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| 8/5/1996 12:00:00 AM

CUANDO EL RIO SUENA

Aunque el proyecto para sanear el río Bogotá está cerca de empezar, los capitalinos continúan debatiendo acerca de la viabilidad y la urgencia de la obra.

Los bogotanos ya parecen estar acostumbrados a tener que esperar varios años de discusiones técnicas y políticas antes de que la ciudad se embarque en cualquier megaproyecto. El caso del saneamiento del río Bogotá no es la excepción. La primera vez que se tocó el tema fue en 1907 y sólo hasta el 9 de septiembre de 1994 se adjudicó el contrato para la construcción de la primera fase de todo el proyecto. Aunque la noticia fue anunciada con bombos y platillos, desde ese mismo instante es mucha el agua sucia que le ha caído a la obra; y pese a que es casi un hecho que a finales de este año se dé inicio a la construcción -sólo falta la licencia ambiental que se otorgaría en menos de un mes- todavía son muchos sus detractores.Quienes están en contra del proyecto argumentan que todavía no se sabe a ciencia cierta si la mejor solución para descontaminar el río es la que se prevé. De acuerdo con un artículo sobre el tema del profesor Eugenio Giraldo, especialista en ingeniería ambiental, todavía no hay certeza de si la contaminación del río es lo suficientemente grande como para que amerite el sacrificio financiero que significa para la ciudad. Según el presupuesto de la obra, este sacrificio sería de alrededor de 10 millones de dólares durante 30 años, lo que representa casi la totalidad de los recursos que tiene el Distrito para asuntos ambientales. Según Giraldo, "el daño causado por la contaminación no es significativo. Lo que sí es significativo es el olor y la repugnable apariencia... Faltan más estudios serios y rigurosos sobre el río Bogotá y su efecto sobre el Magdalena". Ante este interrogante la respuesta de los defensores del proyecto es precisa. El ex alcalde Jaime Castro piensa que "el río Bogotá es el problema sanitario ambiental más grave que tiene el país y el resultado de los estudios contratados para analizar cuál es la mejor opción para descontaminarlo fue recomendar la construcción de tres plantas de tratamiento, en los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelito". En otras palabras, los partidarios de la obra creen que no hay que dar más plazos para otros estudios sino que se debe empezar a actuar de inmediato para solucionar el problema. Así también lo creen la mayoría de los dirigentes de los municipios de la hoya baja del río, quienes incluso han pensado en realizar una huelga e interponer una acción de tutela contra el Distrito Capital por el agua contaminada que reciben a causa de Bogotá (ver gráfico).Los reparos al proyecto, sin embargo, van más allá. Funcionarios de algunas de las entidades ante las cuales el consorcio que se ganó la licitación -Degémont y Lyonnaise Des Eaux- han solicitado créditos, piensan que es difícil que consigan la plata para financiar la obra. "Nosotros no vemos que haya un plan integral para descontaminar el río, sólo que hay plata para construir una planta, pero no se sabe si el Distrito puede en el futuro obtener los recursos para meterse en las otras dos", dijo uno de estos funcionarios. Lo que temen estas entidades es que Bogotá se quede sólo con una planta de tratamiento que a fin de cuentas solucionaría apenas el 27 por ciento de toda la carga contaminante que lanza Bogotá en el río. Para ellos sería necesario que además de esa planta se establecieran serios controles a las industrias contaminantes y que se garantizara desde ya que la ciudad estaría en la capacidad financiera de medírsele a la construcción de las otras dos plantas para descontaminar el río en su totalidad y no parcialmente.Estos argumentos lo que dejan ver es que en el tema del saneamiento del río Bogotá lo que hay es un debate entre tecnócratas, que creen que lo importante es empezar de una vez por todas a solucionar el problema, y ortodoxos, que prefieren aguardar a tener todos los estudios posibles para mirar cuál solución es la más viable.Quién tiene la razón es difícil decirlo. Pero lo que sí hay que tener en cuenta es que en un país subdesarrollado como Colombia es poco probable que a corto plazo la ciudad tenga los recursos necesarios para asegurar de una vez la construcción de las tres plantas. Es por esto que algunos conocedores del tema piensan que por algún lado hay que empezar. Además es necesario considerar que la licitación se la ganó un consorcio que se ha encargado del tratamiento de las aguas en más de 50 capitales en el mundo y que el Distrito ya tiene asegurada la financiación de la primera planta, que se pagará con el 7,5 por ciento del impuesto predial y del 2,6 por ciento del Fondo Nacional de Regalías. Se calcula que incluso cuando se termine de pagar quedará un saldo importante que podría ser el primer paso para la iniciación de la segunda planta.De todos modos hay consenso en que el saneamiento del río Bogotá es una necesidad que no debe quedarse en el papel, como el metro. Indiscutiblemente, si se logra finalizar el proyecto, mejorarían las condiciones sanitarias de las poblaciones ribereñas y se podrían lograr importantes desarrollos, tanto turísticos como agrícolas, en el occidente y sur de la capital. Es por esto que los partidarios de lanzarse al agua y empezar de una vez por todas la planta del río Salitre confían en que se den las circunstancias que permitan sacarla adelante y conseguir la plata para construir las otras dos.
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