Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/03/25 00:00

CRIMEN Y CASTIGO

UN JALADOR DE CARROS PROFESIONAL SUMINISTRO LAS PISTAS QUE CONDUJERON A LA POLICIA A LA CAPTURA DE LOS ASESINOS DEL HIJO DEL GENERAL (R) RICARDO CIFUENTES.

CRIMEN Y CASTIGO

Alas tres de la tarde del pasado domingo 18 de febrero, un hombre llegó a la portería de la Escuela de Carabineros de la Policía, al norte de Bogotá, y preguntó por el general Luis Enrique Montenegro. "Dígale al general que él me conoce, que yo fui informante de él cuando trabajaba en la Dijin, y que tengo una información que le interesa sobre la muerte del hijo del general Cifuentes", le dijo el desconocido a un uniformado, quien corrió a dar el mensaje. Pocos minutos después, Montenegro se reunió con su extraño visitante. En una charla que no duró más de 10 minutos, el informante le dijo al subdirector de la Policía que él sabía quiénes habían matado al médico Germán Alberto Cifuentes y que podía, incluso, guiar a las autoridades hasta el lugar donde se refugiaba la banda de delincuentes comunes que había cometido el asesinato dos días atrás. "Eso sí general, en esto estamos dos personas y queremos cobrar la recompensa de los 100 millones". Montenegro respondió que debía hacer algunas consultas y le dijo que regresara en una hora. En ese tiempo, el oficial se comunicó con el director de la Policía, general Rosso José Serrano Cadena, quien se encontraba en Washington, y con el ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, quienes lo autorizaron para seguir las pistas que había anunciado el informante.Así, hacia las siete de la noche de ese domingo, Montenegro integró un equipo especial de 35 hombres provenientes de la Dijin, la Sijin y la Policía Antinarcóticos. El informante, un antiguo jalador de carros, fue efectivo. El lunes, guió a las patrullas secretas hasta cinco viviendas del sur de Bogotá, donde según él se escondían los homicidas. Esa noche acordaron que al día siguiente harían los allanamientos en forma simultánea.Así ocurrió. A las siete de la noche del martes los agentes secretos capturaron en el barrio Ciudad Roma a Carlos Alberto Arias Giraldo, propietario del automóvil Mazda 626 en que se movilizaron los homicidas la noche del crimen. Seis horas más tarde y luego de practicar una decena de allanamientos, los agentes detuvieron en el sector de Cazucá, en Bosa, al sur de Bogotá, a Alvaro Neira Díaz y al suboficial (r) del Ejército, John Francisco Cruz Romero. En la vivienda de este último fue hallado el revólver calibre 38 utilizado en el asesinato de Cifuentes.Tras su detención, Cruz, después de dar muchas vueltas, les dijo a las autoridades que nunca había matado a nadie y que le disparó a Cifuentes cuando vio que éste "mandó la mano derecha hacia abajo. Ahí yo me asusté. Era su vida o la mía. Si hubiera tenido intenciones de matarlo le habría hecho más disparos", dijo el homicida en el interrogatorio.La oportuna aparición del informante, que de paso se ganó la jugosa recompensa, contribuyó a despejar las especulaciones que surgieron tras el asesinato del hijo del general Ricardo Cifuentes, quien renunció al Ejército hace tres semanas después de afirmar que "el Presidente de la República no merece mi respaldo". Actitudes como la del hombre que se presentó en la casa del general Montenegro demuestran claramente que, como dice la propaganda de televisión "informar paga". Ahora habrá que esperar con optimismo la denominada 'Vacuna contra la Violencia', estrategia que será lanzada esta semana por el alcalde Antanas Mockus, y que busca frenar la paranoica acción de los violentos y desarmar los ánimos de la ciudadanía. Unos ánimos tan violentos y tan exaltados que en solo 72 horas produjeron la muerte de otros dos hijos de altos oficiales del Ejército y la Policía, el asesinato de un niño a manos de su propio padre y el ataque a bala contra un taxista y un menor de edad que se debate entre la vida y la muerte.

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