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| 11/3/2012 12:00:00 AM

¿Cuál es el Plan de Petro para Bogotá?

La ciudad soñada por el alcalde Petro y delineada en su reforma del POT tiene edificios más altos y más suelo para vivienda social con mayores cargas a los constructores. Pero no se sabe qué tan viable es la apuesta.

La semana pasada, unas declaraciones del secretario de Planeación de Bogotá, Gerardo Ardila, en las que afirmaba que ya no habrá más barrios como Santa Ana –uno de los más exclusivos de la ciudad– y que se mezclaría el uso del suelo, causó escozor. No era para menos. Hubo quien pensó que los barrios residenciales se convertirían en plazas de mercado y compartirían su espacio con las ruidosas discotecas. Siendo el POT, Plan de Ordenamiento Territorial, la herramienta que define qué se puede construir y en dónde, la incertidumbre generada no era de poca monta.

Pero detrás de esta polémica se esconden interrogantes con consecuencias urbanas más permanentes en materia de vivienda, servicios y hasta las finanzas de la ciudad. ¿Qué traerá la reforma al POT que la administración distrital presentará al Concejo y cómo se inserta dentro del modelo de ciudad del alcalde Gustavo Petro? Ardila precisó a SEMANA que “los barrios tradicionales no van a tener de qué preocuparse; se va a permitir abrir una tienda, un café o una droguería”. Es decir, el POT, que los cabildantes comenzarán a discutir en enero entrante, permitirá esos otros usos distintos al residencial con la condición de que sean de bajo impacto.

De hecho, los barrios residenciales ya lo están haciendo. Poco a poco se han ido abriendo lavanderías, panaderías, tiendas y otros servicios en zonas que antes eran exclusivamente de vivienda. Lo nuevo, según el secretario, es que el POT propuesto lo va a regular, porque el actual no lo permite, y en muchos barrios quienes hacen uso comercial del suelo en zonas residenciales lo hacen ilegalmente. Las zonas donde están aglomerados usos del suelo de ‘alto impacto’, por ejemplo, la industrial o la rumbera, no se van a modificar ni se van a mezclar.

Regular la mezcla de los usos del suelo, según los urbanistas, tiene buena intención en la medida que proteja el comercio en pequeña escala y las relaciones que se tejen alrededor. En ciudades como París, por ejemplo, las tiendas de barrio están protegidas por reglas que impiden su desaparición ante al auge de los almacenes de grandes superficies. Además genera un tejido social fuerte entre los habitantes de una misma comunidad, la llamada ‘vida de barrio’. En conclusión, los habitantes de Santa Ana y de las demás zonas residenciales de la capital no tienen por qué alarmarse; su estado actual se mantiene.

Casas para los pobres

Otro de los puntos claves de la hoja de ruta para el ordenamiento de Bogotá es el estímulo de la construcción de vivienda de interés prioritario (VIP) para los más necesitados. Para lograrlo, la reforma obliga a los constructores a destinar un 20 por ciento del área que van a construir a casas para los más pobres. Los constructores deberán escoger entre tres posibilidades. La primera es destinar ese 20 por ciento de área en el mismo proyecto. No obstante, es improbable que un constructor destine la quinta parte de un proyecto de vivienda en una zona residencial de estrato alto a VIP, pues espantaría potenciales compradores. Sin embargo, también podrá destinar esa misma cantidad de suelo a otro proyecto, que puede ser de otro constructor y en otra parte de la ciudad. O también podrá pagarlo en dinero (según el valor del suelo) a un fondo del Distrito destinado a la construcción de vivienda VIP.

Ese requisito, según el gremio de la construcción, es desequilibrado y desestimula a los constructores. Se prevé, así mismo, un decrecimiento del sector en Bogotá. No obstante, para Ardila, quien reconoce que la medida va contra intereses de los privados, lo importante es que se va a liberar área para construir VIP y “poco a poco se creará conciencia de esa necesidad”.

Una de las preocupaciones del gobierno distrital es la falta de suelo. Para el gobierno de Petro hay que “crecer hacia arriba”. En ese sentido, la propuesta del POT incluyó una fórmula que busca estimular la construcción en vertical: eliminó el límite de altura en un área llamada el Centro Ampliado de la ciudad (la comprendida entre la calle primera y la calle 100, entre la Avenida Boyacá y la carrera Séptima). Sin embargo, la fórmula también incluye una regla que prevé que mientras más altos sean los edificios, más espacio público deberán destinar para parques, vías o equipamiento (colegios, centros de salud). Así, un edificio demasiado alto sería inviable porque no le alcanzaría el terreno para ceder un terreno para el espacio público.

En la misma vía de estimular la construcción vertical, el POT propuesto quita una restricción que impide cambiarle el uso del suelo a colegios o centros de salud, que son de ‘uso dotacional’. Esas zonas podrán combinar el uso del suelo, siempre y cuando conserven el área destinada para ese equipamiento. Así, por ejemplo, una constructora interesada en levantar un edificio en el área donde está un colegio que dejó de funcionar, podrá hacerlo, pero deberá construir un área semejante a la que tiene ese colegio y destinarla a cualquier uso dotacional (recreación, salud o educación, entre otras). La propuesta seguramente levantará ampolla, pues en la ciudad ha habido varias peleas jurídicas por la imposibilidad de vender los colegios para construir vivienda.

El proyecto de reforma también incluyó una medida para recuperar los edificios viejos. En caso de que los constructores quieran adecuarlos para hacerlos habitables, a la hora de sacar la licencia, no tendrían que ceder espacio público, como sí tendrán que hacerlo los edificios nuevos. “Vamos a aprovechar esas zonas subutilizadas. Si eso no estimula a los constructores, entonces no sé qué los va a persuadir”, dijo Ardila.

Petro ha dicho que la ciudad debe disminuir el impacto ambiental y adaptarse a los desafíos del cambio climático. En su justificación, la reforma resalta que la ciudad debe ordenarse respetando los nacimientos de aguas, los ríos, los humedales, entre otros ecosistemas. También justifica el uso de un modo férreo de transporte –que apenas está en proyecto– y acortar las distancias que recorren los habitantes de Bogotá entre su lugar de trabajo y su vivienda, como parte de la estrategia para reducir el uso indiscriminado de hidrocarburos. Aunque ese aspecto de la reforma está a tono con las discusiones importantes del mundo, la propuesta se queda corta, pues no define un uso de materiales ambientalmente amigables, ni introduce herramientas para el control del ruido, ni el uso de tecnologías para el alumbrado que reduzcan el impacto, entre otras, que debieron quedar esbozadas.

El proyecto de reforma al POT, según Ardila, busca consolidar la ‘ciudad compacta’. Para el gobierno distrital eso significa dejar de expandirse. Sin embargo, según los urbanistas, una ciudad compacta es la que permite que en un espacio reducido coexista la vivienda, el empleo, la educación y el acceso a servicios. ¿No será que todavía hace falta adecuar la infraestructura para suplir las necesidades de la gente?

El Distrito estaba en mora de presentar una reforma al POT, pues el vigente tiene ya 12 años. Parte del caos de Bogotá se debe a que la ciudad se comenzó a construir sin reglas claras de planeación lo que motivó un uso indiscriminado del suelo. En ese sentido, la reforma busca también simplificar la normatividad y hacerles la vida más fácil a los curadores. El problema es que la anarquía no solo se ha debido a la falta de reglas, sino a la dificultad para hacerlas cumplir.

Es inevitable que un modelo de ciudad como el que propone Petro se mire con recelo. Esto no se da porque no sea coherente, sino porque la gente no lo conoce. Las dudas no están en los fines con los que pocos están en desacuerdo. “El problema es que parece la versión personal del alcalde Petro sobre los problemas de la ciudad”, dijo a SEMANA el experto en gestión urbana Leonel Miranda. Ese aspecto entraña tal vez el escollo más grande que va a tener el debate, que arrancó la semana pasada, pues el alcalde no se ha caracterizado por tender puentes con los sectores privados ni por persuadir a sus gobernados de las ventajas de sus apuestas. De hecho, una importante proporción de los bogotanos no está convencida de su propuesta de ciudad, como lo muestran los sondeos de opinión. Falta ver si en este próximo debate capitalino, el alcalde logra seducir a los bogotanos. De lo contrario, el POT será un memorial de buenas intenciones.
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