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| 10/22/2012 12:00:00 AM

"Creo en el infierno (…). Siento que tengo muchos pecados para pagar": Dania Londoño

La protagonista del escándalo sexual durante la Cumbre de las Américas, Dania Londoño, revela en el libro 'Room Service' detalles inéditos. Semana.com publica apartes del relato de su aventura con un agente secreto de EE.UU.

Room Service es el titulo que Dania Londoño escogió para nombrar el libro que, de la mano de Ángel Becassino, relata todos los detalles de la noche en que conoció a los agentes del Servicio Secreto estadounidense, de su aventura sexual con uno de ellos y de cómo este se negó a pagar por sus ‘servicios’. Semana.com presenta extractos de uno de los capítulos del texto de editorial Aguilar.

"Yo he sido una muchacha normal, he tirado con noviecitos en el asiento de atrás de un carro, lo he hecho borracha en un cine, en el baño de algún restaurante. Me gusta jugar a las maquinitas en los casinos, enojarme porque nunca salen al tiempo los tres sietes, las tres frutitas, tomarme las cosas así. Y saltar de alegría cuando caen las monedas, obvio. Pero he perdido mucha plata en casinos, en esas maquinitas, y por eso no voy mucho por allí. Porque sé lo que me conviene.

Creo en el infierno, y le tengo miedo. Siento que tengo muchos pecados para pagar… Cuando busco a Dios yo digo: Ay, Dios mío, perdóname por todas las cosas malas que he hecho. Yo sé que él es bueno conmigo, que me protege aun cuando no hago lo que debo. Una le pide a Dios si llega a pasar algo, y lo que se imagina es que va para el infierno. Al infierno me lo imagino lleno de candela, con mucha gente agonizando, como pidiendo perdón, que la saquen de ahí. No hay lugar donde hacerse para no quemarse.
 
A veces me gustaría que una persona estuviera en el infierno, al menos unos días. Cuando dicen o hacen algo que me hiere, ahí me dan ganas de eso. Por ejemplo, en Cartagena, el Alcalde, cuando dijo que yo tenía un marido español, que yo era prostituta, que es una palabra muy fuerte, más siendo él un alcalde.

Él no tenía por qué referirse así, podía utilizar otros términos para hablar, y fue muy bajo, como decir que yo tenía marido, que le había hecho eso a mi marido, que ahora voy a volver a hacerle eso a mi marido, que era una prostituta reconocida en Cartagena, cosas que no eran así. Y decir que yo no debía hablar tanto, porque iba a perjudicar a la ciudad. ¿Qué le pasa a ese señor en su cabeza?

Ese Alcalde dice que yo le di mala imagen a Cartagena, pero todos saben que uno de los mayores atractivos por los que hay turismo a Cartagena es el sexo. Las playas de la ciudad no son nada lindas, están sucias, el agua es horrible, llena de basuras, te pica la piel cuando nadas. La ciudad amurallada es muy bonita, las iglesias, los balcones, pero a lo que vienen los turistas es a conocer niñas, a sentir sus cuerpos, y una no hace nada distinto a trabajar con eso. Compro sexo, vendo sexo, nos ponemos de acuerdo, tiqui tiqui, lo hacemos. Ya. Ningún misterio. Y si lo miras así, lo que hice yo al salir en la televisión, en la prensa, fue aumentar la atracción de Cartagena.

Estaba yo en la Cumbre de Presidentes porque en Cartagena es en donde vivo. O en donde vivía. Y lo único distinto a lo normal fue que había mucha más gente. Nada diferente. Solo que cuando ocurre eso aumenta la demanda, y entonces aumentan los precios. Vienen los congresos, las reuniones empresariales, que va mucha gente de toda parte del mundo, y ahí nosotras, que somos un grupito de cuatro niñas amigas, nos juntamos, decimos bueno, llegó la temporada, están llamando mucho más, vamos a pedir más y así tenemos más dinero.

Si cobramos normalmente un millón, ahí le metemos doscientos o trescientos mil más, y como las prepagos somos pocas en Cartagena, porque lo que más hay es la prostitución de la calle y de los bares, entonces nosotras aumentamos nuestros precios.

Cuando ocurrió lo que ocurrió, yo estaba en Tu Candela, una discoteca normal de Cartagena, que nosotras frecuentábamos mucho, un lugar que se abre de lunes a lunes. No nos habían llamado ese día, y cuando ocurre eso, que no te han llamado, y necesitamos dinero, o cuando queremos salir a divertirnos, muchas veces vamos a ese sitio, a ver qué. Oportunidades allí se presentan, de la semana, si vas todos los días, por hacer una estadística, mínimo dos…

Se acercaron, nos gustaron, yo le eché el ojo a uno desde un principio, y mi amiga, la que estaba a mi lado, me dice: Ay, ese es chévere, justo el que a mí me había gustado. Yo le dije: Ajá, pero a mí también me gusta, vamos a ver cuál de las dos se va a quedar con el hombre, un poco mamando gallo.

El tipo se acerca y comienza a hablar con ella, pero después salgo a bailar y él me mira, se levanta de la mesa, se pone a bailar conmigo. Entonces yo le dije a ella por señas: Mira, gané, es mío. Y bailando él se alza el suéter, algo así como un suéter, y tenía abdominales marcados, bailaba sexy. Me gustó, ¿para qué decir que no si sí?

Para seducir a mí me gusta moverme el cabello con las manos, dejarlo que se me escurra entre los dedos, levantármelo, desnudarme el cuello. No me gusta vestir muy sexy, aunque a veces visto sexy, y cuando visto así me paso. Me miro en el espejo y me admiro cuando me visto de esa forma. Pero lo normal es ser normal, mi natural, que seduce mucho. Claro que ya en la situación me pongo perra. Cuando llego a un punto me ubico, digo voy a hacer esto, y a partir de ahí actúo como una perra. Porque sé que lo que más funciona es eso.

Es transparente cuando un hombre se empieza a derretir por mí. Los hombres son evidentes, se ponen muy nerviosos, quieren ya hacer eso, se ponen como demasiado morbosos, te piden vamos a hacerlo, como niñitos ansiosos. Lo que más me gusta ahí es sentir cuando al hombre el pipí se le empieza a poner duro. Me hace sentir mujer, me digo cómo le gusto, le inspiro morbo, lo hago excitar rápido. Yo disfruto con eso, me da risa por dentro, me digo qué mala soy, cómo lo estoy calentando, cómo se pone arrecho.

Él cree que yo también estoy arrecha porque me toco y me sobo, pero nada, yo estoy como si nada en el mundo. Solo es lo que hago para que él sienta eso. Para mí es lo más normal que el tipo se arreche por mí, que se le pare conmigo, que me la quiera meter. Pero si no se le para me siento frustrada, me pone mal, digo: ¿Será por mí o será que tiene problemas él?, me hago mil preguntas en el momento. Entonces le hablo muy directo, yo soy así. Le digo: ¿Es por mí? No, no es por ti, soy yo el del problema. ¿Y por qué? No, no sé, cualquier cosa me dicen, ayúdame.

Los hombres son muy extraños…"
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