inicial” en el tortuoso camino hacia un final negociado del conflicto armado de medio siglo, otros las consideraron “insuficientes”. Son pasos hacia la paz, pero muy cortos, argumentan los críticos.

Sin embargo, lo cierto es la percepción de que, en materia de paz, los tiempos están cambiando. Por largo tiempo, luego del fiasco del Caguán, esta palabra quedó vetada del léxico políticamente correcto en Colombia y, durante los años de la administración de Álvaro Uribe, con frecuencia se asoció con complicidad con la guerrilla. Hoy, la posibilidad de un final negociado del conflicto armado sigue casi tan distante como antes, pero su necesidad ha vuelto a ser parte del debate público y la convicción de que el tan proclamado “fin del fin”, la derrota militar de la guerrilla, no es una opción realista, gana cada día más adeptos, incluso entre el alto mando militar.

El presidente Santos, por su parte, ha sido cauteloso. Insiste en que su ya célebre “llave de la paz” sigue en el fondo del bolsillo y no ha llegado el momento de sacarla de ahí, aunque cada vez utiliza más esta expresión en sus discursos. Lo que para algunos muestra las enormes ganas que tiene de sacarla. Por eso, aunque corto, muy corto, la liberación de Langlois se puede leer como un paso hacia la paz. Y eso en un país que lleva en guerra medio siglo, es un avance.
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