Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 2013/08/31 02:00

Cuando los gobernantes se eligen sin votos

Los comicios para gobernador en Caldas demuestran una nueva realidad: las elecciones atípicas permiten llegar al poder con votaciones mínimas. ¿Qué hacer?

Cuando los gobernantes se eligen sin votos

Si la democracia es el arte de elegir y ser elegido por las mayorías, podría decirse que en muchas de las 616 elecciones atípicas realizadas en Colombia en las últimas dos décadas, ese principio no aplicó. Esa es la conclusión a la que se llega cuando se mira con lupa lo que está pasando en las elecciones de gobernadores y alcaldes, que se programan cuando los titulares fallecen, renuncian, no se posesionan o son destituidos.


En el periodo de gobierno 2008-2011 se realizaron 69 elecciones atípicas, mientras que en el actual (2012-2015) ya van 26. De estas, más de la mitad fue un fiasco en participación de ciudadanos, salvo algunas excepciones como la de Santana, Boyacá, donde votó el 69 por ciento.

Para no ir muy lejos, basta con mencionar casos recientes como las votaciones atípicas para gobernadores en Caldas, Huila, Valle y la de la Alcaldía en Cartagena, donde el abstencionismo rondó el 70 por ciento. 


Por ejemplo, hoy los caldenses están felices porque después de 40 años de hegemonía, le pusieron el freno a la coalición yepo-barquista, y lograron elegir a un candidato por fuera de ese pacto. Pero la verdad es que no hay mucho que celebrar, no solo porque el candidato que ganó, que se llama Julián Gutiérrez, proviene de las entrañas de esas mismas maquinarias, sino porque su victoria fue validada por apenas el 13,9 por ciento de los votantes que tiene el departamento.


Algo similar ocurrió en Huila, donde sus pobladores eligieron nuevo gobernador el pasado 14 de abril. Carlos Iriarte fue el escogido, pero llegó al cargo sin apoyos que le permitan sacar pecho, ya que solo obtuvo el 16,3 por ciento de respaldo. Y eso que era el único candidato en la contienda, apoyado por una coalición de partidos del departamento y por seguidores de la destituida gobernadora Cielo González.


Pero el caso más preocupante ocurrió en el Valle, donde eligieron como gobernador, en julio de 2012, al conservador Ubeimar Delgado con tan solo el 8,3 por ciento de los votos. En ese departamento hay más de 3 millones de personas aptas para votar y a Delgado lo eligieron apenas 262.000. 


La más reciente elección atípica para alcalde se efectuó en Cartagena el pasado 14 de julio. Dionisio Vélez ganó con 96.783 votos, es decir el 14 por ciento del potencial electoral y la abstención en esa jornada fue del 71 por ciento. ¿Por qué tanta apatía?


La ley dice que ante la ausencia absoluta de un mandatario, faltando mínimo 18 meses para completar el periodo para el cual fue elegido, debe convocarse a nuevas elecciones. Si falta menos, otro miembro de su partido asume el mandato. En teoría, con las elecciones atípicas lo que se busca es fortalecer la democracia, pero en la práctica, lo que está ocurriendo en muchos casos es que llegan al poder mandatarios sin votos y por ende con déficit de gobernabilidad.


Expertos aseguran que esas elecciones no son tan interesantes para los políticos, porque el mandatario que llega “se topa con presupuestos atados a planes de desarrollo que no puede modificar y nóminas amarradas”, argumentó el politólogo Fernando Giraldo.


Otro de los problemas que tienen en cuenta los partidos a la hora de jalarle o no a una elección atípica son los gastos de campaña, “de ahí que en la mayoría de los casos el candidato ganador es producto de una gran alianza. Nadie quiere invertir para un periodo atípico”, argumentó Alejandra Barrios, de la Misión de Observación Electoral, MOE.


Ella cree que la solución no está en aumentar la participación de votantes, sino en evitar las elecciones atípicas y para ello propone que “los partidos que avalen a los destituidos se les prohíba sacar candidato propio en la próxima contienda”.


El problema preocupa hasta en el Congreso y hace unos meses se revivió una propuesta que en 2011 presentó el senador Armando Benedetti, que consiste en una segunda vuelta para elecciones de alcaldes y gobernadores ordinarias, pero que también aplicaría para las atípicas. “Necesitamos candidatos con legitimidad, fuertes en sus partidos y con un amplio respaldo entre los electores”, dijo en su momento el congresista.


Lo grave del asunto es que por ahora no se vislumbra una solución inmediata y salomónica que le ponga fin al preocupante espectáculo de ver en el poder a gobernantes sin votos.

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