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| 11/28/1994 12:00:00 AM

CUANDO EL VOTO PROTESTA

El domingo muchos colombianos apostaron a la incertidumbre de los candidatos antipolíticos y castigaron a los partidos tradicionales en Bogotá y buena parte de las capitales del país.

AUNQUE LAS ELECCIONES DEL 30 DE OCTUbre confirmaron la mayoría de las predicciones de las encuestas en el sentido de que el péndulo democrático iba a alejarse de los candidatos de los partidos tradicionales, las dimensiones de esa tendencia -en especial en las capitales- no dejaron de sorprender. Mientras en Bogotá, el profesor y matemático Antanas Mockus ganaba por un margen muy similar al previsto en los sondeos (64 por ciento contra 30 por ciento del aspirante oficial liberal, Enrique Peñalosa), el neurólogo y escanografista Edgar George barría en Barranquilla, el empresario independiente Guillermo Panizza se imponía en Cartagena, los sacerdotes Luis Alfonso León, Pauselino Camargo, Gustavo Suarez y Nicolás Gómez eran los más votados en Montería, Cucuta, Sogamoso y La Dorada, respectivamente. Incluso el triunfo del ex guerrillero Antonio Navarro en Pasto es un exito antipolítico. Y, otro tanto sucedía en Florencia, Riohacha, Armenia e Ibagué.

Hubo lugar además para algunos palos de cierto sabor antipolítico. En Bucaramanga, donde se preveía el triunfo del ex alcalde y ex senador Alberto Montoya, apoyado por lo más tradicional de la clase política liberal de Santander, este terminó derrotado por un dirigente liberal poco tradicional, Carlos Ibañez, un abogado de 44 años que se ganó el respaldo de la gente con una buena gerencia de las Empresas Públicas de la ciudad, y que fue apoyado sobre todo por grupos cívicos e independientes aparte de algunos dirigentes tradicionales.

Las banderas blancas de los candidatos cívicos e independientes, de los antipolíticos, quedaron así clavadas en numerosas capitales de departamento, amenazando con cambiar hacia el futuro el mapa político del país, tradicionalmente dominado por los partidos liberal y conservador. Cerca de 10 millones de habitantes -poco menos de una tercera parte del total de los colombianos- de Bogotá, Barranquilla, Cartagena, Montería, Pasto, Armenia, Florencia, Riohacha, Ibagué y Cúcuta van a ser gobernados durante los próximos tres años por alcaldes independientes, cívicos o resultado de coaliciones de claros tintes antipolíticos. A nivel de departamentos, los liberales y conservadores aguantaron mejor el embate, quizas porque el voto antipolítico -siendo más bien un voto de opinión- no ha ganado a nivel de medianos municipios y zonas rurales el terreno que ya ocupa en las ciudades.

A todo esto se sumó, principalmente en Bogotá, una importante abstención, mezcla de la fatiga de los votantes por ser la de este domingo la cuarta jornada electoral del año, con la decepción por la gestión administrativa de los gobernantes de los partidos tradicionales. En conclusión, la mayoría de la gente no votó, y la mayoría de la que sí lo hizo, votó por candidatos que de una u otra manera se opusieron a la clase política tradicional.

Pero aparte de llamarse cívicos o independientes y de haber sostenido un discurso antipolítico, estos candidatos ganadores no tienen mucho más en común. Entre ellos hay de todo, como en botica. Académicos, empresarios, ex guerrilleros, médicos y religiosos. Y detrás de sus candidaturas también hay una gama variada de intereses. Unos son resultado de alianzas independientes con el apoyo de algunos dirigentes disidentes de los partidos tradicionales, como es el caso de Mockus en Bogotá y de George en Barranquilla. Otros son menos claros. Hay candidatos acusados de estar respaldados por narcotraficantes y paramilitares, como en algunos casos del Magdalena Medio. Los hay tambien claramente apoyados por la guerrilla, como en varios lugares del Norte de Santander y el sur de Bolívar.

Y es que el mal momento de los partidos tradicionales en materia de alcaldías no dio paso el domingo pasado en todos los casos, a aspirantes antipolíticos limpios. También le abrió el camino a toda clase de oportunistas montados en la actividad de frentes guerrilleros rurales y milicias populares urbanas, y a testaferros del narcotráfico y el paramilitarismo. Todo ello en el marco de un sancocho ideológico difícil de esclarecer.

En ese sentido, lo que hicieron los votantes fue abrir una caja de Pandora cuyo contenido nadie conoce aun. No sólo en los casos de los candidatos bajo sospecha de tener vínculos con la guerrilla, el paramilitarismo o el narcotráfico. También en los de origen claro, como Antanas Mockus (ver artículo siguiente) hay incertidumbre. Pero tal y como lo señaló Enrique Santos Calderón en su columna de este domingo en El Tiempo: "El retroceso de cierta dirigencia política tradicional es culpa suya. No es gratuito el espontáneo y generalizado rechazo que hoy despierta en la comunidad. Obedece a una acumulada trayectoria de venalidad e ineptitud que termina por saturar a la gente, que busca entonces otras opciones: filósofos, curas, empresarios... Lo que sea con tal de que no simbolice al político de siempre". Los tres años por venir dirán si este voto de protesta, aparte de castigar a los políticos de siempre, ayudó a las ciudades y a algunos departamentos a salir adelante, y si en virtud de sus resultados, esta tendencia se consolida o queda reducida apenas a una anecdota histórica.
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