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| 7/31/2010 12:00:00 AM

¿Cuál era la magia?

El presidente Álvaro Uribe pasará a la historia por ser el líder del pueblo y el mago del 'estado de opinión'.

El país puede que no se ponga de acuerdo sobre cuál es el legado del presidente Álvaro Uribe, pero lo que no tiene ninguna discusión es que marcó la historia de Colombia con un dato concreto: ha sido el mandatario que más alto ha logrado mantenerse en las encuestas.

El tradicional lugar común del sol a las espaldas, con el cual se explicaba la caída de la popularidad de los presidentes después de la mitad de su mandato, no aplicó para Álvaro Uribe. Cuando arrancó, un 69 por ciento de los encuestados le daban una buena calificación, y en el último Gallup Poll cerró con 75 por ciento.

Pero lo que más ha sorprendido a la opinión pública no son tanto esos buenos resultados como el hecho de que en medio de las peores crisis políticas (los escándalos de 'falsos positivos', DMG, 'chuzadas' del DAS, Agro Ingreso Seguro y decretos de emergencia social) la buena imagen de Uribe se mantuvo intacta. Esos casos, que en otro país habrían tumbado al mandatario de turno, no hicieron mella alguna en su buena imagen.

Los analistas optaron por denominar ese milagro como el "efecto teflón". Y el Presidente, cuando se tomó confianza, comenzó a hablar del "estado de opinión".

¿Cómo logró Uribe mantener durante ocho años ese rating de estrella de rock? La explicación simple es que arrinconó a las Farc después de medio siglo de guerra, y que el PIB del país llegó a crecer 7,25 por ciento, algo que no se veía en los últimos 30 años. Y esos dos elementos, guerra y economía, tal y como lo han demostrado los estudios políticos más serios, son la clave del éxito de un gobernante.

Pero la realidad es más compleja. En primer lugar, Uribe logró un grado de sintonía con los colombianos nunca antes visto. Y tal vez difícil de repetir. Para lograrlo fue clave la coyuntura histórica de su elección. En ese entonces, al profundo desgaste de la negociación de Pastrana con las Farc se le sumó el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Se produjo el cambio más brusco de mentalidad en el mundo occidental, el terrorismo se erigió como el enemigo, y así como Bush decía en Estados Unidos que a los de Al Qaeda había que "hacerlos salir de sus agujeros", Álvaro Uribe no se quedaba atrás con las Farc en Colombia: "Nos estamos preparando para esculcarles sus madrigueras", decía.

El prestigioso lingüista George Lakoff hizo un extenso estudio sobre el tema y explica que estas son metáforas conceptuales -en donde lo moral está arriba y lo inmoral abajo- y que no hay nada más poderoso que un concepto como este, pues una vez se incrusta en el cerebro no se cambia fácilmente. Uribe comenzó a articular así un discurso en el cual había un "enemigo de la patria" y él se erigió como el llamado a salvarla. Gracias a esa visión mesiánica del poder, y a que les devolvió la confianza y la tranquilidad a los colombianos, se estableció una relación de dependencia casi paternal de la sociedad ante su nuevo líder.

En segundo lugar, en sus ocho años de gobierno, Álvaro Uribe hizo lo que ningún otro Presidente en la historia reciente de Colombia había hecho: decidió comunicarse de manera directa con el pueblo. Y para eso prácticamente se saltó -o instrumentalizó- a los dos más importantes mediadores entre él y el pueblo: el Congreso y los medios de comunicación.

En el caso del Congreso, lo hizo a través de los consejos comunales. El mismo Uribe iba semanalmente a las regiones a escuchar las necesidades de la gente y de una vez les resolvía personalmente sus problemas ante la aparente incapacidad de las instituciones. Los representantes a la Cámara quedaron sin piso político. Y en el caso de los medios masivos de comunicación, se caracterizó por no dar entrevistas a la prensa escrita, para evitar que lo editaran, y cuando hablaba con la radio y la televisión lo hacía la mayoría de las veces por decisión suya, porque necesitaba mandar un mensaje específico. Para Uribe los medios no eran para establecer un diálogo con los periodistas sobre los grandes temas del país, sino un instrumento para llegarle al pueblo con mensajes de alto contenido simbólico.

El fenómeno de Uribe podría encuadrar en la definición de populismo que ha venido ganando terreno en los últimos años. Según esta, el populismo es "una estrategia política gracias a la cual un líder personalista busca o ejerce el poder del gobierno basado en un apoyo directo, no mediado, no institucionalizado, de un gran número de seguidores, la mayoría de ellos no organizados".
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