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| 8/27/2001 12:00:00 AM

“Crié cuervos y me sacaron los ojos”

Julio Sánchez Cristo entrevistó para SEMANA a un capo del narcotráfico que hace sorprendentes revelaciones sobre cómo se negocia con la justicia gringa.

No ha cumplido 35 años, es culto, tiene tres carreras profesionales, gran facilidad de expresión, buen aspecto físico y conoce el mundo a pesar de su juventud.

Para efectos de esta entrevista su nombre es Andrés, quien estuvo involucrado en negocios de narcotráfico internacional y decidió llegar a un acuerdo con las autoridades estadounidenses. Varios colombianos están adelantando este tipo de arreglos y algunos ya están en la cárcel. La opinión pública se ha enterado de este tipo de negociaciones entre capos colombianos (medianos y grandes) a través de intermediarios como Baruch Vega, que para algunos resultan cinematográficas. La diferencia en esta historia es que por primera vez habla un acusado y ahora sentenciado por la justicia del Tío Sam.



Julio Sanchez Cristo: ¿Qué acusación hay contra usted en Estados Unidos?

A.: Conspiración para la importación de más de 150 kilos de cocaína.

J.S.C.: ¿Qué diferencia hay entre 150 kilos y una tonelada?

A.: Ninguna.

J.S.C.: ¿Cómo se explica que siendo usted colombiano, y la droga salga de Colombia, no haya cargos en Colombia contra usted?

A.: No toda la droga sale de Colombia. Yo nunca tuve delitos en Colombia. En Estados Unidos no nos juzgan por todo lo que hicimos sino por lo que nos lograron demostrar que habíamos hecho. De todas maneras, acá o allá, estamos pagando un castigo por nuestro delito, no buscamos impunidad, no nos pueden juzgar dos veces por el mismo delito o en dos países distintos.

J.S.C.: ¿Con quién se hace el arreglo, qué autoridad?

A.: Depende. Si su delito es posterior a diciembre del 97 usted ya es extraditable. Este es mi caso. El procedimiento es el siguiente: usted contrata un abogado, que localiza al fiscal de su caso y a los agentes de la agencia (DEA, FBI, etc.). Comienza el acercamiento y su fiscal puede definir si quiere o no hacer un negocio con usted. Posteriormente, si hay interés de parte y parte, usted se presenta voluntariamente y comienza el proceso. Para esto usted no tiene que pagar a nadie, sólo a su abogado.

J.S.C.: ¿A qué se compromete usted?

A.: 1. Parar de delinquir, entregar sus estructuras. 2. Esclarecer los hechos alrededor de su caso. 3. Entregar propiedades habidas con dinero del narcotráfico. 4. Cooperar con el gobierno norteamericano en lo que ellos soliciten. Este punto tiene infinidad de opciones según su caso, nivel de la persona y circunstancias alrededor del caso. Esta es la piedra angular de su arreglo. Entra a jugar su habilidad, su capacidad y las posibilidades que tenga a su mano para lograr ese objetivo. En este punto es en el que los que no saben dicen que es sapear, el que piense en eso más bien escriba un libro y quédese en su casa porque por eso no hay beneficios. Si fuera por hablar toda Colombia estaría presa y las cárceles norteamericanas vacías. 5. Lo más importante: tener una actitud honesta.

J.S.C.: ¿Qué le dan a cambio?

A.: El sistema jurídico norteamericano tiene una base de puntos llamada guide line. Según su delito y su participación tiene un puntaje y, por ende, una sentencia. Cuando usted se somete voluntariamente y acepta su responsabilidad tiene derecho a una rebaja de estos puntos y negociar los cargos. Si su cooperación es sustancial tiene lo que se llama la 5k1.1, y en ese momento su juez tiene la potestad de rebajarle del 1 al ciento por ciento de su condena. En mi caso fue del 60 por ciento de una pena de más de 25 años.

J.S.C.: ¿Si usted no hace este arreglo habría terminado extraditado?

A.: Claro. O fugitivo toda la vida.

J.S.C.: También cambia a su favor el lugar de reclusión, ¿la cárcel, la celda, las condiciones, cómo se comparan?

A.: Si no hay arreglo sigo en el nivel de máxima seguridad, aislado. Al hacer el arreglo soy preso común y corriente en una prisión de mínima seguridad.

J.S.C.: La gente piensa que todo esto se logra porque termina delatando peces más gordos que usted.

A.: Ese es un rumor callejero irresponsable del que la prensa amarillista se nutre para alimentar a las personas ignorantes sin calcular el daño que pueden hacer. Yo no tuve que delatar pez de ningún tamaño.

J.S.C.: ¿Qué piensa de Baruch Vega y lo que hacía?

A.: Desempeñó un papel importante y cumplió una buena labor por años. Tuvo dos errores, permitir que otras personas hicieran de su trabajo un negocio mezquino y no manejar el asunto con discreción, mordió el anzuelo de la prensa. Pero el solo no es el culpable, hubo celos y malentendidos entre las agencias norteamericanas.

J.S.C.: ¿Por qué no se logró convencer a los grandes capos de hacer un arreglo como el suyo?

A.: El proceso perdió la confianza. Pero no descarto que los grandes capos a los que usted se refiere, que son personas brillantes y no están ahí por casualidad, volverán a considerar la posibilidad.

J.S.C.: ¿Usted cree que esta sería una fórmula de desmontar el negocio o simplemente de que cambie de dueños?

A.: En ese momento histórico era posible el desmonte. Hoy existen únicamente tres personas en Colombia con el poder de convocatoria y liderazgo para lograrlo.

J.S.C.: ¿Quiénes son esas tres personas?

A.: La gente del gremio lo sabe. Ojalá lean esto.

J.S.C.: ¿Es cierto que a muchos de ustedes, vía Baruch Vega, los invitaron a Panamá y Estados Unidos con autoridades gringas para darles confianza?

A.: Fuimos a un país neutro para evaluar la viabilidad de la oferta.

J.S.C.: ¿Cuánto demoró todo su proceso de arreglo?

A.: Más de un año.

J.S.C.: Cuéntenos algo concreto que le tocó hacer durante este tiempo para ganar puntos.

A.: Coordiné el sometimiento voluntario de más de cinco personas en el transcurso de mi proceso. Cooperé con el gobierno en el esclarecimiento de todos los hechos alrededor de la supuesta corrupción de oficiales del gobierno norteamericano. Nunca existió tal corrupción.

J.S.C.: Natalia París contó en la televisión que a su esposo le había tocado pagar mucho dinero en su arreglo, ¿cuántos millones le costó a usted?

A.: Las esposas no siempre están al día de lo que hacen sus maridos. Al gobierno no se le paga. Pagué al intermediario. Uno es libre de pagarle a alguien porque le presenten a Julio Sánchez Cristo. De ahí en adelante es otra la historia.

J.S.C.: ¿Cuánto pagó?

A.: Millones.

J.S.C.: ¿Más de 10?

A.: No.

J.S.C.: ¿Un hombre profesional y educado como usted por qué termina en el narcotráfico?

A.: La historia es larga. Colombia hay que vivirla para entender que las opciones de supervivencia en un país carcomido por la corrupción y la deshonestidad política, la ignorancia social y los abusos de poder de los grupos en conflicto son mínimas. Se pueden tener 20 títulos pero no sirven para mantenerse con vida.

J.S.C.: ¿En qué momento toma la decisión de retirarse y por qué?

A.: Descubrí que tenía más que perder que ganar y entendí que el narcotráfico no es sólo un negocio sino una actitud ante la vida. No quería que mis hijos tuvieran esa opción de vida si puedo ofrecerles algo mejor.

J.S.C.: Si contra usted no hay cargos en Colombia, ¿para qué ir a una cárcel en Estados Unidos y por qué no perderse en Colombia u otro país?

A.: No quiero ser un fugitivo toda la vida. En Colombia también hay sometimientos y rebajas considerables. La diferencia es que allá no se llaman sapos sino personas admirables pero al salir continuarán con la cuenta pendiente aquí, aunque no sean extraditables, como el caso de Fabio Ochoa, eso es de por vida. Yo no quería eso.

J.S.C.: ¿De qué se arrepiente?

A.: De no haber parado a tiempo y cruzar la línea de no retorno. De haber criado cuervos que hoy me sacan los ojos.

J.S.C.: ¿Qué va a pasar con su vida... de preso?

A.: Trataré de disfrutar esa fase de mi vida y sacarle el mayor provecho posible. Estudiar leyes.

J.S.C.: ¿Cómo ha manejado este tema con su familia, mamá, esposa, hijos?

A.: Tengo una familia maravillosa, lo que sembré en el pasado lo estoy recogiendo con un apoyo incondicional a mi situación. Lo más duro fue explicarle a mi hija mayor que su papá iba para una universidad internado. Jamás olvidaré esa cara de dolor y esas lágrimas que le causé. Creo que ella tampoco lo olvidará.

J.S.C.: Usted ya sabe cómo va a ser su día mañana, ¿pero ya sabe cómo va a ser su primer día cuando quede libre? ¿Qué quiere hacer con su vida cuando salga?

A.: La vida no termina en una cárcel si es una condena humana. Hay que hacer este camino lo más corto y agradable posible. Quiero reconstruir mi vida con los pedazos que quedan.

J.S.C.: ¿Qué es más difícil, renunciar a la libertad o a todo el dinero que tenía?

A.: En este proceso se pierde más que la libertad y el dinero. Ahora estamos tratando de recuperar nuestra autoestima y el respeto de nuestra familia.

J.S.C.: Usted dijo admirar a Carlos Castaño, haber sido víctima del secuestro de la guerrilla, vivir en tiempos de Escobar, Pepes y conocer como la palma de la mano el bajo mundo… ¿Usted cree que se puede salir de ese círculo algún día?

A.: Ya salí. Estoy afuera y sin causarle daño a nadie. Es más, aun le agradezco muchas cosas a varios de ellos y les ayudaría si me necesitaran en este proceso.

J.S.C.: Si el narcotráfico fuera sin sangre, ni barbarie, como se ha vivido en Colombia, ¿usted se habría salido?

A.: No se puede soñar, así es el narcotráfico.

J.S.C.: ¿Cambiará su identidad después de la cárcel?

A.: No tengo motivo para hacerlo. Me ha costado mucho limpiar mi nombre para cambiarlo.

J.S.C.: ¿Trabajaría para la DEA?

A.: Es imposible, nunca dejaré de ser un ex narcotraficante, cargaré con eso toda mi vida.

J.S.C.: Una última pregunta, con todo respeto... ¿qué le va a decir a su esposa al oído cuando se despida de ella?

A.: Eres una mujer maravillosa, me has dado los momentos más felices de mi vida... muchas gracias por acompañarme en este proceso, y de aquí en adelante voy a necesitar más una amiga que una esposa... espero verte a la salida del túnel...
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