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| 8/27/2011 12:00:00 AM

¿Cuál es la estrategia?

El alcalde Samuel Moreno y su hermano, el senador Iván, implicados en el carrusel de la contratación de Bogotá, se han dedicado a dilatar sus casos en la Fiscalía y la Procuraduría. ¿Para qué?

Hace dos semanas, al procurador Alejandro Ordóñez se le salió la piedra. Tras casi cinco meses de controversias provocadas por Jaime Araújo, defensor del senador Iván Moreno, el procurador acusó al abogado de "abusar del derecho" y dijo que convirtió el juicio disciplinario en un "sainete" y un "circo".

Y algo parecido ocurrió la semana pasada en el proceso que se le sigue al alcalde Samuel Moreno. El fiscal Ricardo González recordó que han pasado dos meses desde la primera audiencia que fue programada para imputarle cargos y no se ha podido llevar a cabo. "Hay una manifiesta intención dilatoria que la Fiscalía no puede tolerar", dijo. La molestia es tal que el juez anotó que "todo buen ciudadano debe acatar el llamado de los estrados judiciales", y se anunció que si Samuel no comparece el próximo 19 de septiembre, procederán con él como persona ausente.

Se presenta así una curiosa coincidencia en el manejo que los respectivos equipos de defensa de los dos hermanos Moreno, implicados en el carrusel de la contratación de Bogotá, les están dando a sus casos en la Procuraduría y en la Fiscalía. La estrategia de dilación ha sido evidente.

En el caso del exsenador Iván Moreno, el juicio en la Procuraduría debía comenzar el 4 de marzo y tras una guerra jurídica, que incluyó dos recusaciones y una tutela para evitar que el procurador Ordóñez liderara el proceso, el senador perdió la batalla, y el juicio por concusión comenzó finalmente en mayo.

A Iván, en ese entonces, curiosamente también le pasó lo mismo que a su hermano Samuel. En dos ocasiones pidió que aplazaran la audiencia por problemas de su abogado: la primera, porque el titular renunció y, la segunda, porque el reemplazo no conocía todavía bien el caso. Y esas no fueron las únicas maniobras. Cancelaron otra audiencia porque, según la defensa de Iván Moreno, se había convocado ilegalmente, y en otra más, el abogado Jaime Araújo, más que a defender al exsenador, se dedicó a atacar al procurador. "Si uno no está conforme con que la Corte Constitucional les dé derecho a los diversos sexuales, a las minorías, a la oposición, el camino es muy sencillo: renuncie", dijo hace unas semanas.

En el caso de Samuel, las cosas parecen ir por el mismo camino. La renuncia de su defensor, Carlos Arturo Gómez Pavajeau, le permitió sacarle el cuerpo a la audiencia de imputación durante dos meses. El 21 de junio, la fiscal Viviane Morales anunció que le imputaría cargos al alcalde por cuatro delitos (prevaricato por omisión, concusión, celebración de contratos sin requisitos legales y peculado por apropiación) y aún no ha podido hacerlo. La propia fiscal advirtió hace pocos días que no entendía por qué no se podía llevar a cabo la audiencia, pues el defensor "no tiene que conocer ningún expediente, esta es una diligencia informativa, no un juicio".

Los dos, Iván y Samuel Moreno, han demostrado un particular interés en evitar que sus procesos avancen con prontitud. Y lo han logrado, entre otras cosas, porque la ley se lo permite. Esa táctica, que utilizan no solo ellos sino también los abogados de muchos otros procesados en el país, es una de las mayores causantes de la congestión judicial.

¿Por qué lo hacen los hermanos Moreno? A primera vista, gracias a la demora, por ejemplo, Iván Moreno no perdió su curul -solo tuvo que dejarla a finales de abril, cuando la Corte Suprema ordenó su captura- y el alcalde Samuel Moreno no corre el riesgo aún de ser llevado a la cárcel, pues la fiscal anunció que pediría también medida de aseguramiento para él.

En el caso de Samuel, además, si llega a ser encarcelado, perdería definitivamente la esperanza de regresar a la Alcaldía. En este momento está suspendido por la Procuraduría y si de aquí al 3 de noviembre, cuando se cumple la prórroga de la suspensión, no ocurre nada con su caso en la Fiscalía, podría regresar al Palacio Liévano.

Pero también hay otras razones estratégicas para dilatar el avance del proceso. Para los Moreno, el tiempo es hoy uno de los bienes más preciados porque mientras más días pasen sin que sus casos avancen, ellos tendrán más herramientas para defenderse.

En primer lugar, para ellos es crucial cómo se resuelva el caso de los primos Nule. Y este proceso ha estado también lleno de minas explosivas en el camino. Como se sabe, el cuestionado cambio de fiscal del caso -de Germán Pabón a Ricardo González- produjo varios traumatismos. La demora es tal que la audiencia en que los Nule admitieron el delito de peculado se hizo hace ya casi cinco meses y aún no se ha podido llevar a cabo una nueva audiencia en la que el juez les diga a cuánto los condena.

Por otro lado, tampoco han avanzado significativamente las audiencias por los otros cuatro delitos (entre ellos cohecho), pues aún está en veremos si la Fiscalía les otorga o no principio de oportunidad. Esa decisión puede ser crucial para Samuel Moreno, pues si los Nule son 'perdonados', ellos podrían ofrecer información sobre esos casos a la Fiscalía, y si no son absueltos, lo más probable es que, para evitar que su condena sea más alta, en el juicio intenten demostrar su inocencia ocultando información.

En resumen, entre los casos de los hermanos Moreno y los primos Nule se está jugando un billar a tres bandas: los abogados de uno y otro lado piensan en sus estrategias jurídicas mirando a la vez lo que ocurre en el terreno del contrario.

Hay una segunda razón para que el senador Iván y el alcalde Samuel quieran dilatar sus procesos: que con el paso del tiempo avancen los juicios que hoy se están adelantando contra el excontralor de Bogotá Miguel Ángel Moralesrussi y la exdirectora del IDU Liliana Pardo. En ambos casos puede surgir información valiosa en contra, o a favor, de los Moreno que ellos pueden capitalizar en sus audiencias. Así que es mejor para ellos evitar cualquier sorpresa a mitad de camino y solo dejar fluir sus juicios cuando tengan ya claro todos los elementos probatorios que se pueden utilizar en su contra.

Y en tercer lugar, el paso del tiempo también les es útil a los hermanos Moreno para bajar un poco la temperatura de la opinión pública, que se manifestó indignada por los hallazgos de corrupción nunca antes vista en Bogotá.

Todavía no está claro cómo se va a resolver este juego de estrategia jurídica. Pero en últimas, deja mucho que desear que dos personas elegidas por el pueblo para tan altas dignidades, quienes además son nietos de presidente de la República y a quienes el país les ha dado tanto, estén haciendo maniobras para ponerle trabas a la aplicación de la justicia.
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