Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/04/19 00:00

CUAL CAMBIO

Con los mismos vicios del pasado la Gran Alianza se quedará otra vez con las presidencias del <BR>Congreso.

CUAL CAMBIO

En política las cuentas valen más que las ganas. Y todas las cuentas apuntan hacia el hecho
de que los próximos presidentes de Senado y Cámara volverán a ser miembros de la llamada Gran Alianza o
personas que cuenten con el respaldo del movimiento político que llevó a la Presidencia a Andrés Pastrana. Al
parecer ese movimiento ocupará también los principales cargos directivos de las distintas comisiones del
Congreso. En esta ocasión, como ocurrió en la legislatura pasada, el ala oficialista del Partido Liberal, que
dirige Horacio Serpa, tendrá que seguir atravesando el extenso desierto burocrático al que ha sido sometido
por parte de los amigos del gobierno. La situación que se vivirá la próxima semana en el Congreso no es
nueva. Ya había sucedido el año pasado cuando resultó elegido Fabio Valencia como presidente del Senado.
De nada sirvieron los argumentos de los liberales oficialistas, quienes sostuvieron que por ser mayoría tenían
derecho a ocupar la presidencia de la corporación. A la postre los acuerdos de la Gran Alianza, en los que
participaron los llamados liberales colaboracionistas, representantes de sectores minoritarios,
independientes y el Partido Conservador, terminaron por imponerse dejando sin ningún chance a los
serpistas. En la Cámara ocurrió algo similar con la elección de Emilio Martínez, liberal de la Gran Alianza. En
esta ocasión todo parece indicar que la presidencia del Senado está escriturada para un liberal
colaboracionista. Hay tres candidatos con grandes opciones. Son Jaime Vargas, Miguel Pinedo y Vicente
Blel. Ellos hacen parte del 'bloque costeño', uno de los sectores más influyentes dentro del Parlamento.
Cuentan, además, con el respaldo de los directivos de la Gran Alianza. Las apuestas están a favor de
Vargas y Pinedo. En la Cámara de Representantes los más opcionados son los liberales colaboracionistas
Armando Pomárico y Francisco Canossa. Hasta el momento ninguno ha logrado consolidar una mayoría. En
caso de que no lleguen a un acuerdo entonces serán considerados otros nombres, como Santiago Castro,
Roberto Camacho y Dilia Estrada, todos ellos conservadores.
Peor el remedio
Pero más allá de la elección de los presidentes de Senado y Cámara lo que causa inquietud en un sector de la
opinión es la manera como se está llegando a esa escogencia. Como sucedía en el pasado, cada elección
está precedida por un complicado tejemaneje de acuerdos burocráticos, lo que quiere decir que casi 10 años
después de entrar en vigencia la nueva Constitución es muy poco lo que ha cambiado en el Congreso. Las
cosas han llegado a tal punto que, como dijo un parlamentario liberal colaboracionista que pidió reservar su
nombre, "a nosotros nos eligen con votos, los votos se consiguen con puestos y los puestos los entrega
el gobierno. ¿Entonces por qué tenemos que pelear con el dueño de la pelota?". No es gratuito por eso que
muchos analistas sostengan que el Congreso está perdiendo una oportunidad histórica para recuperar la
confianza de la opinión. Y que de paso se está llevando por delante la imagen del gobierno. Resulta difícil de
creer, según ellos, que una administración que ofreció el cambio, la lucha contra la corrupción y la
depuración de los vicios de la clase política como banderas para llegar al poder, termine patrocinando
prácticas clientelistas que no tienen nada que ver con sus ofertas de campaña. Aunque no se puede
desconocer que el gobierno necesita el respaldo del Congreso, sobre todo en momentos en que se anuncia
una serie de debates contra altos funcionarios, el costo político que tendría que pagar por fomentar este tipo
de vicios sería muy alto. El remedio podría resultar peor que la enfermedad.

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