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| 12/2/2006 12:00:00 AM

Crisis en Navidad

El Palacio de Nariño se contagió del nerviosismo que producen las noticias de la para-política. Este diciembre no llegó, por ahora, con noches de paz.

Hay dos épocas del año que el presidente Uribe tiene bien marcadas en su calendario: Semana Santa y Navidad. Como gobernante y como político, Uribe analiza que estos son los momentos clave en los que las familias se reúnen y reflexionan sobre todo lo que les pasa, cuentan cómo ven el país, hablan del futuro y toman decisiones. Uribe piensa que en estas fechas es clave que los mensajes de su gobierno y de sus políticas sean contundentes.

Pero llegó diciembre y el tema que está en la mente de todos, la para-política, difícilmente podría cambiar. La pregunta más común por estos días es ¿qué está pasando y qué va a pasar , y por eso ha resultado extraño que hasta ahora el Presidente se haya percatado de que al lado de los regalitos del Niño Dios el escándalo se robará el show navideño.

Casi un mes después de que se inició el escándalo, hoy nadie define el momento como un tiempo de calma. Pero en la sede presidencial insisten en dar un parte de tranquilidad. Mientras afuera las decisiones de la Corte sacuden la opinión, los medios ventilan declaraciones y en el Capitolio se aceleran los corazones, en la Presidencia dicen que todo está muy cerca de una noche de paz. "Está pasando lo que tenía que pasar, asegura un miembro del círculo cercano del Presidente. Esto se sabía y el que fuera previsivo debió haber previsto que este momento llegaría", sentencia.

Al presidente Uribe poco a poco se le empieza a notar la preocupación. Esta semana salió a la radio a defender a su Canciller para atornillarla a su cargo, y para corregir a su Ministro del Interior. La maratón de entrevistas muestra que los tiempos de calma se le agotaron al primer mandatario. La semana que termina tuvo que intercalar las agendas de dos importantes viajes internacionales con reuniones para analizar la situación del escándalo de las que salieron decisiones como el traslado de los jefes paras desde La Ceja a una cárcel de máxima seguridad en Itagüí. La crisis que hace rato se coló en el Palacio, ahora sí hizo reaccionar al Ejecutivo.

La semana comenzó entre el entusiasmo y la preocupación. El domingo 26 de noviembre Uribe, su equipo y varios empresarios se montaron en el avión presidencial felices porque iban a firmar el TLC con Chile. Pero llevaban en sus manos el periódico El Tiempo que en primera página titulaba con las declaraciones del senador Miguel de la Espriella en las que confirmaba la existencia de un documento que habría sido firmado en 2001 por congresistas y, según él, por funcionarios del actual gobierno. De la Espriella respondía a una pregunta sobre el presidente Uribe con una frase ambigua que no le gustó a Uribe. Dijo que había cometido errores, pero que no estaba implicado en el asunto. Notificado de estas palabras, el Presidente llamó al senador. Le preguntó que si tenía algo que decir sobre alguna reunión que él, Álvaro Uribe, hubiera sostenido con los paramilitares. Ante la respuesta negativa del congresista, Uribe le dijo "pues salga y dígalo". Enseguida le preguntó los nombres de los funcionarios del gobierno que mencionaba en su entrevista. De la Espriella le mencionó entonces a Juan Carlos Ordosgoitia, por lo que Uribe entonces pidió comunicación con el director del Inco (hoy renunciado) para indagarlo por la afirmación. El funcionario alegó que tenía autorización del ex presidente Andrés Pastrana para ese contacto, por lo que la orden del presidente Uribe fue "salga y diga la verdad".

La visita a Chile, según asistentes, fue muy positiva. Uribe estuvo en la firma del TLC, montó a caballo, se reunió con empresarios, firmó autógrafos en el hotel, recibió el grado honoris causa de la Universidad Andrés Bello y terminó con las mejores relaciones con la presidenta socialista Michelle Bachelet. En el viaje, sin embargo, tuvo que dedicar tiempo a Colombia. En la mañana del martes llegaron a su suite en el hotel el embajador en Santiago, Jesús Vallejo Mejía, y su esposa, y con José Obdulio Gaviria y otros del equipo presidencial comentaron las últimas noticias de Colombia.

La canciller, María Consuelo Araújo, estaba con el Presidente. Ese día se enteró del llamado a indagatoria a su hermano, el senador Álvaro Araújo. Con el antecedente del respaldo a su Ministra, Uribe sólo le agregó que él debía responder y poner la cara y aconsejó que fuera solidaria con su hermano. La Ministra llegaba de Chile directo al debate que le tenían listo en el Congreso, por lo que aprovecharon el tiempo para preparar su defensa. Según la Casa de Nariño, los chilenos no estuvieron interesados en el escándalo de la para-política por lo que el tema se retomó hasta el miércoles a la llegada a Bogotá.

Al llegar a Palacio revisaron los temas que estaban sonando y de inmediato empezaron una reunión a la que asistían Luis Carlos Restrepo, comisionado para la Paz; Bernardo Moreno, secretario general; Alicia Arango, secretaria privada; Jorge Mario Eastman, asesor de comunicaciones, y los consejeros Fabio Valencia y José Obdulio Gaviria. Uribe preguntó "¿como es la cosa?". Le contaron que Ordosgoitia había negado tener autorización alguna para sus encuentros, por lo que fue llamado a Palacio y le solicitaron su renuncia. "Ordosgoitia, su padre fue conocido por mí, lamento mucho, pero debe irse, muchas gracias", dijo. Enseguida se sentó a redactar el comunicado en el que sentencia que cualquier persona de su gobierno que haya tenido reuniones no autorizadas con paras, debe irse. "Incluido él mismo, los ministros, la orden es para todos", asegura uno de sus asesores.

El jueves empezó con una llamada de la radio. El ministro Carlos Holguín, que ha sorprendido por su desparpajo para ratificar rumores y soltar sin muchas reservas planes del gobierno, dio unas declaraciones en las que dejó ver que al gobierno no le parece descabellada la idea de cerrar el Congreso, una de las especulaciones de estos días (ver artículo). El Presidente, informado de las declaraciones del Ministro, se encargó entonces de llamar a las emisoras para desmentir a su Ministro del Interior. Pero una vez en línea, habló de otros temas. Dijo que lo importante es que, pase lo que pase, el Congreso apruebe la agenda legislativa. Reiteró la tesis de la responsabilidad individual en los hechos relacionados. En la tarde de este mismo día, Uribe, con los cafeteros, volvió a referirse al tema: "Vamos a enfrentar esta dificultad política con toda la decisión, pero el gobierno no se puede llenar de nervios por las dificultades y abandonar la tarea. No. Aquí, entonces, si para seguir trabajando al mismo ritmo y mejor y atender la crisis política ya no hay que trabajar 16 horas sino 22, eso nos tocará hacer".

Pero las reuniones y las declaraciones de Uribe continuaron. Viajó a Medellín y allí, según dijo, le fueron informadas las muertes selectivas de desmovilizados y después, en la clausura del curso de altos estudios militares, advirtió que de comprobarse la autoría de los crímenes por parte de los jefes paras que permanecían en La Ceja, levantaría la suspensión de las extradiciones. Antes de terminar el día viajó a México para asistir a la posesión del presidente Felipe Calderón y desde allí, en la mañana del viernes, puso en ejecución la decisión de trasladar los de la sede social de La Ceja a una cárcel de seguridad.

Uribe reaccionó a la crisis. Así lo demuestra la intensidad de sus declaraciones y de las decisiones sobre el proceso con los paras. Empieza a romperse la calma de la que se hablaba en la Casa de Nariño y allí también empieza a crecer la ansiedad por saber qué está pasando y qué va a pasar. Quizá él también se lo pregunte en familia, junto al arbolito de Navidad.
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